----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----
CINE

 

Guerras, narcos y humor, entre, la realidad y la ficción

El cine y la televisión, desde sus inicios, han sido los espacios más apropiados para llevar la realidad de un país a una plataforma, en donde esos contextos se combinan perfectamente con la ficción. La capacidad que tienen para capturar públicos de forma masiva los han convertido en los medios más utilizados para realizar este tipo de productos.

En Colombia, por ejemplo, nuestros directores nos han acostumbrado a ver historias que se han caracterizado por describir, casi literalmente, las vidas de narcotraficantes, guerrillas, políticos y comunidades marginales, entre otras. Parece ser que estamos condenados a que esos productos sean el pan de cada día de esos directores. Dejaron otros temas en el olvido. Ignoraron contenidos que, tal vez, hubieran dado la posibilidad a los espectadores de tener una visión, no sólo amplia, sino diferente sobre la realidad de nuestro país.

Desde los años 80', hasta inicios del siglo XXI, los colombianos (y otras partes del mundo), fuimos invadidos por numerosas historias sobre drogas, secuestros, guerras y, de pronto, un poco de humor. No teníamos la posibilidad de ver otra cosa. Claro, no pretendíamos hacer una fiel copia del cine norteamericano. Pero sí rogábamos para que esos directores, o los nuevos, se dieran cuenta de que hacía falta exportar otras historias al mundo.

Nos estaba haciendo daño que el público extranjero sólo conociera el cine colombiano por esta clase de contenidos. Exigíamos que ellos tuvieran otra imagen de nuestro país, pero la producción de estas películas hacía que ese reclamo fuera injustificado e ignorado. La única posibilidad diferente que teníamos para disfrutar algo distinto eran las comedias. El humor en Colombia también ha sido gran protagonista en estos medios audiovisuales. Sin embargo, sentíamos que no estaba completo, que hacían falta otras cosas. Y, es que, ¿cómo no aprovechar esa multiculturalidad de nuestra gente para plasmarla en una pantalla? Pero no, los directores estaban sesgados, destinándose, única y exclusivamente, a contar tragedias.

 No obstante, en este comienzo del nuevo siglo parece que las cosas están cambiando. Los nuevos directores, sobre todo jóvenes, salen de la academia con una perspectiva diferente. Ellos son los encargados de reivindicarse con las otras realidades de nuestro país. A ellos, es a quienes se les ha otorgado recibir esas exigencias que hicimos durante mucho tiempo. Tal vez por su juventud y sus ganas de querer ser originales en el cine, se preocupan por descongestionar las tradicionales y duras opiniones del público.

De su imaginación han surgido grandiosas ideas que, merecidamente, han sido premiadas en importantes festivales. Películas como River Side (de Harold Trompetero), Al final del espectro (de Juan Felipe Orozco), Soñar no atesta nada (de Rodrigo Triana), Los viajes del Viento (de Ciro Guerra) son productos que ofrecieron al público colombiano y extranjero diferentes perspectivas de nuestro cine. Estas películas son ese antídoto a ese ensimismado panorama de los directores que hacían cine en nuestro país.

No sabemos cómo definir nuestra industria cinematográfica. Son tantas las historias que podrían realizarse que, si tuviéramos todos los medios de Hollywood, seríamos uno de los principales escenarios para las mejores producciones.

 

Por: Míller Germán Castañeda Díaz – Estudiante de Comunicación Social – UJTL

Foto tomada de: http://www.rgs.gov.co/img_upload/4f1b0641197ace3eb9c1ee7b0174e074/cinecolombiano2004.jpg


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