----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----

 Por Daniella Sánchez Russo                  

  Dale, loco

Haciendo la fila para el concierto empezó a caer una lluvia incesante, de esas a las que están habituados los capitalinos y a las que como costeña no estoy acostumbrada todavía. Caía una lluvia que sólo pude justificar en el momento en que entré al Campín y escuché al loco de Fito, por primera vez. Recuerdo el concierto perfectamente. Empezó por un juego de voces e instrumentos que aunque no memoraban alguna canción específica del cantante, daban paso a una emoción de un público fiel que me atrevo a asegurar estará presente casa vez que el argentino toque tierra colombiana.

Y sí, aunque las últimas discografías de Fito no han sido las mejores, en el toque de este argentino pude presenciar que su esencia se conserva y que su público, ahora reducido, aún lo aclama. ¿Cómo olvidar canciones como Ciudad de pobres corazones, Mariposa Technicolor o Rey sol?

Desde 1980 Fito Paez está llenando al mundo con su música, presentando una discografía de más de doce álbumes con un repertorio lleno de sonoridad e imaginación. Dentro de sus canciones podemos encontrar ritmos que van desde el tango hasta el rock, desde baladas suaves hasta ritmos brasileros. Es un loco de pies a cabeza, de esos sujetos que quieren dejar huella permanente en individuos que se identifiquen con su ideología: libertad y amor; libertad y juventud de pensamiento; libertad y crecimiento personal.

Sin embargo, aunque este loco que parece llevar un piano entre sus brazos nos ha llenado de tantas emociones, la crítica lo devora con el argumento de no estar produciendo música de la misma calidad que en los años de su juventud. Probablemente no lo esté haciendo, probablemente sus letras están cansadas y su ritmo ha tendido a la repetición. No obstante, no se puede olvidar lo que nos ha dejado en el transcurso de su carrera. No hay que olvidar ese recogimiento que ha tenido de espacios como “Buenos Aires o Madrid”, el encuentro con las ciudades que ha amado, las locas que ha adorado, los desacuerdos que ha tenido con la política y los sistemas económicos, y cómo finalmente plasma estas historias entre música y letras.

En el concierto del pasado trece de diciembre lo demostró perfectamente: su ingenio como cantautor sigue ahí, su voz y su energía se conservan. Durante el toque, el loco dedicó la mayor parte del tiempo a su viejo repertorio. Las canciones que dedicó a sus nuevos discos Rodolfo y El mundo cabe en una canción fueron pocas, las necesarias. Supongo que él también comprende que está cansado y que tal vez sus letras y su música, aunque todavía tengan cosas que decir, no saben ya cómo decirlo.

Hay personajes que es mejor recordar desde lo que alguna vez fueron, hay personajes que simplemente no se pueden contemplar desde el sistema de permanente producción en el que vivimos. Fito no es un producto, es un loco que aún deja su alma en el escenario cada vez que toca. Triste ahora que la lluvia que moje a los seguidores del loco ya no valga la pena. Más triste aún que culpen al loco de falta de creatividad cuando hay tantos ritmos nuevos que se escuchan, completamente, iguales entre sí. Yo sigo con vos Fito, como en tu canción Instantáneas.

Foto:  http://www.jaloubob.com.ar/wp-content/uploads//2008/09/fito-paez.jpg

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