Un chance que sólo se nos presenta cada 4 años, donde lo único que tenemos que hacer es salir a las urnas y votar por los candidatos de nuestra preferencia para los respectivos cargos. Un momento donde tenemos el derecho de decidir quiénes van a redactar y a discutir las diferentes leyes que nos regirán, una ocasión única de elegir a los congresistas que nos representarán en los altos estamentos gubernamentales. Una oportunidad que desaprovechamos.
10:00 a.m. Un sol “melgareño” azota a Bogotá, el calor se acumula en las calles, líneas rojas se dibujan tenuemente en los rostros de los capitalinos, los pies comienzan a sentir un ardor poco común para un capitalino acostumbrado al clima frio. En el horizonte que mis ojos ven, se observa soledad y poco o nada se escucha alrededor del barrio. Mientras voy acercándome a mi puesto de votación en el barrio Villa Alsacia, observo que la calle está cerrada para el paso vehicular. Cerca de 10 policías entre agentes y auxiliares vigilan el puesto y sus alrededores, este lugar está ubicado al lado de la iglesia del barrio, la cual se encuentra llena de feligreses, cosa que contrasta con el puesto de votación que está prácticamente vacío. Al parecer, en Colombia, misa mata elecciones.
A la entrada están 8 listas de las cedulas que están inscritas en el puesto, entre tanto número, es claro que uno se pierde, conmigo eran 7 personas mirando las listas fijamente, inspeccionándolas en búsqueda del número de identificación de cada quien. 2 jóvenes, 4 adultos y un anciano, conformaban este grupo de curiosos que buscan ejercer su derecho democrático. La entrada fue sencilla, simplemente presentar la cédula y una pequeña requisa por parte del auxiliar; el panorama al entrar fue menos impactante, más desilusionador y un preámbulo anticipado de cómo sería la jornada electoral.
10:30 a.m. 13 mesas de votaciones dispuestas a manera de semicírculo alrededor de un salón de cerca de 8mts x 10mts. En el centro los cubículos de cartón de cuatro caras adornan el panorama, además de las mesas y sus jurados; en cuanto al electorado no superaba las 15 personas cuando entré. Al votar, el proceso fue fácil, me acerqué a la mesa con un poco de expectación, tres personas estaban en ella. Uno de ellos recibió mi documento y lo buscó en una lista, al encontrarlo lo subrayó y le pasó la cédula a un segundo, quien llenó unos datos en una planilla y me pidió la huella. Luego me entregaron los respectivos tarjetones y me dirigí al cubículo más cercano. Una vez hecho mi elección, volví a la mesa, deposité los tarjetones, recogí mi documento y salí del lugar.
Fue como una inyección contra la gripa, toda esa expectativa, nerviosismo, mariposas en el estómago y demás, se convierten en pérdida de tiempo al momento de aguantar el dolor por la simple razón que no hay dolor. Yo pensaba que mi primera experiencia electoral sería algo más compleja y gratificante, pero fue un proceso rápido y poco significativo como experiencia personal.
11:00 a.m. Pero lejos de decepcionarme por ello, quise averiguar si mi experiencia se repetiría en otros, así que me dirigí a la Plaza de Bolívar, que es uno de los puntos más importantes de votación en Bogotá. Algo curioso fue el tráfico, inclusive para un domingo, el 14 de marzo es el día que menos vehículos he visto en las calles sin que sea día sea el de sin carro, incluso los buses de servicio público eran escasos. Cerca de 7 personas iban en el bus cuando me monté y en menos de 30 minutos llegué a la 19 con Séptima, trayecto que, desde mi barrio en la Av. Boyacá, entre calles 13 y Av. Las Américas, me demoro, en promedio, cerca de 40 a 45 minutos.
Las calles eran caminos solitarios, semejantes a los de los pueblos, donde el poco comercio que funcionaba, trabajaba a media marcha. Casi nadie caminaba, pocos carros circulando y una ciudad desdibujada se levantaba ante mis ojos. Me bajo del bus en la Av. 19 y camino por la Séptima: el centro siempre se ha caracterizado por ser una zona de constante flujo de personas y vehículos, pero hoy se ve como una calle de algún barrio tranquilo de la Capital, donde los vehículos apenas si aparecen y las personas caminan de manera despreocupada y fragmentada.
11:30 a.m. A medida que me acerco a la Plaza de Bolívar el flujo de gente aumenta considerablemente, por mi mente cruza la idea que pronto me encontraré con una fila eterna para acceder a la plaza y que ya dentro de ella, podré ver cientos y cientos de personas agrupadas y prestas para votar, pero nuevamente me equivoco. La entrada a la plaza estaba bloqueada desde la calle 11, unas vallas de contención, 5 policías y 3 soldados del ejército custodiaban la entrada. Entrada por la derecha, salida por la izquierda, todo muy organizado como es habitual, pero mi asombro se disparó al entrar a la plaza y ver que, a groso modo y tal vez exagerando, había unas 300 a 400 personas en toda la plaza.
