Recordado por muchos por haber sido partícipe en la Expedición Botánica y presidente del Virreinato de la Nueva Granada, Jorge Tadeo Lozano tiene hoy a su nombre una universidad privada, de la cual hago parte como estudiante. Investigando, supe que fue uno de los hombres más importantes e influyentes en la Independencia de Colombia, pues su experiencia académica, militar y política, le permitieron a nuestro País conseguir la tan anhelada Independencia de la corona española. “Tadeo Lozano fue un sujeto clave en los movimientos independistas suramericanos”, me dijo uno de mis profesores de historia.
Elkin Rubiano, es sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha sido profesor de teorías de la comunicación en las universidades Externado y Javeriana y actualmente es profesor asociado de tiempo completo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en el área de teoría estética. Su conocimiento sobre Tadeo Lozano es muy completo, pues durante mucho tiempo estudió su vida y obra.
Para él, “Jorge Tadeo Lozano fue uno de los personajes más importantes e intelectuales de la época de la independencia, nació el 30 de enero de 1.771, en el seno de una de las pocas familias de la Nueva Granada, cuyo padre tenía un título nobiliario, el Marqués de San Jorge”, me dice casi como recitando un texto de biografía histórica.
Más adelante, me cuenta que Lozano representó los intereses de una élite de criollos atraída por la ciencia y por tratar de realizar el proyecto de la Ilustración europea en toda América Latina. “Su fijación en esa materia era evidente, lo desvelaba esa idea de traer los principios y filosofías de la Ilustración”, sentencia sin tomar aire.
“Estudió literatura, filosofía y medicina en el Colegio Mayor del Rosario, pero finalmente optó por la carrera militar, la cual terminó en España, en donde recibió el grado de capitán peleando contra los franceses”, me dice ahora en referencia a su condición académica, me dijo también que fue un estudioso y un consumado intelectual toda su vida, razón por la cual también estudió química, entre 1792 y 1793, en Madrid.
En este contexto, la ciencia cobró gran importancia en el Nuevo Reino de Granada entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Los intelectuales criollos jugaron un papel clave en el descubrimiento y estudio del hábitat local posibilitado en gran parte por la Real Expedición Botánica en la Nueva Granada; en ésta, “le fue asignado a Jorge Tadeo Lozano el proyecto zoológico, consistente en la colección, dibujo, descripción y clasificación, costumbres, duración y propiedades de la fauna del Virreinato”, me dice Elkin mirando un libro de fotografías e ilustraciones de la Expedición Botánica.
Entre sus obras científicas más destacadas, según el libro Historia del Periodismo en Colombia, están: Memoria sobre las serpientes y plan de observaciones para aclarar la historia natural de las que habitan en el Nuevo Reino de Granada, y para cerciorarse de los verdaderos remedios capaces de favorecer a los que han sido mordidos por las venenosas; Fragmento de una obra titulada: Fauna cundinamarquesa, o descripción de los animales del Nuevo Reino de Granada.
Es así que con los hechos del 20 de julio de 1810, Lozano se encamina hacia la política aceptando el cargo de presidente del Colegio Electoral Constituyente, cargo durante el cual redactó la primera Constitución de carácter liberal que tuvo Cundinamarca como Estado en 1811.
Después de su elección, “Lozano dedicó todo su tiempo a las funciones presidenciales dejando de lado los trabajos de carácter científico. No obstante, el trabajo realizado durante La Expedición Botánica, sus cátedras de Química y Mineralogía, así como la fundación del periódico Correo curioso, erudito, económico y mercantil de Santafé de Bogotá, es un legado que indica el cambio de mentalidad de las élites criollas en el contexto de la Independencia”, me concluye el profesor Rubiano mirándome a los ojos.
Ese fue Jorge Tadeo Lozano, el hombre y el prócer que da origen a mi Universidad, la misma que me permitió contar ahora esta historia.
Fotos: Luz Marín Peña
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