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El día en que Mateo retornó a su hogar
Jueves, Mayo 3, 2018
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Por: Emanuel Enciso Camacho - Fotografías: Simón Sánchez Sotomayor - Oficina de comunicación
El decimoséptimo evento de Introducción al medio natural de juveniles de tortugas marinas contó con la liberación de 500 juveniles y un macho silvestre de tortuga caguama, siendo este el evento más grande registrado hasta el momento en la historia del Programa de Conservación de Tortugas y Mamíferos Marinos (ProCTMM).

Mateo esperaba ansioso su cita más importante después de dos años, luego de que fuera rescatado por la Corporación Autónoma Regional del Magdalena y el Acuario El Rodadero de unos traficantes ilegales de fauna silvestre. Así es, esta tortuga Caguama macho de cuarenta años de edad, 93 centímetros de longitud y 94 kilos de peso iba a ser liberada en su hábitat natural, en las playas de Casa Grande Surf, en Mendihuaca (Magdalena).

Pero la felicidad no solo embargaba a este ejemplar de caguama que se convirtió en el primer macho adulto en ser liberado por el Programa de Conservación de Tortugas y Mamíferos Marinos (ProCTMM) de Utadeo, el Acuario mundo Marino y Petrobras, también lo eran los 500 juveniles de tortuga caguama que, una a una, fueron sacadas del tortugario en el que permanecieron de ocho a diez meses, en su fase de levante. Eran las 7:15 a.m., del inolvidable 28 de abril de 2018, y los más de setenta voluntarios del programa ya estaban listos para transportar a estas tortuguitas en grupos de quince ejemplares hasta unos tanques móviles que estaban ubicados en los camiones que las transportarían hasta su nuevo hogar, en lo que sería el XVII Evento de introducción al medio natural de juveniles de tortugas marinas, el más grande en número de liberaciones que ha hecho hasta el momento el ProCTMM.

Ejemplar juvenil de tortuga Caguama, luego de marcado.

Dadas las horas, algunos de los juveniles aún estaban dormidos, pues sus aletas estaban recogidas hacia su caparazón. Tocarlas recién salidas del tortugario es toda una experiencia, pues sus aletas son tan suaves como el terciopelo, condición completamente distinta a su caparazón, el cual, tras la fase de levante, ya es completamente sólido y brillante.

Y es que, aunque parece una tarea sencilla, transportar a cada una de estas tortuguitas es un reto, pues se debe tener especial cuidado con sus aletas pico, con el fin de no lastimarlas ni resultar herido, pues, como en el caso de Mateo, la mordida  de una tortuga adulta es la segunda más potente después de la de un tiburón.

Sin embargo, el profesionalismo de estudiantes, profesores, niños y voluntarios de la comunidad de El Rodadero, que hacen parte de este programa liderado por la tadeísta Aminta Jáuregui, ya lo tenía todo calculado. El proceso había empezado unas semanas atrás con la marcación de cada uno de los juveniles. Dos días antes, los voluntarios marcaron los últimos ejemplares a través de una placa que se instala en la zona menos sensible de la tortuga, con el fin de evitar al máximo el dolor. Este elemento similar a una manilla es importado de Estados Unidos. Permite no solo identificar a cada tortuga, sino también determinar el país de origen y el programa de levante del que proviene. De esta manera, durante sus rutas migratorias, al ser avistada por investigadores, turistas y pobladores de las playas, sabrán que se trata de un ejemplar de conservación, y así, se podrán comparar datos sobre su crecimiento y estado.

En este proceso, además, se sistematizan las medidas, el peso y la morfología de los escudos, se toman muestras genéticas para su análisis en laboratorio, al tiempo que se identifica la organización de sus placas, que son como las “huellas dactilares” de estos animales, al ser únicas por cada ejemplar.

El marcado de tortugas también se aprovecha para medir y tomar el peso de los ejemplares.

Ese mismo jueves, antes de la liberación, un grupo de diez voluntarios transportó a Mateo del Acuario de Mundo Marino al Tortugario, en una distancia cercana a los 200 metros, razón por la que fue necesario utilizar una camilla, así como vendar los ojos de Mateo con un pañuelo rojo. Allí, el objetivo era instalarle un transmisor telemétrico, el cual monitoreará, en los próximos 900 días, su ruta migratoria. El proceso es tedioso, pues primero se mide y luego se limpia el caparazón de organismos que se hayan adherido. Para ello se utiliza un instrumento similar a una pequeña pala.