Habían más personas en la plaza mirando las aves y alimentándolas que gente en los puestos de votación; un momento de reflexión sobre la situación arrojó en mí la siguiente conclusión: si las palomas pudieran votar, la Plaza de Bolívar sería el puesto más congestionado de Colombia.
Eso si tengo que decir que en la plaza se resaltaba la gran presencia de medios de comunicación y organismos de seguridad; el desfile comenzaba con RCN radio y televisión, Caracol radio y televisión, CityTv, Cable Noticias, Todelar radio, entre otros medios independientes y consolidados. Por parte de la seguridad se veía Policía, Ejército, Bomberos, Defensa Civil, paramédicos de diferentes instituciones y demás entes encargados de la seguridad.
12:00 m “…la verdad esperaba un poco más de gente, no veo mucha afluencia de votantes” es lo que me comentaba uno de los pocos visitantes del puesto de votación central en la Capital. Y no solo fue él, Arcadio Ramírez Galeano, observador oficial delegado por la MOE (Misión de Observación Electoral), me comenta que la concurrencia de la de gente es regular, que a comparación de otros años en los que él ha estado con la MOE, la jornada de este día ha brillado por su ausentismo.
La gente con la que hablaba en búsqueda de impresiones frente a la jornada tenía un común denominador en su discurso, a todos se le notaba un malestar a la hora de hablar del nivel de gente que estaba ejerciendo su derecho al voto. Dos jurados de votación que lamentablemente no me suministraron sus nombres, coincidían conmigo al ver que la gente no iba a votar, que el nivel de votación durante el día había sido, para ser la Plaza de Bolívar, excepcionalmente bajo.
Una pregunta rondaba mi cabeza constantemente: ¿cuál era la razón para que, en una jornada tan significativa como esta, la gente no participe? Pregunté a cada persona con la que me entrevisté, tratando de obtener las razones para la poca asistencia de gente y entre las respuestas surgió un factor concluyente, “la gente no le cree ya en los políticos”, la confianza del electorado está debilitada considerablemente luego de los diferentes escándalos que se presentan en este circo que llamamos política.
Pero cómo pedirles a las personas algo diferente si las cifras lo demuestran, más de 100 congresistas investigados por diferentes casos de corrupción antecede estas elecciones. Y como si fuera poco, ahora a los actores, comediantes y demás personajes, que estoy seguro que saben de política lo que yo sé de carpintería, se postulan para cargos donde se necesita gente educada en la materia. ¿Cómo pretender que la gente tome en serio estos procesos electorales si los mismos se convierten en una pasarela de farándula y corrupción?
Ahora entiendo que, de cerca de casi 30 millones de personas habilitadas para votas, solo 13 millones lo hubieran hecho, cifra oficial que suministró el registrador nacional, Carlos Ariel Sánchez.
12:30 m Continuando con mi recorrido, llegué a el puesto de votación frente al Museo del Oro, y aunque el puesto es relativamente pequeño, cerca de 30 mesas, y que Cesar Augusto Sierra, delegado de la Registraduría, me decía que el movimiento de personas ha sido bueno y continuo, pero lo que yo vi y percibí durante el tiempo que estuve en el puesto, fue todo lo contrario, poca gente votando, eso sí, mucha seguridad.
“Muy concurrida…pero falta mucha información para las personas…la gente llega muy perdida y no sabe como ubicarse” es lo que me decía Juan Manuel Suarez, representante de la MOE.
Decidí seguir mi camino en búsqueda de un poco más de actividad política, pero al estar escasos los buses para Corferias, mi siguiente parada, decidí caminar un poco con la esperanza de encontrar un centro más movido de lo que vi al llegar. Y no me equivoqué mucho, la actividad comenzaba a aumentar, caminaba entre una respetable cantidad de personas, el comercio era más activo, pero los vehículos no se veían por ningún lado.
Al llegar al centro internacional, cerca de la 1:00 p.m., la situación empezaba a cambiar, encontré un escenario diferente al que vi en el centro; un trancón monumental y ríos de personas que iban y venían hacían parte ahora de este panorama, en menos de 15 mts de recorrido, el bus en el que ahora venía se llenó por completo, pero el trancón era tal que no avanzaba mucho.
1:00 p.m. Me bajé del bus y comencé a caminar. Desde la Av. Las Américas por los alrededores del barrio Takay, el corredor de la derecha que limita con el andén estaba cerrado por las mismas vallas de la policía que había en el centro. La gente caminaba mientras los carros intentaban salir a rutas menos congestionadas, grupos de animosos promotores políticos se agrupaban a lo largo del recorrido hasta la Av. Esperanza; personas de todos los partidos políticos, apoyando e invitando a votar a los diversos candidatos, en resumidas cuentas todo el proselitismo político que no observé en el centro.
