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2017-07-11
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La sabiduría de los Wayuu, un patrimonio invaluable olvidado por occidente
Por: Emanuel Enciso - Oficina de Comunicación
Fotografías: María Fernanda Acosta Convers, Vivianna Gomez Nieto, Carol Andrea Vásquez Restrepo, Judy Milena Polania Alfonso, Guillermo Camargo Maestre, Álvaro Osmani Moreno Niampira, Diego Alejandro Pérez Morales, Ana María Monzón Duarte, María Durier Ma
Para los Wayuu, el tejido es su forma de escritura. Allí se relaciona el pensamiento, la palabra y la comunidad. El proyecto de investigación-creación Alma de la Tierra 2015 conoció de primera mano las problemáticas que atraviesan y el tesón de esta comunidad para hacerles frente.

La abuela naturaleza cuida de nuestras vidas

Existen Ayolujaa Puloi –Espíritus Sagrados–

que cuidan las piedras, las aguas, los arroyos, las arenas,

las plantas y los animales, hay que acudir a una outsü

para que dialogue con los Ayolujaa Puloi

y así nuestros niños y niñas dejen de morir

(Fragmento de “Naturaleza” de Francisco Iguarán”, en el libro “Lo que saben los Wayuu”)

 

Jaime Bonilla y Carlos Martínez en rodaje cerca de Uribia. (Fotografía: Guillermo Camargo Maestre).

Como un acto alquímico. Así recuerdan los profesores de la Escuela de Publicidad de Utadeo, Leonardo Otálora y Guillermo López, el diálogo informal que sostuvieron con algunos miembros de la comunidad Wayuu, luego de una frustrada jornada de escritura en el Centro Cultural de Riohacha. En medio de la espontaneidad del momento, y de la luz de kashi – como denomina esta comunidad a la luna – lograron comprender que la tradición oral de este pueblo era tan rica que rebasaba cualquier categoría de investigación y proceso de escritura que desde occidente históricamente se les ha querido imponer. Al día siguiente, no dudaron en plasmar la sabiduría Wayuu a través de la filmación de estos relatos, insumos que permitieron la construcción del libro “Lo que saben los Wayuu” (Tü natüjalakat wayuu).

“Allí hubo una especie de magia. Nuestras preguntas eran muy estructurales y racionales, y cuando ellos respondían iban mucho más allá de la pregunta, nos desbordaban, pues ellos salían con una poética que liga todas sus realidades, mientras que nosotros tendemos a categorizar. Su manera de pensar es netamente poética”, relata Leonardo Otálora.

Y es que para la comunidad Wayuu, el tejido es su forma de escritura, pues tienen la capacidad de relacionar todo lo que sucede a su alrededor a través del pensamiento, la palabra y la comunidad. Por ejemplo, el origen del vocablo wayuunaiki, que designa el nombre de su idioma, proviene de ese tejido muy fino entre las palabras wayuu, que significa persona; yuunai, que denota los sentidos que salen del corazón y la cabeza; y por último, ki, entendido como lo que sale de la boca. De igual forma, los números tienen un significado cósmico y el chinchorro que fabrican posee forma humana, con el fin de evocar la vida y su asociación con el concepto de la matriz, la placenta y la mujer.

Eulalia Uriana Piaachi (Nazareth) Parque Nacional Natural La Macuira. (Fotografía: Guillermo Camargo Maestre)

Si algo quedó claro en esta travesía de nueve días por la media y alta Guajira, y posteriormente el trabajo de compilación de los relatos orales de esta comunidad, es que la academia debe aprender de la belleza y sabiduría de los Wayuu, pues tienen muchas respuestas a la forma como nos relacionamos con la naturaleza, la vida y el mundo. Precisamente, el profesor José Castillo logró plasmar estos conocimientos ancestrales a partir de la ilustración de la portada del libro, en la que se presenta a una anciana wayuu con su tabaco.

“Esta fue una invitación a ser mucho más humildes respecto a ciertas pretensiones que se viven desde la academia, y entrar en un proceso de aprendizaje, pues se rompen muchos paradigmas a partir de la manera como hablan y actúan, al tiempo que ponen en el debate muchas de las prácticas que hacemos desde la academia y occidente”, puntualiza Guillermo López”.

La publicación y el documental hacen parte del Proyecto de Investigación-Creación Alma de la Tierra, que en su sexta versión contó con el auspicio de Utadeo y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, así como con el apoyo de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

 

Anderson Rosado, funcionario de Parques Nacionales Naturales. Dunas de Patomana, Puerto Estrella. Alta Guajira

Hacia una publicidad que trabaja para la comunidad

Antes de emprender la expedición a La Guajira, que se llevó a cabo a finales de septiembre del 2015, los investigadores tenían claro que el documental “Guajira Viva 2015” tenía como objetivo resaltar las voces de la comunidad, de tal forma que contaran desde sus propias vivencias la dimensión de sus problemáticas y el tesón de la comunidad para hacer frente a estas realidades.

La inquietud de viajar a este departamento nació de las directivas de la Universidad a principios del año 2015, motivados principalmente por la coyuntura que se daba en ese entonces, donde el Consultorio Jurídico de Utadeo trabajó de la mano con los Wayuu para solicitar medidas cautelares ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en la que se exigía al Estado colombiano proteger la vida e integridad personal de los indígenas, garantizando el acceso al agua, la alimentación y los servicios de salud.

