Alberto Herrera: El Primer Arquitecto de la Utadeo Caribe

Tadeísta destacado

Un hombre comprometido con el patrimonio de Cartagena, sencillo y servicial son las cualidades que se pueden rescatar tras conocer a Alberto José Herrera Díaz, nuestro primer egresado del Programa de Arquitectura, quien en 1981 finalizó su paso como estudiante de la Utadeo para dar inicio a su vida profesional, la cual ha estado llena de logros y reconocimientos.

Nacido en Cartagena de Indias, Herrera Díaz se ha dedicado a la Preservación y Conservación del Patrimonio Mueble e Inmueble del país,  realizó distintas especializaciones en Restauración y Urbanismo  en la Utadeo y en el exterior. Ha sido docente de la Utadeo desde 1985 a la fecha y se ha desempeñado como consultor, profesor, asesor en la Preservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico del Caribe.

A propósito del Día del Arquitecto, la Utadeo Caribe quiso reunirse con este arquitecto, quien dio detalle de sus inicios y narró experiencias que lo han formado para ser hoy, el reconocido arquitecto al frente de la empresa HD Arquitectura:

 

Utadeo (U.): ¿Cómo supo que la Arquitectura era lo que quería estudiar?

Alberto Herrera (A. H.): Yo estudié en el Colegio la Esperanza donde desarrollé una empatía con los números y siempre me llamó la atención  la geometría, la cual me permitió una vez finalizado mis estudios, a entender los planos y los espacios,  y a interpretar volúmenes, a pesar de no tener destrezas en el dibujo. Me quería ir a estudiar afuera, pero cuando me enteré que iban a abrir la Utadeo en Cartagena, entré a Bellas Artes a esperar que eso sucediera. Ese tiempo de espera me ayudó a aclarar mis ideas y a descubrirme a mí mismo, identificando a la Arquitectura como mi vocación. Comprendí que la geometría me llevaba al arte y el arte me llevaba a entender lo que me podía dar la arquitectura, carrera que me permitía fusionar la formación matemática y las humanidades desde la parte artística. 

 

U.: ¿Qué lo llevó a inclinarse en el campo de la Restauración y la Conservación del Patrimonio?

A.H.: Yo aprendí a  querer mucho al Corralito de Piedra porque toda mi vida estudié en un colegio ubicado en el centro histórico y tuve el privilegio que la universidad también se ubicara allí; durante los estudios en la Utadeo y en compañía de los profesores que tuvimos -sin inicialmente ser de restauración- fue que aprendimos a través de los recorridos de sensibilidad, acerca cómo percibíamos y observar los espacios, las plazas, las calles y todos esos elementos que habitaban en esa zona. Estos procesos de observación, me llevaron a entender que teníamos un legado y la misma formación final con los últimos profesores de la Universidad, que hacían énfasis en los valores de nuestra arquitectura logrando comprender que si no la valorábamos, no podíamos exigirles a otros que lo hicieran.

 

U: ¿Qué anécdota tiene de su paso por la Utadeo que lo haya marcado?

A.H.: La Universidad significaba nuestra familia, lo más importante para nosotros era que logramos una integración entre profesores y alumnos, donde ellos a pesar de ser unos profesionales brillantes, se volcaron hacia nosotros para transmitirnos sus conocimientos, sintiéndome hoy en día muy privilegiado.  Una anécdota fue la que me sucedió con el profesor Gastón Lemaitre: Nosotros trabajábamos en grupos y alquilábamos garajes o casas en el Centro para hacer los trabajos, y los profesores nos iban a visitar allá para revisar los avances; en una de esas visitas, Lemaitre fue y me encontró a mi solo, al llegar me preguntó que con quien estaba trabajando, yo le respondí y él sin decir más, se marchó. El día de la entrega cuando presento el proyecto, él me dice: “Cuánto necesitas tu para pasar” y le dije “3.50” y él me dijo: “Tú no necesitas eso, te voy a poner 1.50”, yo sufrí y  me puse mal, pero luego me dijo: “Tu trabajo está bueno pero no quiero que pasen los otros vagabundos”; y después me hicieron caer en cuenta cuando me  dijeron: “No mires la nota, él está apreciando tu trabajo y sólo quiere que pasen los mejores”. Entonces esa fue una lección  que me estaba dando y que me enseñó mucho. La historia termina con que en el recinto se encontraba Raymundo Delgado, quien luego de semejante situación me dice: “Mañana te espero en mi oficina”, y ahí empezó mi primer trabajo.