El número de personas que se dirigían a Corferias era importante, durante el trayecto pude notar dos puestos de información de la Registraduría General, establecidos para que las personas pudieran consultar si su número de cédula estaba inscrito en este punto de votación, por consiguiente, se apreciaba gran cantidad de personas en búsqueda de esta información.
Al llegar a la entrada principal el aumento de basura política, panfletos, volantes, papeles y demás publicidad relacionada, invadía la Av. Esperanza. Una cuadra antes de la esquina de Corferias, frente al Acueducto, la Policía había montado unas vallas para formar unas entradas al punto de votación; mujeres por la derecha y hombres por la izquierda era el orden de entrada, requisas y consultas con el documento de identidad eran los requisitos para entrar.
Una vez adentro, mi expectativa de ver ríos de gente se cayó, sé que Corferias es grande, pero también sé que es el punto principal de votación en Bogotá y para ser un punto vital para estas elecciones había muy poca gente.
1:30 p.m. Mientras me tomaba una pausa para descansar de la larga jornada que había tenido, comencé a analizar a las personas que se encontraban en este punto de la ciudad. Familias enteras, papá, mamá, hijos, tíos, abuelos, primos, incluso hasta el perro de la casa, salían a este lugar de la ciudad, desconozco si lo hacían para votar, o simplemente para compartir un domingo en familia.
Miles de situaciones diferentes se veían, desde las personas totalmente perdidas que no entendían lo que pasaba en este momento, pasando por conflictos familiares en torno a quién se quedaba con los niños mientras el otro votaba, hasta las personas que ya salían de Corferias luego de cumplir con su derecho.
El almacén Olímpica frente a Corferias estaba lleno de gente, y según mi parecer, los administrativos de este supermercado no desaprovecharon la oportunidad de aumentar sus ingresos, ya que múltiples ofertas en comidas y bebidas eran promovidas a todo volumen a los transeúntes. Incluso varias camisetas de Santa Fe y Millonarios se vieron pasar por el puesto de votación, ¿será que el color es un indicio de la tendencia política?
2:00 p.m. Entré a Corferias para mirar cómo está el ambiente electoral y logré entrevistar a Sandra Forero, vigía de la Procuraduría Nacional, que me comentó que en este punto la entrada de publicidad política era importante y que no había control por parte de la Policía, además me comentó que el flujo de personas ha sido importante pero no como se esperaba para unas elecciones como estas, “…solo el 30 o 40% de las personas han venido”, según me dijo.
“Primero la gente ya no cree en los partidos y mucho gente viene porque les dijeron que votaran…Muchos no vienen porque no están convencidos que esto es verdad y que van a elegir a los gobernantes y representantes del país”, decía Sandra Forero frente a las razones por las que las personas no vienen.
Cuando le pregunté sobre los problemas de falta de información para el elector, sobre las múltiples confusiones que se habían venido comentado en los medios, Sandra me explicó que gran parte del problema es de la gente que no se informa antes de venir, pues cree que por ser Corferias el punto central, no necesitan tener inscrita la cédula para poder votar, cosa que no es del todo cierta.
El nivel de gente que se encontraba en Corferias era importante, pero repito para ser una jornada electoral vital para el país y para ser el punto central de votación en la ciudad, el electorado era muy poco. Y me surge una inquietud, tanto que nos quejamos por el congreso y los niveles de corrupción que allí se presentan, tanto que decimos que el gobierno no hace nada, tanto que criticamos a los políticos en los altos cargos, uno pensaría que para estas fechas la gente sale a votar, pero al momento de hacer el cambio, de ejercer nuestro derecho constitucional, no lo hacemos, entonces, ¿por qué debemos quejarnos si ni siquiera hacemos algo para cambiar?
Repito, las cifras lo demuestran, casi 1 millón y medio de votos nulos en estas elecciones, casi 13 millones de votantes salieron, de un censo electoral de aproximadamente 30 millones de personas, ¿con qué cara nos quejamos si nosotros mismos no hacemos algo para cambiar?
También tengo que resaltar que no todo es culpa nuestra, los medios de comunicación y los analistas políticos lo dicen, la gente no sabía cómo votar, la Registraduría no hizo la labor pedagógica necesaria para educar al votante, ni al jurado, simplemente veamos todos los problemas de conteo y reconteo de votos en estas elecciones.
Este proceso electoral me deja un sin sabor en la boca y un malestar general, sobre todo por ser mis primeras elecciones, porque aunque la seguridad estuvo firme y, basándome en los medios de comunicación, estas elecciones fueron las más tranquilas en los últimos años, se repite la historia de los últimos tiempos en el País, en donde el verdadero ganador fue el abstencionismo, apoyado muy de cerca de la ignorancia electoral de la gente.
*Estudiante de Comunicación SocialPeriodismo. Universidad Jorge Tedeo Lozano, Bogotá, Colombia.
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