Según la calidad de la información que ofrezcan, los medios mejoran o adulteran la manera de pensar de una sociedad. El asunto es que frente a la evolución de los medios y sus responsabilidades sociales, el comunicador social y periodista debe hacer gala de una riqueza y actitud morales, de independencia irreductible y de libertad creativa. Más que limitarse a buscar únicamente el dinero o la fama, o decidirse por el camino que ofrezca en caso de conflicto, son personas que consideran sus responsabilidades y las consecuencias de su trabajo.
Como se ve, estas iniciativas se centran en el poder estratégico de la conciencia moral, que a la manera de un código mental cultivado o un código moral interior permite que el comunicador se mantenga en el centro de la misión de buscar siempre la verdad.
Lo importante es descubrir que amén de una sólida estructura ética, un buen periodista debe esgrimir capacidades que se construyen en escenarios variados.
En ese sentido, los procesos de formación de comunicadores deben estar orientados a:
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Personalizar en lo posible la orientación, entendiendo que cada individuo es un único, como lo es su manera de abordar el conocimiento. Un individuo puede tener dificultades para desarrollar un pensamiento matemático, pero a través de la música o las destrezas introspectivas, puede hacer, inclusive, mejores apropiaciones de crecimiento.
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Enfocar la educación en el aula hacia la libertaria capacidad creativa de los individuos, lo cual llevaría de paso a abandonar los esquemas rígidos que operacionalizan las estructuras informativas, que no son efectivas por el esquema sino por la manera como transmiten el contenido y logran las reacciones. Esto, necesariamente, llevaría a construir un sistema educativo que enfatice en los más disciplinados y en los más talentosos.
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Entender que la educación, intrínseca e inevitablemente, es una cuestión de valores y objetivos humanos. No es posible ni siquiera empezar a desarrollar un nuevo sistema educativo en periodismo, sino se tienen presentes las aptitudes y los conocimientos que se valoran y la clase de personas que se pretende formar.
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Enseñar menos periodismo desde el periodismo. Vincular a la formación la determinante mirada de las humanidades, la literatura y el idioma español. Estos referentes son los que hacen de los periodistas profesionales sólidos y trascendentes.
Lo otro es una lección para los propios educandos, acostumbrados como están, a producir para el profesor o para una materia específica: cuenta la anécdota que un muchacho fastidioso se acercó en varias ocasiones al escritor Julio Cortázar, con el ruego de que le enseñara a escribir. Para quitárselo de encima, Cortázar le sugirió que se encerrara durante un año en una habitación sin escribir una sola sílaba. Al año el muchacho se lo encuentra y le da un parte de victoria. Si duraste un año sin escribir –le dijo el escritor- tienes que dedicarte a otra cosa.
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