----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----

TRANSPORTE

Ojo con la ciudad 

ACCIDENTALIDAD VIAL
Emergencia sanitaria y tragedia  familiar 

El pasado mes  de  agosto la señora Ana Beatriz Molina salía de su casa a llevar a sus nietos al colegio, sin saber que la avenida por la que había pasado tantas veces  le tenía una nefasta sorpresa.

Aproximadamente a las  7 de la mañana, una buseta llena de pasajeros, como están normalmente los buses  de servicio público  a  esa hora  en cualquier lugar de Bogotá, la  arrolló,  causándole  heridas  graves  en su cabeza, lo que la llevó a  permanecer  8 días  en cuidados intensivos y, posteriormente, murió al no soportar un infarto cerebral. 

Una duda  que me surge  a raíz  de este  incidente es ¿qué control hay por parte de las  autoridades respectivas  ante un problema tan grave  como es la  accidentalidad vial? ¿La  culpa  es realmente del peatón imprudente o del conductor irresponsable? ¿La negligencia  de los conductores ante hechos tan graves se debe a la impunidad y al tratamiento que  se les da  a los responsables? ¿Un seguro de vida es la única  respuesta para la tragedia que viven  los familiares ante la muerte de  su ser  querido? ¿Es  justo que, ante un accidente vial, la única  solución sea asignar un valor cuantitativo al  sufrimiento humano, y no juzgar a los verdaderos culpables? 

La accidentalidad vial representa una tragedia interminable. Es una  de las  principales  causas de mortalidad en la población de Colombia. Es tan complicada  la situación, que  esto ya  se nos  está convirtiendo en una emergencia sanitaria  y las  autoridades correspondientes  deben  encontrar una  respuesta.

Cada día miles  de personas pierden la vida  en carreteras de todo el mundo sin ninguna  distinción: niños, adultos, adultos mayores que se dirigen a  algún destino y emprenden viajes largos, ya que nunca volverán a casa, dejando familias  destrozadas.

En algunos países se han implementado algunas intervenciones de gran eficacia: Aplicar la legislación para controlar la velocidad  y  el uso de alcohol; el uso de cinturón de seguridad y de cascos, y un diseño y un uso más  seguro de la vía pública. 

La seguridad vial no es accidental: requiere una gran voluntad pública y la  intervención y  actividad concertada de diferentes sectores y de las autoridades competentes. Por ello es bueno que el gobierno y los demás  habitantes de la  ciudad, el país y    el mundo  entero asumamos y tomemos conciencia  de  este problema que, más  de ser una emergencia sanitaria, es una gran tragedia para una familia.

Esto es una  contribución al esfuerzo de quienes, hayamos  sufrido o no un drama personal, hemos decidido hacer algo para cesar con estas perdidas que pueden evitarse.

Por: Paola Pulido, Estudiante de Comunicación Social - UJTL
Foto: www.metro.com.co

 

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