Libertad de prensa, otra víctima de los abusos en las manifestaciones | Quinta entrega

El pasado 23 de septiembre, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) emitió una alerta debido a la persistencia de los ataques contra periodistas y medios de comunicación por parte de manifestantes y miembros de la fuerza pública durante el cubrimiento de las movilizaciones en Colombia. 

Entre el 9 y el 21 de septiembre de 2020, la FLIP había registrado 33 violaciones a la libertad de prensa, en las que se vieron afectados 35 periodistas de distintas regiones del país. Según la FLIP, “los ataques más frecuentes han sido las agresiones físicas con 16 casos, seguidas de las obstrucciones a la labor periodística con 5 casos, de detenciones ilegales con 4 casos y otras 3 situaciones de amenaza durante el cubrimiento”.

El pasado 21 de septiembre, durante las jornadas de movilizaciones sociales que se presentaron en las principales ciudades del país, se presentaron 3 casos más de ataques a la prensa. “La FLIP expresa su preocupación porque estas violaciones a la libertad de prensa aún se enmarcan en las prácticas sistemáticas denunciadas por múltiples organizaciones civiles frente a lo ocurrido en las protestas de noviembre de 2019”, dice el comunicado.   

En sentencia del 22 de septiembre de 2020, la Corte Suprema de Justicia reconoció la existencia de la violación sistemática de los derechos a la protesta, libertad de expresión y de prensa por parte de agentes de la fuerza pública en el uso excesivo y desproporcional de la fuerza, cuando esta, en defensa del orden público, se comporta desmedidamente y sin control. 

El CrossmediaLab habló con cinco de estos periodistas que terminaron afectados en medio del cubrimiento de las manifestaciones y reconstruyó los hechos a través de los relatos de sus protagonistas.

 

Kevin Charry 

Era la noche del 10 de septiembre, cuando en Ibagué, Kevin Cherry se encontraba junto a sus dos compañeros Cristian Camilo Trujillo y Luis Enrique Rengifo, miembros de prensa del medio de comunicación La Otra Verdad, reunidos para cubrir y apoyar de forma pacífica las movilizaciones por parte de los estudiantes de la Universidad del Tolima en rechazo a las agresiones cometidas por la fuerza pública contra los manifestantes de la ciudad de Bogotá en días pasados.

A pesar de que el plan inicial era avanzar desde las inmediaciones de la Universidad hasta el CAI del Estadio Manuel Murillo Toro, para allí realizar un plantón, luego de varias calles recorridas en medio de arengas y cantos por parte de los estudiantes, los disturbios empezaron a presentarse, y fue allí cuando los tres compañeros decidieron abandonar la marcha y desplazarse a un lugar más seguro debido a que habían presenciado cómo la fuerza pública estaba agrediendo a los estudiantes sin razones justificables. Se dirigieron a un parque del barrio Santa Elena para sentarse a discutir lo que habían visto, además de revisar el material audiovisual para su nota periodística.

Al cabo de diez minutos, aproximadamente quince patrullas llegaron al lugar, y a pesar de que en un inicio Kevin no se encontraba alarmado porque en efecto no habían hecho nada malo, el ánimo cambió cuando los oficiales comenzaron a insultarlos con calificativos como “guerrilleros”, “vándalos” y “terroristas”, seguido de varias groserías, para luego solicitarles de forma hostil una requisa en la cual no se encontró nada sospechoso y por esto les pidieron que abandonaran el lugar. Sin embargo, cuando se disponían a marcharse llegó otra patrulla con un oficial, al parecer, de un rango mayor, este los detuvo para luego decirles: “Ninguno se va a ir, no los vamos a dejar escapar”, y ordenó a los demás policías que subieran al camión a los tres jóvenes sin una explicación clara. 

Kevin Cherry, estudiante de Lic. en Literatura y Lengua Castellana e integrante del equipo de prensa del medio de comunicación La Otra Verdad. Foto de Henry Danilo Mejía.