Luego de ello, se aplica una capa de melaza, que funciona como pegamento natural del transmisor, y se procede a instalar la antena fabricada por la compañía francesa Argos, que tiene un peso cercano a los 150 gramos y cuesta cerca de 1.700 dólares. El dispositivo enviará la ubicación de la tortuga cada vez que esta salga a la superficie del mar, y así mismo, sus registros podrán visualizarse en tiempo real a través del portal web de Seaturtle. 

Tras 50 minutos de espera, los voluntarios aplican a Mateo una capa de antiadherente, una especie de pintura transparente que evita que nuevamente se adhieran a su cuerpo algas, flora y fauna del hábitat.

Mateo durante el proceso de limpieza, anterior a la instalación del transmisor de telemetría.

Nuevamente, Mateo regresa al acuario, su hogar temporal, del que por fin dos días después, el sábado a las 9:00 a.m., se despide definitivamente, al ser transportado en una camioneta de Corpamag con destino a las cálidas aguas de Mendihuaca que ya estaban prestas a recibirlo.

Tras hora y media de viaje, y 49 kilómetros de recorrido, Mateo y sus amigas juveniles llegaron a la playa. Allí, ya los esperaban cerca de 2.000 personas, entre habitantes de la región y turistas. El oleaje era fuerte y el cielo nublado amenazaba con lluvias durante la liberación. Aún así, una cadena humana de más de 600 personas que formaban una calle de honor de 300 metros, desde el parqueadero de la playa hasta los pocos centímetros de iniciar el mar, sumado a los 38 grados centígrados de temperatura del lugar, hicieron posible el imborrable momento de las pisadas de Mateo sobre la arena, con dirección a las aguas saladas del Caribe, que en cuestión de treinta segundos lo envolvieron hasta perderse en el horizonte.

El turno era ahora para los juveniles. Aquellos que hace menos de un año, cuando aún eran recién nacidos, fueron rescatados de estas mismas playas, con el fin de preservar sus vidas de los depredadores naturales y del hombre, quien en estas latitudes consume sus huevos y su carne, al tiempo que utiliza su caparazón y aceite. Los primeros en liberarlas fueron Andrés Franco, director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de Utadeo, y el presidente de Petrobras International Braspetro B.V. Sucursal Colombia, Rodrigo Valle Real.

Mateo es envuelto por las aguas del Caribe que le dan la bienvenida.

Luego de ellos, un grupo de 32 estudiantes de colegios de El Rodadero, que conforman los Voluntaritos, vivieron la experiencia de introducir los juveniles a su hábitat natural, como premio a la persistencia de los dos últimos años en los cuales cada sábado, de 10 a 12 de la mañana, asistieron a los talleres de educación ambiental, donde tuvieron la oportunidad de medir y brindarles alimento a estos animales. Aminta, considerada la “mamá”, y ahora “abuela” de las tortugas, gracias a las nuevas generaciones de conservadores que ha formado en el ProCTMM, no perdió la oportunidad para agradecer el esfuerzo de los pequeños, otorgándoles una estatuilla.

Tras dos horas de liberación, los pronósticos de lluvia cesaron y la alegría embargó los corazones de los asistentes, quienes esperaron a que la última tortuga ingresará al mar. El cometido se cumplió, en doce años de realización del evento de liberación y sus diecisiete versiones, la tortuga número 2.977 ingresó al mar. Con ella, ya son más de 17.000 los neonatos que ha protegido el ProCTMM desde su entrada en operación a finales de la década de los noventas, tiempos en los que Aminta y su equipo de conservadores no eran bien vistos por los pescadores y habitantes de las playas, pues sabían que sus monitoreos acabarían con la caza desaforada de las tortugas. Hoy, poco a poco, y a “paso de tortuga”, los otrora cazadores se han convertido en aliados y han buscado alternativas económicas, gracias al programa. También hoy conocemos más sobre la biología y los ciclos reproductivos de las cuatro especies de tortugas (carey, verde, caguama y laúd) que habitan nuestros dos océanos, logrando con ello acciones contundentes para su manejo y repoblamiento.

Primeros minutos de la XVII Introducción de tortugas marinas a su medio natural

Al cierre de esta edición, Mateo ya se encontraba a 203 kilómetros de las playas donde fue liberado. Su ruta migratoria se inclinó hacia el norte del continente, y por lo pronto, está ubicado en mar abierto de La Guajira. A él y a nuestros 500 juveniles les deseamos buen viento y buena mar (Siga aquí la trayectoria de Mateo, a través del portal Seaturtle).

Recorrido de Mateo por las aguas del Caribe colombiano