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'Lo primero que debe hacer la academia es acostumbrarse a hablar'
Jueves, Junio 8, 2017
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Por: Emanuel Enciso - Fotografías: Laura Vega - Oficina de Comunicación
Para la bióloga Brigitte Baptiste es necesario que la academia dialogue con los saberes locales, al tiempo que toma una posición interpretativa de los fenómenos.

La bióloga Brigitte Baptiste es considerada una de las autoridades científicas más destacadas en materia de biodiversidad en nuestro país y la región. Y es que no es para menos, durante más de quince años dedicó su vida a la academia, donde trabajó temas relacionados con las políticas públicas en conservación, gestión ambiental y ecología de sistemas complejos. Desde el 2011 asumió la dirección del Instituto Humboldt, entidad encargada de la investigación científica sobre biodiversidad, riqueza hidrológica y genética en Colombia.

Para Baptiste está claro que la producción del conocimiento debe pensarse en términos de su apropiación por parte de las personas que lo puedan utilizar. Es por esta razón que su voz es oída en instancias nacionales e internacionales, dada su sensibilidad por los temas de apropiación social del conocimiento, así como su manera de explicar en forma sencilla, pero rigurosa y holística, las problemáticas ambientales que enfrenta el país.

En entrevista con la Revista Expeditio Digital, Baptiste habló acerca de los retos que tiene Colombia en materia de conservación de la biodiversidad, de cara a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, así como las apuestas que debe hacer la academia, especialmente las Ciencias Biológicas y Ambientales, para traducir el conocimiento en acciones para el desarrollo de la sociedad.

Adicionalmente, opinó acerca del pasado, presente y futuro de las ciencias naturales, su papel pedagógico y de sensibilización a los ciudadanos desde la primera infancia. Ante ello insiste en que es necesario generar una revolución educativa para crear conciencia, sentido de pertenencia y conexión vital con el planeta. A través de Facebook Live, la experta habló del estado actual de la biodiversidad en el país, así como los puntos más críticos en materia de conservación de fauna, flora y fuentes hidrográficas (Vea la entrevista aquí).

 

 

Cómo generar convergencias entre el conocimiento ancestral y el científico. ¿Es posible que sean complementarios?

El principio fundamental siempre ha sido el respeto mutuo, saber escuchar y generar espacios de interacción y de construcción de confianza que sean mucho más persistentes, porque en muchas ocasiones las relaciones entre academia y otros sistemas de conocimiento tienden a ser esporádicas, y están enmarcadas en un proyecto particular o son muy coyunturales. Entonces los académicos tienden a llegar a las comunidades a que les satisfagan esas preguntas inmediatas, luego desaparecen y las comunidades se quedan con la sensación que fueron utilizadas, y eso ha generado mucha resistencia.

La construcción de diálogos entre academia y comunidades es muy importante, y así además vamos entendiendo qué significa el conocimiento local, que no es el mismo conocimiento académico en otro idioma, sino que corresponde a otra epistemología y ontología, es decir, a una manera de ver e interpretar el mundo.

Los investigadores debemos ser humildes, disfrutar de la forma como el otro produce conocimiento, y con el tiempo se llegan a acuerdos muy importantes que permiten incluso la convergencia de marcos operativos con bases distintas.

 

 

¿Cuáles son los retos que debe asumir la academia para sensibilizar a la ciudadanía acerca del cuidado al medio ambiente?

Lo primero que debe hacer la academia es acostumbrarse a hablar. Salir a los medios, dar su opinión y participar en los debates públicos. Yo veo a la academia muy tímida y después muy frustrada porque no se tienen en cuenta sus opiniones o visiones sobre los problemas. Los académicos tienden a utilizar los medios más clásicos de publicación o de difusión, y no dan la cara directamente para presentarse como personas que están dedicadas a hacer investigación y producir conocimiento.

Luego que los académicos estén conversando más con la ciudadanía, yo creo que lo importante es reflexionar sobre los problemas y preguntas que se hace la ciudadanía, porque la academia nos acostumbra a formular investigación y construir conocimiento con base en una historia, un artículo científico, pero no necesariamente coincide con lo que la gente está esperando de la academia, y por eso tenemos un distanciamiento grande en términos de la relevancia en cuanto al conocimiento que se construye. Si los académicos escuchan más a las comunidades indígenas, rurales, a los empresarios e instituciones públicas, podrían entrar en dinámicas mucho más constructivas.

