----------- Edición N° 14 - ---- Bogotá, D.C. - Colombia - Sur América - ----

 

Por Sebastián Portilla

¡Con 10.000 no alcanza!

 “Si no van a consumir más, me desocupan la mesa, por favor”, mesero del bar “la roca” en el restrepo.

Sábado  8:00 p.m. La noche descendía sobre Bogotá, acompañada del frio como es costumbre. El cielo lucía particularmente iluminado por un centenar de estrellas que permitían imaginarse cientos de ojos expectantes a cualquier error o vigilantes a cualquier improvisto. Caminé hacia la Avenida Boyacá, cerca a la fábrica de Bavaria al sur de la Capital, en búsqueda de un bus que me lleve a Tunjuelito, barrio donde vive mi novia, debido a que ella me va a acompañar al Restrepo, lugar donde decidimos ir a rumbear por sus supuestos precios económicos.   

En 1.000 pesos me llevó el bus, gracias a que regatee el precio. De 45 a 50 minutos me gasté en llegar y unos 20 minutos más mientras la esperaba. En mi cabeza hacia cuentas una y otra vez intentando cuadrar un presupuesto exacto: 5.000 pesos del taxi de vuelta, 2.000 de la cerveza y otros 2.000 por si las moscas. Pero, ¿sólo una cerveza?, y ¿si el taxi cobra más? o ¿si la cerveza vale más? y ¿los cigarrillos? Estas y otras preguntas me asaltaban mientras daba vueltas y vueltas a unas cifras que, presentía, no cuadrarían nunca.     
9:00 p.m. Al salir Nathaly, mi novia, me preguntó cómo íbamos a llegar al Restrepo: ¿nos vamos caminando o cogemos bus o TransMilenio? Fueron sus palabras con un tono suave debido al frio pero asumo también que por la preocupación de estar ligados a un presupuesto tan reducido. Saqué una tarjeta de TransMilenio con un pasaje y ella hizo lo mismo, así que nos dirigimos a la estación del Socorro que queda a dos cuadras de su casa. Abordamos el B 14 o B 74 y nos bajamos en la del Restrepo que queda a unos 10 minutos, aproximadamente. Caminamos unas tres cuadras al norte, y bajamos unas dos, y de inmediato el ruido y las luces nos transportaron a otro ambiente.
9:30 p.m. La gente caminaba a lado y lado de la acera, los carros ya no cabían en los parqueaderos así que se parqueaban donde hubiera espacio y donde no se viera policía cerca. Avisos de neón se levantaban a donde se volteara, música de todo tipo se escuchaba a medida que caminábamos, policías haciendo redadas de seguridad, borrachos dando tumbos, jóvenes animados reunidos en grandes grupos, personas comiendo en los pocos puestos de comida rápida que hay en la zona, un panorama bastante congestionado, tanto en lo visual y auditivo como para el olfato, ya que mil olores entraban en mi nariz a la vez.
10:00 p.m. Mis pies me duelen un poco, ya que hemos estado buscando el bar “La Roca”, lugar al que mi novia había venido antes con su familia. Cuando al fin lo encontramos, un hombre se nos acerca y nos invita a pasar, ofreciéndonos un muy buen servicio, trago barato, buena música, mesa y cosas por el estilo. Al entrar nos encontramos con mesas por todos lados con colores naranja, azul y blanco, con sofás pequeños en forma de L con tapicería de caucho y una mesa pequeña, previamente alistada con servilletas. Al fondo del salón, frente a la entrada, estaba ubicada una pantalla donde se transmite videos de VH1, en la mitad del bar, recostada al lado izquierdo, se ubicaba la pista de baile y a su lado la cabina del DJ.
Nos ubicaron en una mesa cerca a la pista de baile, de inmediato el mesero nos preguntó qué queríamos tomar, pregunté por cerveza, porque sabía de antemano que ni para media botella de aguardiente me alcanzaba. Él me respondió que había de dos precios, la pequeña de 2.000 pesos y la grande de 5.000, obviamente pedí la de 2.000 por aquello del presupuesto, el mesero se retiró por un instante, pero luego volvió y me dijo que no había de 2.000. De inmediato mi cara cambió de un gesto normal a uno de preocupación, según me cuenta mi novia luego de esta experiencia.
 Le dije al mesero que trajera la de 5.000 pesos, pero lo hice por el único motivo de consumir algo y no quedar como un “chichipato” o un “codero”, desde ese momento me di cuenta que era imposible salir a rumbear con 10.000, por el simple hecho que el transporte exige que se ahorre al máximo y por lo tanto cualquier consumo se ve reducido drásticamente.
“¿Van a consumir algo más?...Si no van a consumir más, me desocupan la mesa, por favor…Porque la necesitamos para otras personas”, así de seca fue la respuesta que me dio el mesero del bar “La Roca”, con un cierto tono de inconformismo y tal vez rabia.
