La mala hierba nunca muere y el periodismo que resiste en San Andrés

En un territorio marcado por la sobrepoblación, la corrupción y las presiones al ejercicio informativo, la periodista Ethel Bent ha convertido su medio independiente La Mala Hierba en una voz incómoda y persistente que defiende la cultura raizal, el ambiente y la libertad de prensa en el archipiélago.

“Estamos sobrepoblados y la corrupción política ha venido degradando de manera sistemática los derechos humanos que podrían mejorar la calidad de vida de las personas. Somos un pueblo que retrocede en sus posibilidades de desarrollarse dignamente”. Así describe el panorama actual de San Andrés la periodista independiente Ethel Bent, quien desde su medio La Mala Hierba apuesta por un ejercicio informativo transparente, responsable y comprometido con la verdad y la justicia. No obstante, esa labor ha implicado riesgos: varias de sus publicaciones le han significado amenazas directas, una realidad que pone en evidencia la fragilidad de la libertad de prensa en el archipiélago.

San Andrés es una isla pequeña ubicada en el mar Caribe colombiano. Su clima cálido y tropical, y su riqueza cultural reflejan la convergencia de influencias caribeñas, africanas y anglosajonas. En este territorio se encuentra la comunidad raizal, conformada por descendientes de esclavos africanos y colonos europeos, quienes preservan su idioma propio, el creole, y constituyen la mayoría poblacional de la isla. Según proyecciones de cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) para el año 2025, la isla cuenta con una población aproximada de 56.241 habitantes. Sin embargo, en la realidad se percibe una evidente sobrepoblación.

De acuerdo con un estudio realizado por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) en 2025, los medios ubicados en el archipiélago enfrentan diversos retos. Entre ellos se encuentra la autocensura, debido a la dependencia de una pauta oficial. La influencia de intereses políticos y económicos limita la independencia de los medios y, a su vez, la capacidad para generar un periodismo crítico. Además, así lo afirma María José Mejía, periodista y colega de Ethel, “la libertad de prensa suele estar limitada. Muchos periodistas dependen de contratos con entidades públicas o privadas, lo que condiciona lo que pueden publicar”.

Sin embargo, Ethel Bent, “La abogada de los pobres”, como la llamaba su madre, fue una niña que desde pequeña tuvo afinidades con la defensa de las personas, los animales y el ambiente. Una niña muy comunicativa. Nació y creció en la isla, en medio de condiciones económicas difíciles, pero rodeada de una profunda riqueza cultural, especialmente raizal. Tocaba varios instrumentos gracias a su padre, un trompetista que le inculcó desde pequeña el amor por la música, y quien poco después descubrió que, a través de la escritura, lograría dar voz a quienes lo necesitaban.

Ethel Bent ejerce un periodismo independiente que defiende la cultura raizal y el ambiente frente a las presiones del poder local en San Andrés. Foto de archivo.


Del aula isleña al periodismo independiente

Ethel Bent estudió en un colegio de San Andrés. No obstante, debido a las limitaciones sobre la formación profesional en periodismo que existen en la isla, realizó su carrera en la Universidad Autónoma del Caribe, en Barranquilla. Así lo decidió su padre, quien quería evitar que hiciera parte de los grupos armados en una época tan violenta por la que atravesaba el país. Luego de terminar su universidad, se fue para Costa Rica y homologó su título en una universidad de ese país.

Al regresar a San Andrés, Ethel se destacó como una periodista muy novedosa. Tenía una mentalidad diferente a la de sus colegas. Mientras muchos concentraban su trabajo en radio o artículos descentralizados de su pensar, ella escribía sobre aquello que nadie más se atrevía a contar. Eso se convirtió en su diferencial. Y así la reconocen algunos de sus colegas, como María Maldá: “Lo que distingue a Ethel dentro del panorama de los medios en San Andrés es la ausencia de miedo. Ethel es una periodista que busca el lugar del conflicto y asume posturas. Puedes estar de acuerdo o no con ella, pero lo cierto es que lo suyo no es la indiferencia”.

Con el tiempo, su trabajo empezó a ser reconocido con varios premios, aunque posteriormente dejaron de hacerlo, en parte por su pensamiento crítico y las investigaciones que decidió publicar. Como lo señala nuevamente su colega Maldá: “En la isla el riesgo de asumir posturas es el alejamiento de personas, sectores y afectos. A veces el cerco se cierra tanto que terminas siendo la única golondrina que hace verano”.

Desde hace 12 años, Ethel trabaja en El Isleño, un medio conocido en la isla que hace parte de la Casa Editorial Welcome. Pero, aun así, debido a la pauta que en ocasiones tiene con algunos organismos del Departamento, le niegan la publicación de trabajos periodísticos. Por ello, hace tres años fundó “La Mala Hierba”, su medio independiente enfocado en la cultura raizal y el periodismo ambiental.

 

La Mala Hierba: de una historia familiar a un símbolo de resistencia periodística

El nombre del medio surge de un trasfondo y una memoria familiar que le otorgan un significado especial. Ethel lo explica así: “Mi mamá no quería que se llamara La Mala Hierba, porque pensarían que soy marihuanera”, cuenta entre risas. “Pero ese nombre me lo dio mi papá. Cuando era bebé estuve muy enferma y pensaron que iba a morir. Al tercer día abrí los ojos y él dijo: La mala hierba nunca muere. Desde entonces, crecí sintiéndome como esa planta que nadie quiere en su jardín, pero crece y crece”.

Quienes la conocen coinciden en que su carácter es tan firme como el de esa “mala hierba” que inspira su medio. Su prima hermana, Quinny Martínez, la describe como “una mujer combativa e impulsiva, con una personalidad arrolladora. Ethel escucha, observa, pero cuando algo la interpela, se pone de frente a la situación. Además, es empática, cariñosa, amable y es dadivosa”.

Resaltando la cultura raizal y el activismo por el ambiente, Ethel escribe columnas de opinión de gran impacto, capaces de movilizar y despertar a toda una comunidad cada vez que sus publicaciones salen a la luz.

Uno de sus grandes desafíos es la pauta oficial. La falta de recursos dificulta el trabajo periodístico. Sin embargo, Ethel busca la manera de financiar sus trabajos periodísticos con sus propios ingresos. No tiene alianzas y maneja el medio sola, lo que la convierte en parte del 1 % al 25 % de periodistas de San Andrés que dependen de sus propios ingresos para la cobertura de la información, según un monitoreo realizado por la Flip.

Pese a haberse independizado y fundado La Mala Hierba, ha recibido más amenazas que las que recibía antes de hacerlo. El Isleño, de cierta forma, la protegía: su respaldo institucional ahuyentaba a quienes intentaban intimidarla. Por el contrario, al dirigir un medio independiente no hay quien la respalde, por lo que se encuentra más expuesta y vulnerable. Esta situación la ha llevado a pensar en dejar de escribir y, por lo tanto, de publicar información.

A pesar de las dificultades, ella asegura que, más allá del dinero, su mayor ganancia ha sido tener una voz propia y dársela a quienes no la tienen. “Digo cosas que nadie más quiere o puede decir. Estoy del lado de los hechos y de la realidad, porque ahí están las verdades”, afirma Ethel con convicción.

Actualmente, su medio “La Mala Hierba” se encuentra en Facebook e Instagram. Además, Ethel está trabajando en su página web para posicionarla en poco tiempo. Asimismo, apuesta por mejorar la calidad de su periodismo. Con el fin de cumplir su objetivo, planea adquirir equipos, establecer alianzas con colegas y participar en convocatorias fuera de San Andrés. Su meta es realizar un periodismo con mayor alcance, teniendo una mirada más global. Con constancia y compromiso, espera lograrlo a través de su medio en los próximos años.

Desde el archipiélago, La Mala Hierba se mantiene como una voz crítica y persistente en defensa de la libertad de prensa. Foto de archivo.


¿Qué pasa en San Andrés?

El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina ha sido históricamente un territorio atravesado por tensiones entre identidad cultural, intereses económicos y decisiones políticas centralizadas. La declaratoria de Puerto Libre en 1953 transformó radicalmente la composición demográfica de la isla, generando procesos acelerados de migración, sobrepoblación y presión sobre los recursos naturales, que impactaron de manera directa a la comunidad raizal. En este contexto, el ejercicio del periodismo ha estado condicionado por la cercanía entre poder político, pauta oficial y medios locales, lo que ha limitado la crítica y favorecido la autocensura. La emergencia de proyectos independientes como La Mala Hierba se inscribe en una larga historia de resistencia cultural y defensa del territorio, donde informar se convierte, una vez más, en un acto político y de supervivencia.

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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