 

 

En Utadeo ofertamos los programas de Biología Marina y Biología Ambiental. ¿Cómo considera usted que se encuentran en este momento las ciencias biológicas y ambientales en el país, de cara a los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se están trazando a nivel mundial, especialmente los que competen a lo medioambiental?

Me atrevería a decir que la academia está atrapada en una visión muy clásica de la investigación biológica, en una óptica muy descriptiva de los fenómenos pero poco interpretativa, y que además es tímida hacia la apertura a otras disciplinas y métodos. Parcialmente puede deberse a que en Colombia, por su conflicto armado, los investigadores dejaron de salir a campo, al tiempo que los biólogos no conversan con los conflictos locales que son la fuente fundamental sobre la discusión ambiental.

La recomendación si sería invitar a revisar con cuidado el contexto en el cual se está enseñando Biología en Colombia. Hay programas de Biología de muchas universidades que están innovando en el sentido de orientar su trabajo con las empresas en temas como biotecnología, salud, agropecuarios, y eso va por buen camino, pero es porque el sector privado tiene unas demandas claras y unos objetivos específicos.

Pero eso no puede ser la totalidad de la guía para hacer investigación y formación de los nuevos académicos, pues necesitamos que comprendan las políticas públicas, como por ejemplo qué pregunta la política forestal o de acuicultura en Colombia, donde la Universidad Jorge Tadeo Lozano ha sido siempre tan relevante y conocedora en temas de ecología acuática, así como qué recomendaciones sobre el manejo de las zonas costeras y dónde esta la relevancia de esta investigación traducida en recomendaciones normativas o de manejo. Ahí es donde los jóvenes deberían empezar a desarrollar sus carreras de forma más práctica.

 

 

Ya hablamos de la retrospectiva de las ciencias biológicas y ambientales. Ahora, ¿qué condiciones cree que vendrán para esta disciplina en Colombia, especialmente en circunstancias como el posconflicto?

Debemos concentrarnos en las soluciones bio. En el país de la megadiversidad deberían ser las ciencias biológicas, ambientales, forestales, e incluso zootecnias, veterinarias e ingenierías relativas, las que propongan un nuevo enfoque hacia la tecnología, el aprovechamiento de la diversidad y los recursos biológicos. Si logramos construir un sector robusto de la economía basado en biodiversidad vamos a tener la posibilidad de dejar de lado el petróleo y otras actividades extractivas. Pero mientras no ofrezcamos alternativas vamos a seguir condenados a acabar con el petróleo, el carbón y el oro, así sepamos que tiene un costo altísimo para el planeta.

 

Precisamente, ¿qué metas tiene planteadas el Instituto Humboldt en términos de apropiación social del conocimiento?

Una primera estrategia de reforma desde lo editorial en la manera como presentamos los resultados de investigación. Los investigadores presentan artículos en revistas indexadas y compiten internacionalmente para ser visibles con sus hallazgos y teorías, pero luego esos textos se reescriben para volverse otra clase de materiales. Allí hay toda una perspectiva multi mediática, en la que el Instituto está creciendo para llevar ese conocimiento a todos los públicos. Por ejemplo el Reporte de Estado y Tendencias de la Biodiversidad en un formato gráfico, infográfico, de fichas, y cada vez más digital, brindando acceso virtual e interactividad, al tiempo que exploramos realidad virtual y aumentada para que todos los colombianos puedan ver lo que hacemos y lo puedan utilizar.

Tenemos el Claustro de San Agustín en Villa de Leiva que estamos convirtiendo en un lugar de puertas abiertas para construir interactividad. Allí hay un jardín demostrativo, espacio de colecciones y tienda ecológica. Por otro lado hay un trabajo con redes colaborativas de artistas que estamos explorando también para mirar que tanto podemos trabajar en equipo para hablar de la biodiversidad. Yo invito a la Tadeo que es tan buena en los temas de publicidad y comunicación a que nos proponga cosas, pues todo lo que se hace en el Instituto es público y de libre acceso.

 

Universidades como Utadeo le están apostando a crear proyectos de periodismo científico ¿Cómo cree usted que desde la comunicación se puede generar el sentido de apropiación social?

Tanto investigadores como administradores de la investigación, los equipos de comunicación y los periodistas están conversando para encontrarle una forma más adecuada a estos resultados. Nos sucedió con el tema editorial, especialmente con Punto y Aparte Editores, con quienes construimos una nueva forma de representar nuestros resultados. Medios como Semana sostenible, El Espectador con su sección de Bibo, El Tiempo verde y Blu, empezamos a desarrollar productos específicos en los cuales los comunicadores nos van dando línea y entrenando para poder contar lo maravilloso que hacemos y que a veces no tenemos la capacidad comunicativa para hacerlo.