 

U.: Han pasado 38 años desde que la carrera llegó a Cartagena, ¿Cómo ha visto la evolución de la carrera en estos años?

A.H.: ¿Hace 38 años qué caracterizaba a esa Tadeo? Que todos teníamos una sinergia con una comunidad viva, tratábamos de darle solución desde cada uno de los programas, la Universidad con los foros que hizo y toda su participación en el tema de restauración, empezó a apropiar al patrimonio como algo suyo y se empoderó de tal forma que para poder hablar de restauración a nivel local o nacional, alguien de la Utadeo tenía que estar presente; luego el programa empezó un giro, que fue el perfil de los diseñadores y tratar de mostrarse como arquitectos de vanguardia. Después pasamos de ser diseñadores al urbanismo, y de ahí a las tecnologías que permiten acercar al 3D, todas las creaciones de los estudiantes. Sólo quiero rescatar que el tema de la restauración siempre ha estado vigente y se ha perpetuado desde hace 38 años, dado que lo ideal no es que todos sean restauradores sino que comprendan cómo se valora un espacio y el significado de las edificaciones, permitiendo que cada alumno creciera con esa formación de respeto  y de valoración de nuestro patrimonio.

 

U.: ¿Cómo ha sido su paso por la Utadeo como docente?

A. H.: En ella viví dos momentos: El primero, donde me preocuparon mucho los estudiantes, porque los sentí en un vacio que me desmotivó por todo el esfuerzo que le poníamos; pero luego, viví un segundo momento donde tuvimos unos grupos de los que hoy me siento orgulloso y de los cuales, varios han pasado por la oficina. Yo reconozco que hubo un tiempo en el que fui un docente que miraba resultados y era psicorrígido, pero cuando mi hijo decidió estudiar arquitectura, su paso influyó porque empecé a ver a los estudiantes como mis hijos. Eso me hizo pensar en cómo ven a mi hijo, y luego empecé a reflexionar sobre cómo me ven los estudiantes a mí. Eso fue un cambio muy significativo: De esperar resultados a construir con ellos y entender que era una cuestión colectiva.

 

U.: Sabemos que su empresa HD Arquitectura contrata en su mayoría a los Tadeístas, ¿Por qué lo hace?

A. H.: Desde mis inicios tuve la oportunidad de contar con profesores que me abrieron las puertas al mundo laboral y gracias a ellos he llegado a ser lo que soy hoy. Yo tengo una preferencia con la Universidad que me formó y con los egresados tratar de hacer lo mismo que me pasó a mí, darles la oportunidad de su primer empleo. He tenido la oportunidad de tener egresados muy buenos en su mayoría.

 

U.: ¿Cuáles son los retos de los arquitectos hoy?

A. H.: La arquitectura está avanzando hacia la tecnología en todos sus temas, domines y tengas  una concepción tecnológica que se adapte al medio ambiente, factible de ejecutar y que sea repetible. Estas 3 cosas aparentemente obliga al arquitecto hoy. Mientras yo vengo de una formación que para poder visualizar un espacio, me lo tenía que imaginar, hoy el reto está en desarrollar el volumen hasta la más mínima expresión y el tiempo, con menores márgenes de error, porque gracias a la tecnología, no tienes que imaginarte nada.

 

U.: ¿Qué les diría a los próximos arquitectos de la Utadeo?

A. H.: Los muchachos tienen que entender que la carrera es de vaivenes y que ser arquitectos es el primer paso. Yo siempre le digo: “No es el que salga primero, de los errores se aprende, porque mientras estudias es cuando tienes la oportunidad que alguien te diga  qué debes mejorar, ya cuando sales nadie te va a decir nada. Aprovechen a sus profesores y la formación, tómelo como un conocimiento que están adquiriendo para desempeñarse en la vida”.