----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----
COLOMBIA, INFIERNO PARADISÍACO
Por: Viviana Peretti
Fotógrafa profesional de nacionalidad italiana.
Premio CNN 2003

Cuándo llegué a este país, hace más de cinco años, un amigo recién conocido me regaló un libro de sus poesías. En la dedicatoria escribió: “Bienvenida al Infierno Paradisíaco”. De momento quedé sorprendida. No conocía Colombia y era la primera vez que pisaba las calles de una capital latinoamericana. Y qué capital, Bogotá, con toda su violencia pero también su encanto. Sólo mucho tiempo y muchos viajes después de aquel primer encuentro, entendí el sentido profundo de la dedicatoria.

Un mundo donde todo es posible y el único esfuerzo por hacer es dejarse arrastrar y sorprender. Trepar los Andes colombianos y gozarse el espectáculo de un país que a pesar de todo, a pesar de una guerra que dura ha durado más de cuarenta años, sigue girando a toda velocidad.
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Una tierra llena de esperanzas, poblada por eternos románticos, si los miras desde adentro, y por locos desesperados, si los miras desde afuera con los prejuicios propios de todo país desarrollado. Un Paraíso para quién ama escribir con la luz. Las fotos salen por sí solas. Basta abandonarse al encanto de esta tierra sin reglas donde todo, y lo contrario de todo, puede pasar y donde da la impresión de estar casi suspendidos en un tiempo fuera del tiempo, ajeno a la ansiedad propia de Occidente.

Más que un país, en efecto, se trata de una serie de regiones muy diferentes que casi por casualidad comparten la misma bandera. Tal vez en esto consiste el hechizo colombiano: sus muchas almas que sorprenden. No es fácil clasificarlas y la mayoría de las veces uno se queda sorprendido frente a las contradicciones de un país que es al mismo tiempo cielo y tierra, luz y oscuridad, racionalidad y locura, paz y violencia, Paraíso e Infierno. O, como decía mi amigo, Infierno Paradisíaco.

Y mientras miras todo esto por fin entiendes el realismo mágico de García Márquez. Aquí la realidad supera con mucho la imaginación y toda Colombia es un Macondo loco y sorprendente, donde se sigue viviendo como siempre se hizo. Con una especie de movimiento lento, en perfecta armonía con la naturaleza que acompaña y guía a los colombianos en el largo y sorprendente viaje que es la vida. Y aquí entendieron que tal vez es mejor tomarla con filosofía y amor. Mejor una sonrisa que muchas amarguras, mejor una caricia que una bofetada, mejor la música que el silencio… Un himno a la felicidad por un país que muchos consideran condenado, pero no la mayoría de sus habitantes que no entenderían una vida lejos de ese verde Infierno Paradisíaco.

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