 

 

Es claro que los problemas medioambientales no solo le competen a los investigadores y gobernantes, ¿cómo lograr que desde los procesos de formación básica, en el jardín y la primaria, se logre cambiar ese pensamiento en torno al cuidado al medio ambiente?    

Con biodiversidad creo que la salida es establecer esa conexión vital. Es decir, se trata de tener una experiencia directa desde muy pequeños con nuestro territorio, nuestro país, nuestros arboles, faunas y ríos, porque eso cambia la sensibilidad, las expectativas y las emociones con las cuales crecemos y hablamos de nosotros mismos. Lo más importante es que los más pequeños salgan del aula y conozcan el mundo, porque aún estamos en un espacio muy convencional de la educación, encerrados repitiendo conocimientos que ya están disponibles en todas partes.

Es definitivamente una revolución educativa de por medio, que en el caso nuestro deberíamos hacer hacia el campo, pues aproximadamente el 80% vivimos en ciudades. Muchos quieren tener una maceta con una planta en casa y se auto encierran. Las redes y la vida virtual nos tienen que ayudar a ver un mundo posible y a compartir información y experiencias, sin abandonar las raíces de lo orgánico, lo biológico, lo que huele y nos permite sentir.      

 

Si hiciéramos un comparativo con otros países, ¿los colombianos estamos preparados para resolver todos los retos que nos traen los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

Es una pregunta difícil. Somos muy novedosos e innovadores, pero estamos en un momento coyuntural de mucho conflicto y con problemas de comunicación, sobre todo para llegar a acuerdos mínimos acerca de lo que hay que hacer. Vivimos una polarización muy grande ente actores y visiones, y eso nos tiene bastante frenados. Estamos ante una guerra sucia persistente donde se busca desvirtuar la opinión del otro para desprestigiar al opositor, y aunque sabemos que hay posturas radicales tenemos que saber construir realidades nuevas entre varios.

Los colombianos ya somos proverbialmente conocidos por nuestra incapacidad de llegar a acuerdos colectivos. En ese sentido, otros países tienen instituciones un poco más sanas, pero de todos modos uno ve al mundo caminando sobre la misma dirección de rupturas epistemológicas e ideológicas, tal vez porque el cambio ambiental está siendo más rápido que lo que creíamos o experimentábamos, y además está generando unos efectos tremendamente inequitativos sobre la población más vulnerable, desencadenando pobreza, y no vemos que nuestros lideres nos estén llevando hacia un mundo menos peligroso y con mayor bienestar para todos.

En entrevista con Utadeo, Brigitte Baptiste habló acerca de los retos que tiene la academia de cara a la apropiación social del conocimiento. 

Es decir que si continuamos con las mismas lógicas de explotación de los recursos ambientales, ¿qué le esperaría a las próximas generaciones que habitan el planeta?  

No puedo decir otra cosa sino que se vendría el apocalipsis. Si seguimos como vamos las perspectivas son tremendamente negativas porque el cambio climático, los fenómenos asociados con la incertidumbre climática, hacen que todos los ecosistemas entren en un caos funcional, y eso se deriva en epidemias, migraciones y enfermedades, desastres acumulados, pérdida de alimentos, en fin. Si no hacemos consciencia que necesitamos constituir salud, fortalecer el sistema inmune, no vamos a tener capacidad adaptativa, y necesitamos confiar en la innovación. No vamos a encontrar las respuestas para vivir en este ciclo de caos climático haciendo más de lo mismo, no vamos a poder sobrevivir con esas tendencias de “vamos haciendo de a poquitos”.

Hay que hacer una transición relativamente rápida hacia modelos sostenibles de producción, y en eso yo confío mucho en las sorpresas de la innovación tecnológica. Me acusan de ser un “optimista tecnológica” pero si miramos años atrás, los cambios de los últimos cincuenta años, muchos de ellos han transformado la vida en el planeta. Ahí hay un espacio muy importante, junto con las innovaciones institucionales, pues tenemos que cambiar las formas de organizar las cosas. Estamos aburridos de la misma forma de hacer política, de elegir a nuestros representantes y de dirigir los procesos; de manera que vamos a tener que tomar decisiones drásticas sobre cómo vamos a organizar nuestras vidas.