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A pesar de que ellos se identificaron en todo momento como miembros de prensa de La Otra Verdad, los oficiales no cesaron sus agresiones al llevarlos al camión, en esos momentos Kevin se encontraba muy alarmado porque allí, cuatro oficiales sin placa ni identificación, arremetieron contra él utilizando la macana mientras le repetían que se sentara en el suelo, sin embargo, en medio del choque, Kevin solo podía pedirles que dejaran de golpearlo, hasta que un oficial le propinó tres golpes en la cabeza que le provocaron un trauma craneoencefálico leve, y allí quedó tendido en el piso boca arriba, momento en el cual el policía saca un gas pimienta y lo acciona aproximadamente a quince centímetros de sus ojos. En medio del dolor, Kevin consigue sentarse y presenciar con impotencia las constantes agresiones de los oficiales a las personas que ingresaban al camión, incluyendo sus dos amigos, además de las amenazas en caso de intentar grabar las violentas escenas.

Al llegar al Comando Central de la Policía Metropolitana de Ibagué, son llevados a un pequeño espacio en el cual tienen recluidas a cerca de veinte personas. A pesar de que era evidente la lesión que presentaba Kevin debido a la cantidad de sangre que salía de su cabeza, los oficiales no prestaron atención; afortunadamente, una enfermera que se encontraba en la marcha y que también había sido recluida por sospecha, pudo brindarle los primeros auxilios en el lugar, sin embargo, era necesario la atención en una instalación hospitalaria debido a la gravedad de sus lesiones. Tras un largo rato en el que varias personas estuvieron insistiendo a los policías para que Kevin fuera atendido, un trabajador se acercó a él, y al ver la gravedad de la herida, solicitó su traslado a un hospital. 

Fue una patrullera la asignada para hacer el acompañamiento al Hospital San Francisco, a pesar de esto, a unas calles del destino, la uniformada le informó a Kevin que hasta ahí lo acompañaba ella y que de allí en adelante se defendiera solo, afortunadamente, una abogada estaba siguiendo la patrulla para acompañar al herido, y al ver lo sucedido,  tuvo una discusión con la patrullera en la cual le indicaba que ese no era el adecuado procedimiento y que ella debía asegurarse de que Kevin fuera atendido, a lo cual, la oficial respondió que le estaba haciendo un favor al no imponer una multa; tras una larga charla, acordaron que volverían al comando para que un médico especializado le brindará los primeros auxilios, sin embargo, al llegar a la estación, fue retenido de nuevo en el mismo lugar donde había estado unas horas antes con la única diferencia de que para ese momento ya habían cerca de veinte personas más, y contrario a lo acordado, en ningún momento se le brindó la atención necesaria por parte del médico especializado antes mencionado.

Fotografía tomada por la prima de Kevin horas después de la agresión por parte de los oficiales de policía. Foto de Paula Andrea Pimiento.

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Cerca de las 11:30 p.m., su prima Paula Andrea Pimiento llegó a la estación de policías a solicitar su salida y poder acompañarlo a un hospital para realizar el respectivo procedimiento. Ya en el centro de salud, Kevin expresó en varias ocasiones sus dolencias, y a pesar de eso, no le formularon ningún medicamento, al parecer “no tenían”, por esto le pidieron que saliera a comprar un diclofenaco en gel para luego lavar y limpiar la herida y así conseguir el alta médica.

Esta fue la dura experiencia que vivió Kevin, que recuerda y analiza con una mirada crítica y mucha tristeza. Entiende, con base en lo que experimentó él y sus compañeros, que existen fallas dentro del sistema que compone los procedimientos de la fuerza pública colombiana en el manejo de las protestas, eso, dice, “permite que existan constantes abusos a los ciudadanos, lo que fomenta el odio y la discriminación, hechos que impiden que el periodismo haga bien su trabajo”. 

 

*Fotografía de portada de la emisora Ecos del Combeima, en Ibagué. 

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