Personas que dejan huella: Luis Carlos Zúñiga

Personas que dejan huella: Luis Carlos Zúñiga

Luis Carlos Zúñiga, en su Salsa 

Por: Nayzza Espinosa, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Hace pocas semanas tuve la oportunidad de sentarme a conversar con Luis Carlos Zúñiga, docente de tiempo completo de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Seccional Caribe, a quien debo admitir, conozco hace muchos años desde el ámbito académico, pero del que poco sabía fuera de los muros amarillos que rodea nuestro plantel educativo.

Ese día nos reunimos para conversar sobre aspectos puntuales de un trabajo de investigación del cual es tutor; y de hecho fueron los primeros puntos a tratar en la jornada, después de leer los adelantos del mismo, la conversación con “Lucho” se fue tornando informal y mágicamente le empezaron a salir ramas – Los que lo conocen saben a lo que me refiero- y lo que comenzó como una reunión académica, terminó en una reunión cordial de amigos, o bueno, así lo sentí; era la primera vez que me sentaba a hablar de otros temas con él, así que se conversamos sobre política, experiencias, negocios, notas y sin darnos cuenta, recordó aquella vez que por casualidad nos encontramos en un evento de salsa en el marco del festival de este ritmo musical, en el centro histórico de la ciudad.

La introducción al tema la hizo con un “Ya escuchas música de servicio” y siguió el comentario con una risa burlona, esa misma que lo acompaña a clases cuando lleva una sorpresa bajo la manga (un quiz) o cuando deja un trabajo de esos que quita el sueño por meses; en fin el clima de la conversación era otro, me preguntó qué hacía en el evento porque por mis redes sociales había visto que mi gusto musical era otro, a lo cual respondí “El comunicador del evento es mi mejor amigo” en ese momento recordé su cara ese día, estaba encantando escuchando la conferencia que estaban dictando varios de los artistas de salsa más emblemáticos de la ciudad y entonces entendí que sin querer conseguí algo más de él para contar, Luis Carlos ese día, estaba en su salsa.

Sin pensarlo dos veces me atreví a preguntar sobre su gusto por ese género musical a lo que me respondió “Esa música tiene voltaje, historia y swing”  mientras sacudía sus brazos – denotando baile- todos empezamos a reír y justo cuando iba a abrir la caja de sus historias, le sonó el celular recordándole que tenía un compromiso, se levantó de la mesa y  mientras se alejaba iba chiflando una canción del Gran Combo de Puerto Rico, pero antes de desaparecer por el pasillo escuché de fondo “Después seguimos la conversación, para que aprendas sobre la música de verdad” y siguió su camino.

Días después logre retomar la conversación con Luis Carlos y de inmediato se trasportó a su pasado, me cuenta que en su época de juventud -aunque aún se considera un hombre joven- la salsa y los ritmos africanos eran los acompañantes de las noches de rumbas, tertulias y salidas  casuales “Era lo que se escuchaba en Cartagena, así que uno conquistaba a la peladita que le gustaba a ritmo cubano, se tiraba pase y se proseguía al levante. No como ahora que ya los pelados no saben ni bailar y escuchan vainas raras que no dicen nada”.

Mientras contaba historias en el Festival de Música del Caribe y los artistas internacionales que venían a proponer “Música rara, pero buena” y  todas esas anécdotas de juventud -porque una cosa llevó a la otra- entonces noté que sus recuerdos estaban ligados a canciones, y en ese ir y venir de historias, desde su celular empezó a reproducir muchas de “esos temas” como él los llama, mientras seguía con su relato.

Treinta kilos, de Pacheco y mi gente, de Héctor Lavoe, fueron algunas de las canciones que tarareó esa tarde mientras agarraba aire para seguir; le pregunté si alguien más de su familia es tan apasionado por la salsa como él y antes de contestar tomo aire muy profundamente, miro lejos -como decimos coloquialmente en la costa-  se tomó su tiempo y finalmente contestó que a su papá, supe que no debía preguntar sobre el tema y que debía conformarme con lo que él me quisiera contar, y al sentirme incomoda por la prolongación de ese silencio, quise cambiar la pregunta pero entonces me sorprendió diciendo  “Todo lo que se me lo enseñó él, es mi mejor recuerdo” su voz cambio notoriamente “Mi padre, murió hace poco tiempo pero fue tanto lo que me dejó que aún lo recuerdo con gran cariño” empezó a buscar en su celular esas canciones que le recuerdan a él y al cantarlas fue como viajar en el tiempo y los más curioso de todo fue que me llevó con él a ese espacio y  fue tranquilo, silencioso, sin preguntas o respuestas, pero bastante significativo.

Suena el celular y volvimos a la realidad de un tirón, revisó y tenía que irse, así que intenté una última pregunta, a la cual no le puso atención, pero a la que finalmente término respondiendo de esta manera:

“Somos una baraja más de un juego que otro ha comenzado, 
y cada cual apostará según la mano que ha heredado. 
La vida es una puerta donde no te cobran por la entrada, 
y el alma es el tiquete que, al vivir, te rasgan cuando pagas. 
Y cada paso crea una huella, y cada huella es una historia, 
y cada ayer es una estrella en el cielo de la memoria”
           

Canción: Vida  -  Autor: Rubén Blades

Mientras iba caminando, debo admitir que me quedaron muchas cosas por preguntar y  aunque el tiempo me jugó en contra, hoy se más sobre aquel profesor alto, de lentes y caminar pausado, que aún tiene muchas por contar, pero esas, serán otras historias.  

Escucha el podcast que nuestra estudiante realizó, sobre el profesor Luis Carlos Zúñiga.

A continuación la entrevista: