----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----

EL SKATEBOARDING RECLAMA POR UN ESPACIO DIGNO EN BOGOTÁ

Para los estudiantes universitarios no es algo desconocido que las instituciones a las que pertenecen se vean representadas en el ámbito deportivo, por distintas escuadras que participan en torneos y competencias oficiales. Equipos de fútbol, voleibol y baloncesto, se preparan arduamente para afrontar certámenes en los que aspiran a ser el grupo de mejor rendimiento entre las decenas de aspirantes que se inscriben para adjudicarse el título. En lo que tiene que ver con el deporte universitario, esta parece ser la única cara.

Sin embargo, existe otra disciplina que está mucho más cerca de los jóvenes transeúntes que caminan alrededor de las plantas universitarias; algunos que corren afanosos por no perder el parcial y otros que salen del centro educativo con sensación de alivio y con ganas de una cerveza para eliminar el estrés. Esa otra disciplina, que no está catalogada oficialmente como un deporte, es el Skateboarding, mejor conocido como “Tabla”.

Es común ver a diario a jóvenes montados en sus patinetas, esquivando automóviles y busetas para no perder el impulso al descender por una de las calles bogotanas. Tampoco es extraño verlos discutiendo con vigilantes de seguridad privada, que prefieren impedir que estos muchachos practiquen sobre los muros de los edificios que estar pendientes de que a la vuelta de la esquina un atracador haga de las suyas.

No es un deporte, no es una actividad físico atlética plenamente considerada porque, por lo menos en nuestra sociedad, está vista más como una tendencia de jóvenes rebeldes que lo que quieren es desfogar sus ánimos de irreverencia sobre sus tablas rodantes. No obstante, quienes practican este pseudo deporte urbano, saben que tras ensayar y practicar uno y mil trucos, sus frentes y sus ropas quedan humedecidas por el sudor, por el cansancio que genera llevar a cabo esta disciplina que para ellos no consiste precisamente en incomodar al resto de conservadores y rectos ciudadanos.     

Una muestra de rectitud auténtica la haría más bien quien pensara en ofrecer a este grupo de skaters, un lugar definido en el que pudieran ejercer su deporte, –puesto que para ellos realmente es eso, un deporte- sin estar pensando en que tienen que realizar rápidamente su maniobra antes de que llegue el celador a espantarlos con su furioso perro.

No estaría de más solicitar, por ejemplo, al Instituto Distrital de Recreación y Deporte, a que, así como se encarga de construir parques y polideportivos alrededor de la ciudad, pensara en gestionar la ubicación de un SKATEPARK público, tal como existen en Los Ángeles o en Río de Janeiro. Así ofrecerían un lugar apropiado para la diversión de este numeroso grupo de jóvenes, y, de paso, evitarían las constantes quejas de los vecinos que ven con malos ojos las acrobacias sobre las patinetas que esta gente realiza por las vías y los andenes de la ciudad.   

De igual manera, las propias universidades deberían potenciar este tipo de prácticas en sus alumnos. Es cierto que los deportes extremos implican un mayor riesgo de sufrir lesiones y accidentes físicos que los deportes tradicionales, pero finalmente son sólo eso, fracturas y heridas menores. –o por lo menos, hasta ahora no se ha conocido el primer caso de alguien que haya fallecido intentando un truco sobre una tabla-. Si desde la academia se pretende formar personas que ayuden a construir sociedades pluralistas, abiertas ante las expresiones culturales y la diversidad, sería consecuente que las mismas instituciones colaboraran impulsando disciplinas como el Skateboarding, que en definitiva también son eso, muestras peculiares de cultura urbana, con una serie de signos y de concepciones muy particulares, paralelamente al ejercicio físico como tal.

Como joven comprometido con el ambiente y con la integridad de los ciudadanos, veo con mejores ojos que las calles estén llenas de patinetas y no que continúe la proliferación de automóviles por las vías bogotanas, que en definitiva son los causantes de que la elevada contaminación y que los accidentes verdaderamente delicados estén a la orden del día.

Por: Camilo Escobar
Redactor El Taller Digital

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