“El bailarín de Danza Contemporánea, al tener otras herramientas, potencia muchísimo su hacer también." Vanessa Henríquez | Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano

“El bailarín de Danza Contemporánea, al tener otras herramientas, potencia muchísimo su hacer también." Vanessa Henríquez

Entrevista
“El bailarín de Danza Contemporánea, al tener otras herramientas, potencia muchísimo su hacer también." Vanessa Henríquez
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Martes, Noviembre 2, 2021
Vanessa Henríquez es Maestra en Artes Escénicas con énfasis en Danza Contemporánea, y encontró en la danza una fuerte necesidad de expresarse. Su familia, en principio le propuso estudiar una carrera diferente a la danza, que eventualmente no la llenó y descubrió que lo que la hacía feliz y lo que realmente necesitaba era, bailar. Menciona que, para ella, no era un tema de solo sentirse cómoda o tener ciertas capacidades y habilidades para la danza; necesitaba el movimiento. Así que, con el tiempo, entró en este universo dancístico y quiso crear colectivo, construir en colectivo desde el cuerpo.

Vanessa Henríquez es Maestra en Artes Escénicas con énfasis en Danza Contemporánea, y encontró en la danza una fuerte necesidad de expresarse. Su familia, en principio le propuso estudiar una carrera diferente a la danza, que eventualmente no la llenó y descubrió que lo que la hacía feliz y lo que realmente necesitaba era, bailar. Menciona que, para ella, no era un tema de solo sentirse cómoda o tener ciertas capacidades y habilidades para la danza; necesitaba el movimiento. Así que, con el tiempo, entró en este universo dancístico y quiso crear colectivo, construir en colectivo desde el cuerpo.

Para ella, la Danza Contemporánea es, en resumidas cuentas, la pregunta a la que se le da un desarrollo o respuesta, desde el movimiento. Pero esto, no solo lo considera posible a través de un movimiento osteomuscular, sino que también es posible a través de la voz, con las sensaciones físicas, las emociones, la interpretación y la intención. Desde su perspectiva, entre más honesta sea esa pregunta y, por ende, esa respuesta, llega más al espectador.

Siente que, en nuestra sociedad occidental, existe una necesidad de dividir, seccionar y meter cada cosa en cajoncitos diferentes. Cuando en realidad, la Danza Contemporánea no puede encerrarse en algo solo. Pues, abraza otras técnicas y formas de expresión con el cuerpo; dependiendo de la pregunta que se tenga, siempre hay muchas herramientas para responderla. Ejemplifica esto, con el Zapateo, que es uno de los tantos estilos de danza que existen y en los que un intérprete se puede formar para poder usarle como herramienta o convocar a alguien que esté formado en esto, para poder responder una pregunta que lo amerite.

Entre tantas herramientas creativas que pueden utilizarse, habla acerca del Taller Soniquete y Movimiento. Al manejar conocimientos en Flamenco, descubrió que, dentro de este, la voz; la onomatopeya rítmica, cobra mucha importancia para poder comprender las figuras rítmicas y llevarlas al cuerpo. Al cantarlo, se incorpora la herramienta del Soniquete donde desde el ritmo, la voz, el sonido y el cuerpo, se consigue que otros en la formación o en la creación, sean conscientes del tiempo en el movimiento. 

Para Vanessa es sumamente importante la consciencia del tiempo del movimiento. Pues considera que, los artistas escénicos formados en Danza Contemporánea, a veces no tienen esta consciencia de si se encuentran a contra tiempo o no; no solo de cara a la música, porque a veces el artista tiene muy claras las formas, pero las dinámicas y velocidades quedan en un segundo plano. Por ello, la herramienta del Soniquete y Movimiento, es una manera de encontrar cómo entender la rítmica de, por ejemplo, el Flamenco (O bueno, su manera de entenderlo) con la Danza Contemporánea, el entrenamiento y los sistemas creativos en Danza Contemporánea.

