----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----

La miseria humana es convertida en show para generar audiencia. 

Desde que “Nada más que la verdad” salió al aire, han llovido miles de críticas que han empezado a caer sobre el canal Caracol. 
Las confesiones que hacen los participantes acerca de su vida privada, han levantado ampolla entre un numeroso grupo de televidentes, que consideran que el canal se vale de la necesidad económica y del pasado oscuro de sus participantes para generar audiencia. 
Caracol afirma que el programa invita, sobre todo, a la reflexión. Porque la verdad, según ellos, se convirtió en  una realidad aceptada. 

No entiendo hasta que punto este programa se pueda pensar como una reflexión. Confesar que alguna vez se ha sostenido una relación homosexual o considerar que la marihuana ayuda a tener un mejor desempeño en el trabajo no es precisamente una verdad que libere a las personas de sus culpas. 

Más bien estas verdades podrían afectar o comprometer seriamente sus trabajos, su vida familiar y personal. No se puede negar que como formato sea innovador  y que esta bien producido, además de contar un con un presentador reconocido en el medio y muy respetado.

Pero la clave del éxito de este programa es el morbo. Porque a todos nos encanta comparar y criticar; decir “si yo fuera el no haría eso”. Nos gusta ver a  los demás en situaciones críticas, tristes y esto es precisamente lo que “Nada más que la verdad” logra. 
Con la llegada de los realities actores, artistas y personas del común hacen lo que sea  para ganar dinero. Y aunque se afirma que hay dos tipos de concursantes, “aquellos que creen que vale  la pena ser honestos y otros que han cargado durante mucho tiempo con una mentira y quieren liberarse de ella”.

La única verdad es que la necesidad y la oportunidad de ganar millones son el principal motivador de las personas para participar en este programa. 

Si yo necesito liberarme de alguna verdad, no es necesario hacerlo frente a 40 millones de colombianos. A menos que exista dinero, lo cual me garantice que la humillación vale la pena.
Como en el caso de “Laura en América”. Donde la desgracia enriquece el raiting de un canal. En este caso lo único que cambia es el presentador, porque el fin es exactamente el mismo. 
 
 
Por: Alejandra Franco Abad. Estudiante de Comunicación Social UJTL

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