Y aunque muchos se preguntaban cómo desde una academia de Publicidad podían surgir este tipo de propuestas de índole social, debido al estigma que tiene el oficio como mecenas del consumo, lo cierto es que para los investigadores la Publicidad, como herramienta de comunicación, debe apostarle a la recuperación del universo simbólico, donde la creatividad se pone al servicio del ser humano y de la vida misma: “Más allá de crear un libro o un documental, se trata de crear conciencia. La publicidad puede llegar a incidir socialmente de muchas maneras, y una de ellas es poder hacer pública unas realidades”, puntualiza Leonardo.

 

Así, en un primer acercamiento, sostuvieron un encuentro con los líderes de la comunidad Wayuu que se encontraban realizando labores de organización y promoviendo prácticas productivas y de educación, gracias a la gestión de la líder indígena Aida Kuast. Pero a medida que el dialogo surgía, comenzó a aparecer el malestar de la comunidad indígena en torno a lo que para ellos es el abandono del Estado, la falta de agua y los problemas de salud. En definitiva, una cosa era Riohacha y otra Ranchería, lugar en el que la pobreza se respiraba hasta en el propio aire, enrarecido a causa de la actividad de extracción de carbón de la mina El Cerrejón.

Cuando fuimos a la alta Guajira hacía tres años y medio que no llovía, lo que antes no había pasado. Yo me acuerdo que la gente en las épocas estacionarias de lluvias tenía sus huertas, ahora ya no. Esto llevó a que los wayuu, que tenían cierta autonomía alimentaria, ya la estaban perdiendo en parte por lo que sucedía con el Río Ranchería, pues había un proyecto en el que sus aguas irrigarían a ocho municipios lo cual jamás sucedió. Para mí era inevitable no sentir indignación”, destaca Leonardo.

Los expedicionarios eran conscientes de las dificultades y limitaciones de su viaje por el departamento, pues atravesar el desierto planteaba desafíos para la producción en términos de alojamiento, alimentación y hasta el transporte de los equipos, así como los víveres que iban a donar a la comunidad. Es por ello que el grupo de tadeístas, conformado por seis profesores, ocho estudiantes y tres administrativos, se dividieron en dos grupos, cada uno con sus respectivos equipos de producción de audio y vídeo, con el ánimo de abarcar la mayor parte de la riqueza cultural y natural de este lugar al norte del país.

Sin llegar con falsas expectativas, los tadeístas pusieron en el crisol todos los elementos observados en el trabajo de campo, cuyo resultado fue mágico a nivel narrativo. Fue tal la riqueza fotográfica obtenida, que plasmaba con fidelidad el color y la vida de la cotidianidad Wayuu, que desde la Universidad surgió la idea de hacer un libro que pusiera en diálogo lo visual con las historias de los indígenas.

Por su parte, el trabajo de campo de la publicación se llevó a cabo en el 2016. “Cuando se hizo el taller de oralidad hubo cierta renuencia a escribir más no a hablar, debido a su arraigo a la tradición oral, pero cuando los logramos filmar pudimos encontrar una amplia riqueza narrativa expresada como poesía”, cuenta Guillermo, quien se sintió confrontado como investigador en la manera como otorgan importancia a sus elementos vitales, entre ellos el territorio, la fraternidad y el trabajo en comunidad, rasgos trascendentales que van más allá de cuestiones epistemológicas. “Ellos no son tan académicos pero les interesa lo vital”, enfatiza Leonardo.

El libro contó con el acompañamiento continuo de la comunidad indígena, quienes sugirieron los títulos, las categorías trabajadas y gran parte del contenido que allí se plasma. Estos relatos mágicos se pusieron en diálogo con algunos aportes académicos de expertos vinculados a comunidades indígenas, entre ellos el del filósofo Fernando Urbina, quien escribió el prólogo y además en el lanzamiento del libro en la FilBo 2017 confesó que estaba ante una de las mejores publicaciones que ha visto.

“A todos nos sorprendió la confluencia de realidades, la sincronicidad entre lo que decían los Wayuu, lo que decía en lo gráfico y en la diagramación. Fue una cuestión alquímica que nunca nos propusimos lograr. Lo que les queda a ellos es un producto editorial que les servirá con fines pedagógicos, de memoria y reconocimiento propio”, destaca Leonardo.

El documental "Guajira Viva", fue publicado en conjunto por Utadeo y el Ministerio de Ambiente de Colombia. 

Ahora, la mirada de estos investigadores estará puesta en las realidades del Chocó, en la expedición que iniciará el próximo 20 de julio y finalizará el 6 de agosto, en el marco de Alma de la Tierra 2017. Esta vez, la voz la tendrán los lugareños de poblaciones como Nuquí, Juradó, Bahía Solano, Quibdó, Itsmina y Cacarica.

Próximamente, a través de la Revista Expeditio Digital, podrá conocer las expectativas de investigación de los profesores y estudiantes que viajarán a Chocó, así como los resultados del primer trabajo de campo que los profesores tadeístas llevaron a cabo en el mes de junio en este departamento, considerado el más rico en biodiversidad en el país, pero a su vez uno de los más pobres en su economía y sistema de salud.

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