11:00 p.m. Luego de esa pequeña conversación con el mesero, no me quedaban ganas de quedarme en ese bar, ni a mí ni a mi novia. Así que decidimos salir del lugar de forma inmediata, sin dar gracias ni nada, luego estuvimos caminando por la zona, me fumé un cigarrillo y decidimos entrar a un bar.
 “Justo hoy me dan permiso para salir, yo no quiero llegar a mi casa ya, entremos a otro lado, total ya sabemos que no te alcanza con 10.000, pues vamos y rumbeamos bien sin preocuparnos por la plata tanto”, me respondió Nathaly, cuando le cuestioné sobre qué íbamos a hacer.
“La tienda de los arrieros” creo que era el nombre del bar, al igual que en el anterior un hombre nos invita a seguir prometiendo buen trago, buena rumba, buen ambiente e incluso, en voz baja, me ofrecieron “buenas niñas”, palabras textuales, en caso que me aburriera con mi compañera, cosa que me causo gracia y que luego le comenté a Natha.    
“La tienda” es un lugar bastante amplio, con cerca de 30 mesas ubicadas en todo lado, con la pista de baile ubicada en todo el centro del lugar. La barra estaba a mano derecha y una esfera de espejos al mejor estilo de los 70´s en el techo de la pista, lo cual contrastaba con el resto de la decoración del lugar ya que está saturada de elementos típicos de la región, como una silla de montar, sombreros antioqueños, carrieles, ponchos, entre otras cosas.
Los precios del trago oscilaban entre los 4.000 pesos, valor de una cerveza grande, y  los 300.000 aproximadamente, valor de una botella de Sello Negro. Pedimos un par de cervezas  ya que el presupuesto lo habíamos excedido y una vez entrado en gastos. A decir verdad, yo sabía de antemano que con 10.000 pesos sería prácticamente imposible rumbear y mucho menos si iba acompañado de mi novia.
Domingo 12:00 a.m. El ambiente era mucho mejor que el de “La Roca”, se podía ver gente de todo tipo, la mayoría de las mesas tenían grandes “Jirafas” de cerveza, que costaban 30.000 pesos. La pista de baile estaba llena, gente de todas las edades permitidas se movían al ritmo de diversas pistas de música, desde salsa hasta música norteña.
“Ustedes nos podrían cuidar las maletas mientras bailamos”, fue lo que le dije a una pareja que rodeaba los 50 años que estaba en la mesa de al lado, que nos miraron extrañados, seguramente porque nadie les había hecho esa petición antes, pero igual aceptaron.
Luego de unos 10 minutos de baile volvimos a la mesa, les dimos las gracias a la pareja y nos tomamos un par de vasos de cerveza. Un detalle que me pareció curioso fue el letrero en los baños para indicar el sexo de las personas: Meones y Meonas. Para algunos algo vulgar y tosco para otros un tanto cómico.
12:30 a.m. El DJ pone pausa a la música, toma el micrófono y anuncia el show de medianoche, un invitado especial, el señor Oscar Allende, un cantante de música popular que estaba promocionando su voz y su arte, si se lo quiere llamar así, a través de este show. Ahora bien, cabe aclarar que, por lo menos yo, jamás había escuchado de este personaje, ni de su música y nada. 
El hombre interpretó un par de canciones de Giovanny Ayala y otro par de Jhonny Rivera. Otro hecho curioso se presentó en medio de la interpretación  del señor Allende, cuando de la nada una pareja se animó a bailar en medio de la solitaria pista, justo al lado del cantante, obviamente, como se podrán imaginar estaban un poco pasados de copas.      
1:00 a.m. Se acercaba la hora de irnos, debido a que los padres de Nathaly le dieron permiso hasta la 2:00 de la madrugada, así que nos acabamos las cervezas, eso sí, sin bailar un poco más. Dentro de la pista de baile se podía ver diversos tipos de pareja, tanto los que no bailaban más allá de su propio metro cuadrado, hasta los que empujaban a otros para abrirse campo.
2:00 a.m. Salimos del lugar con satisfacción del servicio, pagamos mil pesos que nos costó guardar las maletas en la barra, debido a que la pareja que nos hizo el favor antes se había retirado hacia bastante rato. Salimos del lugar y de frente nos encontramos con la policía que se preparaba para hacer una redada en el bar de al lado. El frío seguía presente en todo lado, sólo que por ser horas de la madrugada, se aumentó de forma radical al punto de hacer que el aire caliente que sale de la boca se congele y se pueda ver como vapor.
Tomamos un taxi que nos llevó en 10 minutos a la casa de Tunjuelito, nos cobró 6.000 pesos, nos acostamos y hasta allí llegó mi aventura. Ahora bien, como el eje central era salir a rumbear con 10.000 pesos, cosa que fue imposible lograr, por lo menos debo decir que no me gasté más de 20.000.

 
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