Opinión

Minería y Medio Ambiente: otra disyuntiva entre el hoy y el mañana

Constantemente sociedades y gobiernos toman decisiones que involucran disyuntivas entre bienestar en el presente o bienestar en el futuro. Las cuestiones relacionadas con el gasto público y con el medio ambiente son dos de las más representativas.

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Universidad Jorge Tadeo Lozano

Por: Carlos Jaimes

 

Constantemente sociedades y gobiernos toman decisiones que involucran disyuntivas entre bienestar en el presente o bienestar en el futuro. Las cuestiones relacionadas con el gasto público y con el medio ambiente son dos de las más representativas. Así como un alto gasto público hoy se traduce en altos impuestos mañana; la sobre explotación de los recursos naturales hoy, se traduce en tragedias naturales y escasez de recursos mañana. Desafortunadamente, la mayoría de las veces tales disyuntivas se resuelven a favor del bienestar presente, sacrificando a las generaciones futuras, que hoy no pueden opinar ni tienen representación.

La situación actual y la dinámica reciente de la actividad minera en el país ilustran cómo se están privilegiando los resultados inmediatos en la actividad económica, sobre los invaluables costos ambientales y ecológicos en el futuro inmediato. En efecto, hoy más del 30% de la inversión extranjera directa se orienta a la minería que, a su vez, genera exportaciones por cerca de 8 mil millones de dólares al año y jalona el empleo y otros sectores de la economía como la construcción; hechos positivos que se suman y contrastan con las altísimas tasas de informalidad e ilegalidad imperantes en la minería; la inexistencia e inoperancia de normatividad y controles ambientales y las livianas cargas tributarias sobre el sector. Todo esto ha creado un caldo de cultivo propicio para el auge de la actividad minera en el país.

Sin lugar a dudas, las manifestaciones más nefastas este auge minero se relacionan con el medio ambiente, seguidas por las condiciones laborales y sociales de los mineros. En efecto, la minería a cielo abierto está dejando imborrables cicatrices en el paisaje colombiano a causa del uso de explosivos, la deforestación, la perdida de fauna, la contaminación de fuentes hídricas y su posterior agotamiento. A lo que se suman las precarias medidas de seguridad industrial y las también precarias condiciones laborales que caracterizan el desarrollo de la minería en Colombia.

La experiencia del departamento de Antioquia, que hoy tiene extensas áreas con paisajes desérticos a causa de la devastación que ha dejado atrás la minería a cielo abierto, donde además, los grupos armados al margen de la ley han incursionado en la actividad minera, usándola como fuente de financiación de sus operaciones, parece estar creando una nueva conciencia en el país acerca de la necesidad de controles políticos, cívicos, ambientales y legales más estrictos sobre esta actividad.

En Santander, por ejemplo, la gobernación, los gremios, la alcaldía de Bucaramanga y la sociedad civil terminaron objetando la licencia de explotación minera en el Páramo de Santurbán, al considerar que es más valiosa su emblemática reserva hídrica que el oro y plata que de allí se puedan extraer. A pesar de lo anterior, se escuchan nuevamente voces provenientes de altos funcionarios del Estado que piden reconsiderar esta decisión. Y si bien, el PND del gobierno Santos sigue teniendo cifradas buena parte de sus esperanzas en la actividad extractiva, sus bases también reconocen la necesidad de un entorno institucional, tributario y legal adecuado para la misma, que garantice el respeto al medio ambiente, a las normas de seguridad social y la legalidad de toda la actividad minera. Al parecer, no todo está perdido.

El país debe reconocer que si bien las oportunidades que ofrece la minería son importantes, también lo son sus riesgos ambientales y costos sociales. Antes de seguir otorgando licencias a lo largo y ancho del país, el gobierno debe, de manera urgente, emprender la elaboración de leyes ambientales y tributarias que eviten que el país acabe con sus fuentes de riqueza más emblemáticas y estratégicas: nuestras reservas hídricas y nuestra biodiversidad. Todos los días vemos como la naturaleza le pasa factura al país, con pérdidas en infraestructura y en vidas humanas, por los errores del pasado. Es responsabilidad de todos evitar que nuestro futuro se convierta en una espiral en la que se repiten las tragedias ambientales y humanas de nuestro reciente pasado.

 

Profesor del Programa de Economía

Facultad de Ciencias Económico-Administrativas

Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano