| Pez
Piedra: El pez piedra apenas si
parece un pez. Cuando yace sobre el fondo se asemeja más a una roca
rugosa y agrietada. Así pasa inadvertido. Sus aletas tienen trece
radios punzantes cubiertos con un veneno
muy activo que ataca el corazón y los músculos de diversos
depredadores, tales como tiburones, rayas y ciertos caracoles. Puede
producir la muerte rápida de un hombre. Su
camuflaje es tan difícil de superar que solo se descubre por casualidad.
Pez
Trompeta: Habitante de los arrecifes
coralinos. Este pez, mediante una técnica sorprendente, suele instalarse
cerca de gorgonias y corales negros, en las que adopta
una posición vertical cerca de una rama para pasar desapercibido.
Come pequeños peces. Para ello se coloca entre los cardúmenes
con movimientos suaves y luego, bruscamente, succiona uno de ellos.
Es muy mal nadador, por lo que no es difícil cogerlo con la mano.
Llega a medir hasta 75 centímetros y tiene la facultad de
cambiar de color que suele ser gris o amarillo.
Pez
Aguja: Junto
con el pez trompeta, adopta como técnica
de camuflaje la postura corporal. El animal puede adoptar
una postura que contraste menos con el ambiente. Su forma alargada
en posición vertical se parece mucho a la hierba marina en la que
vive. Acostumbra ponerse paralelo a una gorgonia esbelta; de esta
manera pasa inadvertido. El macho del
pez aguja es quien incuba los huevos
en una bolsa que se ubica en el
vientre, pero la fecundación de los huevos ocurre externamente.
Pez
Cofre: El
cuerpo rígido y acorazado del pez cofre le sirve como protección
contra cualquier depredador, pero al mismo tiempo le
añade torpeza y lentitud. En circunstancias normales, cuando no
hay motivo de alarma ni ningún peligro inminente, el pez cofre se
impulsa con las aletas pectorales transparentes que tienen forma
de abanico. Las aletas dorsal y anal, igualmente pequeñas y delicadas,
incorporan un movimiento ondulado a su forma normal de nadar. La
aleta caudal apenas se mueve.
Con
frecuencia el pez se mantiene en el agua por encima del arrecife,
casi sin mover sus aletas. Cuando se acerca el peligro, el pez cofre
se sacude para ponerse a cubierto. Pero el impulso más importante
para la natación tiene su origen en una forma especial de movimiento
que se ha desarrollado a lo largo de miles de generaciones. Esa
exclusiva forma de nadar, propia del pez cofre, el pez globo y el
pez erizo se conoce con el nombre de ostraciforme.
La
armadura espinosa del pez cofre se parece a una caja viva formada
por placas poligonales. Algunas de estas placas tienen espinas
diminutas y tubérculos que le dan a su superficie una textura áspera.
Los buzos han observado un hábito curioso en el pez cofre:
echa chorros de agua a los sedimentos finos del fondo
del mar, alrededor de los arrecifes. Cada vez que lo hace, la arena
que se encuentra delante de él se levanta en forma de nube y arrastra
algunos organismos diminutos que se pueden comer. En
la animación podrás observar esta acción cuando
descubre que al pez aguja se le ha caído un huevo.
Pez
Espada: Mide 2,8 metros, aproximadamente.
Está distribuido ampliamente en los océanos. Habita en altamar en
las profundidades y ocasionalmente sube a la superficie. El maxilar
superior es pronunciado y se agudiza en el extremo. El maxilar inferior
es corto y en ángulo agudo. Tiene aleta dorsal y ventral superior,
la cola es simétrica y los ojos azul intenso. Come macarelas, calamares,
merluzas, palometas, atún, vela y marlin. La configuración de estos
peces permite adivinar que nadan con tanta rapidez como los atunes.
La aleta dorsal sobresale a menudo del agua cuando nadan, a modo
de periscopio o vela.
El
rasgo más característico es el larguísimo
hocico, que se prolonga rectilíneamente y al que deben
su nombre. No está aún muy bien aclarado, qué utilidad proporciona
al pez este hocico en espada. Quizá le
permite un deslizamiento más veloz, aunque es más probable
que le sirva para procurarse el alimento. Se sabe que atacan los
bancos de otros peces blandiendo la espada como si fuera un garrote.
Pez
Globo y Pez Erizo: Su movimiento
en el agua es similar al del cofre (ostraciforme), remando con las
aletas pectorales. La pequeña aleta dorsal y la aleta caudal entran
en acción, meneándose débilmente de un lado a otro. Cuando el pez
globo se hincha de agua, el cuerpo se le pone más tieso de lo habitual.
En una situación tan desesperada, no puede depender ni siquiera
de un insignificante movimiento muscular para moverse, sino que
debe confiar totalmente en sus aletas.
Al
ser de movimientos tan lentos, para protegerse,
depende de su capacidad de inflarse, pero además dispone
de otras defensas adicionales que apenas son visibles. Una
es la capacidad de enterrarse en el fondo arenoso del mar por medio
de contorsiones. La otra es la toxicidad, para los que lo comen.
El veneno se concentra en el hígado, las vísceras y las gónadas.
Algunas especies de pez globo (el fugu) se consideran un bocado
exquisito en Japón, a pesar de su veneno.
Algunos
peces tienen espinas protectoras afiladas. Estas espinas
pueden estar situadas en cualquier parte del cuerpo y en algunos
casos, existen por todo el cuerpo. Las espinas pueden ser escamas
modificadas, radios espinosos de las aletas, o bien, huesos que
se proyectan fuera del cuerpo del pez. Un ejemplo clásico de este
tipo de escamas modificadas se encuentran por todo el cuerpo espinoso
del pez erizo. Los radios espinosos
de las aletas tienen gran importancia para la defensa de muchos
peces, porque actúan como instrumentos para inyectar veneno, o hacen
a su propietario difícil de tragar, o simplemente presentan una
superficie urticante desagradable que disuade a los enemigos. En
algunos casos, el solo hecho de izar las
espinas en son de amenaza, basta para detener a un depredador. |