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"Teoría": Columna de José Fernando Isaza en El Espectador

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El consejero de Utadeo puntualizó que las encuestas si acertaron, pues "predijeron la intención de voto de quienes contestan en horas hábiles en las ciudades un teléfono fijo y responden una entrevista".

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Fotografía: Laura Vega - Oficina de Comunicación

El consejero de Utadeo, José Fernando Isaza, comentó en su columna en el periódico El Espectador que "La mayor discrepancia entre la predicción y el resultado no es el tamaño de la muestra. Generalmente mayor de 1.000 encuestados, es lo poco representativo del espacio muestral. Hoy, una encuesta telefónica respondida en horas hábiles en una casa no permite deducir la intención de voto. ¿Cuántos jóvenes contestan un teléfono fijo aun si están en la casa, digamos estudiando? Los desempleados tampoco están representados en la muestra, deben estar afuera buscando trabajo, tertuliando o evitando deprimirse aún más si permanecen en casa. Una encuesta telefónica en días hábiles puede ser muy útil para indagar la preferencia de las telenovelas que se emiten después del mediodía o para conocer el posicionamiento de un detergente". 

"Para cumplir la ley, las firmas encuestadoras publican la ficha técnica de la encuesta. Si lo hacen en la televisión dura unos segundos, aun expertos en lectura rápida no logran leer la información. Si lo hacen en un medio impreso, el tipo de letra microscópica desanima a quien quiera obtener la información que le permita deducir la confiabilidad de los resultados", así lo destacó Isaza al referirse a la información que publican las firmas encuestadoras. 

Finaliza su columna resaltando que "Es bien posible que entre los creyentes de las doctrinas cristianas todavía sea mayoritaria la pertenencia a la Iglesia católica. El pontífice fue explícito días antes de la elección en mostrar su preferencia por el voto Sí, pero esta directriz no fue trasladada con toda claridad y en todos los púlpitos. Puede esbozarse la siguiente hipótesis. Ha sido tradicional una cierta divergencia, no al nivel de un cisma, entre la comunidad jesuita y las otras comunidades religiosas católicas. Por lo tanto la orden —cuando los papas hablan no dan mensajes, dan órdenes— de un papa jesuita no iba a tener la misma entusiasta acogida por los clérigos de las otras comunidades. Otro hecho que se desprende de los resultados es que la obediencia a los jerarcas católicos por parte de sus fieles es menos pronunciada que el acatamiento de los feligreses a los pastores de las otras Iglesias cristianas". 

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