¿Qué le sucede con el Flamenco? Bueno, Vanessa desde hace años, empezó a escuchar este género musical interpretado por agrupaciones como Gipsy Kings y Estopa; descubrió un mundo gigante allí. Resulta que, según cuenta Vanessa, una persona puede pasar toda una vida, sin aprender los numerosos palos flamencos (estilos de flamenco), sin comprender las diversas maneras en que el cante, el toque de guitarra y el bailado, pueden entrar a dialogar; es un diálogo musical que a Vanessa le gusta y por supuesto, le reta. Cuenta, que esta danza, es un evento improvisado entre guitarrista, cantador y bailador que lo convierten en algo vivo, en algo orgánico, que va creciendo y cada vez que se va a bailar, hay un algo nuevo que no sabe cómo poner en palabras, algo que está allí dispuesto para modificarse. 

De hecho, en el Flamenco existe una riqueza rítmica impresionante y la posibilidad de hacer música con el cuerpo; para Vanessa, esto es cumplir el sueño de su vida. También hay otra cosa importante, y es que se utiliza mucho la voz; una persona que se forma en Danza Contemporánea, usualmente lo hace para ser bailarín o director, pero centrado solo en los movimientos del cuerpo. La voz, no es trabajada por un bailarín de Danza Contemporánea, y esta ha sido una herramienta que el Flamenco le ha brindado a Vanessa, y ha enriquecido su trabajo dentro de la creación en Danza Contemporánea.

“El bailarín de Danza Contemporánea, al tener otras herramientas, potencia muchísimo su hacer también. Siento yo”.

He incluso, hay otra herramienta que Vanessa utilizó para su obra Primer Grito, que se creó desde una visión contemporánea y se sirvió de muchas herramientas. Entre ellas una Loopera que, explica Vanessa, funciona para grabar voces encima de otras voces; en algún punto se escuchan como muchas voces. Para esta obra, que nació con la Beca residencias artísticas Colombia – México Fonca 2020 (Ministerio de Cultura de Colombia), Vanessa tenía como objetivo, presentar diferentes facetas de su propia personalidad; con ayuda de la Loopera y la voz, pudo superponer su voz y crear diálogos entre diferentes ‘Vanessas’ simultáneamente.

La pandemia, le brindó a Vanessa otras herramientas. De hecho, ella considera la pandemia como una experiencia que le enseñó otros caminos posibles, que tal vez, no había considerado antes. Cuando llegó a Bogotá y se estableció la cuarentena, se tuvo que suspender la obra Primer Grito, pues había sido creada para presentarse de manera presencial; durante la pandemia, se ganaron una beca que exigió un traslado de la obra a lo presencial. Al ser una obra tan íntima para Vanessa, la rodó en su casa. Allí tuvieron que modificar los espacios de la sala y el baño, por ejemplo. Y es allí donde entró la herramienta del Espejo, que brindó posibilidades, como el que ella pintara en el espejo un montón de flechas y veía su reflejo allí y eso era increíblemente pertinente para la obra. También ocurrió que se llenaban un montón de cosas de tierra, que no se habría podido hacer en escena; pues cinematográficamente se pudo jugar con objetos y transiciones.

Luego de ello, la obra se trasladó de nuevo a lo presencial, pero con todas estas nuevas ideas que no se hubieran explorado, de no ser por la pandemia; se habría perdido esta oportunidad de enriquecimiento del proceso creativo. Por otro lado, el trabajo que Vanesa hizo con la plataforma de danza Orbitante, las Residencias Virtuales en noviembre de 2020, fue un trabajo ideado, organizado, creado y grabado en pandemia. Y es algo que no habría podido hacerse, de no ser por la modalidad virtual porque había una persona en Sevilla, España y otras dos se encontraban en la ciudad de Villavicencio. Entonces, con las dinámicas de las Residencias Virtuales, se abrió la posibilidad de hacer reuniones por Zoom, enviar audios y videos por Whatsapp. La primera plataforma era para dejar unas tareas o premisas, que tenían la intención de funcionar desde el Soniquete.

Funcionó de la siguiente manera: Primero crearon una Clave Musical entre todos, cada quien desde su hogar jugaba con esa clave. Por ejemplo, se creó un soniquete y este, la persona en Sevilla lo traducía a la Guitarra, luego esto se traducía en Villavicencio al Cuatro Llanero, y luego esto se traducía al Zapateo Joropo y finalmente, esto se traducía, por parte de Vanessa, al Zapateo Flamenco. Aquí, todas estas herramientas ayudaron a que convergiera, confluyera y se creara paralelamente el sonido (la música) y el movimiento (la danza).

