Cerebros
en la cubetas y el genio maligno
El
narrador en “Las Meditaciones” de Descartes concluye que ninguna de
sus antiguas opiniones está a salvo, este genio maligno puede no sólo
engañarlo acerca de lo que percibe, sino que
también es concebible que cause que se equivoque al realizar el más
simple razonamiento.
Esta
preocupación parece ineludible. ¿Cómo puedes probarte a ti mismo que no
estas en la situación de pesadilla que describe Descartes? Parecería que
cualquier argumento, evidencia, o prueba que uno pudiera obtener, fuera fácilmente
otro de los trucos del genio maligno.
Tan
absurdo como pueda parecer en un principio el argumento del genio maligno,
resulta difícil, después de pensarlo bien, no compartir la preocupación
de Descartes: bien podría ser, que uno fuera sólo un objeto de juego
para alguna inteligencia malévola. Más en los términos de nuestra
discusión general: bien podría ser que
uno estuviera atrapado en “la matriz”.
Muchos
filósofos contemporáneos han discutido dilemas escépticos similares que
están un poco más cerca del escenario descrito en “The Matrix”. Por
ejemplo lo que ha venido a llamarse la hipótesis del “cerebro en la
cubeta”, una fuerte formulación de esta idea
ha sido presentada por el filósofo Jonathan Dancy:
“Usted
no sabe que no es un cerebro, suspendido en una cubeta llena de líquido
en un laboratorio, y conectada a un computador que lo alimenta con sus
experiencias actuales bajo el control de algún ingenioso científico técnico
(benévolo o maligno, de acuerdo a su gusto). Puesto que, si usted fuera
un cerebro así, asumiendo que el científico es exitoso, nada dentro de
sus experiencias podría revelar que usted lo es; ya que sus experiencias
son, según la hipótesis, idénticas con las de algo que no es un cerebro
en la cubeta. Como usted sólo tiene sus propias experiencias para
saberlo, y esas experiencias son las mismas en cualquier situación, nada
podría mostrarle cuál de las dos situaciones es la real.” (Introduction
to Contemporary Epistemology, 10)
|
|