Propósitos de inicio de año. Se exageran en enero, se debilitan en febrero y en marzo se abandonan. El viejo adagio de “año nuevo, vida nueva” pronto se diluye al ser metas bastante ambiciosas. Sobre este tema versa la columna de opinión del presidente del Consejo Directivo de Utadeo, Jaime Pinzón, en El Nuevo Siglo.
El columnista señala que la costumbre de fijarse metas para el año que empieza inició en Babilonia y Roma, cuestión que se ha ido ampliando con el consumo moderno a compras, viajes, dietas y demás actividades. Sin embargo, “¿Cuántos de nosotros somos capaces de mantener las promesas?”, reflexiona Pinzón, quien citando un estudio norteamericano señala que tan solo de la mitad de los estadounidenses que hacen propósitos anuales, el ocho por ciento los concreta.
Cerrando su escrito, el directivo señala que mantiene las esperanzas sobre el cumplimiento de los anhelos, a pesar de los apremiantes gastos y alzas que llegan con el inicio del año: “Nos asiste el derecho a mejorar, sería un contrasentido consignar promesas para empeorar, nada de malo tiene adelgazar cinco kilos, practicar deporte, pasar tiempo en pareja, ser felices, decir más a menudo que no, erradicar el egoísmo, aprovechar bien el ocio, evitar robos, cambiar el mundo, dejar de inscribir propósitos para no cumplirlos”.