Ahora mismo, Vanessa considera que se encuentras muy envideada sobre la relación de la psique y el movimiento. Siente que, sea el movimiento que se haga; acelerado, contenido fluido. Todos dicen qué pasa en la psique del intérprete. Todos los patrones de movimiento corresponden con los patrones de pensamiento y comportamiento. Así que, estudiar estos movimientos y ser consciente de cómo se mueve una persona, hace que haya un autorreconocimiento y permite exteriorizar lo que le sucede adentro al intérprete.  Para ella, el movimiento refleja la personalidad, la manera de pensar y comportarse de una persona. Lo refleja todo. 

"En tanto que uno se vuelva consciente de eso, puede trabajar su propio ser desde el movimiento. Siento que el punto en el que transitamos de los prosaico a lo poético, es esa consciencia… en tanto uno va siendo consciente de esa relación entre su movimiento, su vida, su ser”.

Para ella, lo poético de la danza, está en la capacidad de poder traducir la vida en movimiento. Que una clase de danza, no está divida de la vida cotidiana. Que una presentación en un teatro, no tiene por qué estar divido de la experiencia diaria. Para ella, entre más haya consciencia en lo que uno está transitando, la danza es más honesta; no existe una máscara de forma, o de la técnica, de si se hace o no, algo bien. Se centra en poner la vida en la escena, poner el verdadero ser y eso hace que la vida se convierta en esa poesía.

Este año, Vanessa al ser profesora en la Universidad Pedagógica Nacional y directora del grupo de danza La Huella, traerá a la 23ava Versión del Festival Universitario de Danza Contemporánea, tres solos de estudiantes pertenecientes al grupo. Estos, partieron de la premisa de ese autorreconocimiento, de ese tramitar desde la danza, lo que cada uno estaba viviendo en su momento; en el semestre pasado. En principio, cada estudiante se reunió con Vanessa y le compartió cosas muy íntimas de su vida, lo que le sucedía en su vida, en su psique en ese momento. Y desde allí, empezaron a construir según lo que necesitaban, los movimientos. Ella les iba dejando tareas y ellos creaban. Como todo se hizo en modalidad virtual, le dejaban videos que la ayudaban a guiarse para, a su vez, ella poderlos guiar en sus propuestas y así también, ayudarlos a responder a sus preguntas puntuales en ese momento.

“Es un ejemplo de cómo también esa cotidianidad o esas preguntas diarias que uno tiene, pueden transitar a lo dancístico. Se responden, se tramitan y se digieren por medio del arte”.

Ninguno de sus estudiantes, está formado en la Danza. De hecho, uno de ellos, es un estudiante que estudia Actuación, lo que le brinda ciertas herramientas de cuerpo. Y para Vanessa, esto es muy lindo; que estén en esa inocencia dancística. Porque esto permite que sus movimientos sean muy sinceros y sus preguntas sean muy personales. Ella los acompaña en sus procesos, aportando ideas de movimiento, pero todo enfocado en responder a sus preguntas. Incluso, ellos elaboraron unos textos absolutamente propios, que se escuchan durante la pieza, y a partir de estos textos, se desarrollaron las premisas de movimiento; lo que permitió que cada estudiante se apropiara mucho de su proceso. Crisol, Carne de mi carne y Ecos, son los solos que se presentarán este año.

Fueron invitados muy atentamente y es una gran oportunidad para poder dialogar con otros creadores en otras universidades. El que sea un ambiente universitario, considera Vanessa que brinda una convergencia de muchos saberes que parten de las diferentes carreras que estudian los integrantes de cada grupo de danza que se presenta; ahí hay mucha riqueza en la creación. Y también permite que puedan visibilizar el trabajo que se realizó.

 

Nicole Camila Peña Montoya
Estudiante Comunicación Social y Periodismo UTadeo
nicolec.penan@utadeo.edu.co

 

 

 

 

 

 

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