Nacido en Condoto, Chocó, Jair Mosquera D’Perea construyó una reconocida trayectoria en el periodismo deportivo nacional antes de tomar una decisión poco común: regresar a su tierra para fundar la emisora comunitaria Platino Estéreo. Desde allí, puso su experiencia y su voz al servicio de su comunidad, apostándole a una radio comprometida con lo social, la identidad local y la transformación del territorio.
Su infancia
La pasión de Jair Mosquera por la radio no fue una elección tardía, sino un destino sembrado desde la infancia. En Condoto, mucho antes de las redes sociales, el internet y la fibra óptica, el sonido de la radio era el hilo conductor del mundo. En un municipio atravesado por el río San Juan y marcado históricamente por la minería del oro y el platino, la radio era compañía, escuela y ventana al país. Jair observaba fascinado a los locutores callejeros y encontraba en ellos una inspiración temprana.
El verdadero punto de inflexión llegó con el auge del ciclismo colombiano en Europa, a comienzos de los años ochenta. Apenas con diez años, su ritual comenzaba a las cuatro de la mañana. Se levantaba en la penumbra para sintonizar las transmisiones, especialmente las de Caracol Radio y RCN, que narraban las hazañas de Lucho Herrera y los escarabajos en tierras lejanas.
Su herramienta principal no era profesional: era una grabadora Silver de su padre que, por fortuna, lograba captar las ondas provenientes de Bogotá y de buena parte del país. El padre de Jair, también aficionado al periodismo, cultivaba ese gusto llevando a casa periódicos como El Tiempo, El Espectador y revistas de colección que el joven devoraba con avidez.
Pronto, Jair se convirtió en el “vocero” informal de su comunidad. En la droguería de su padre, donde solían poner la grabadora, la gente pasaba y le preguntaba: “Jair, ¿cómo terminó el partido?”, “¿cómo le fue a Lucho Herrera en la Vuelta a España?”. Él respondía con precisión, memorizando marcadores y manejando una cultura general de noticias que, a través de la radio, lo conectaba con los grandes acontecimientos del país, incluso en momentos tan dramáticos como la tragedia de Armero, en 1985.
Esta devoción por la radio se cimentó también en las condiciones técnicas de la región. Las transmisiones en AM se captaban con mayor facilidad durante la noche y la madrugada, cuando la atmósfera permitía que las ondas viajaran largas distancias. Sintonizar la radio se convertía entonces en un ejercicio de paciencia y destreza: las señales iban y venían, se perdían y regresaban, haciendo del acto de escuchar un pasatiempo y, casi, un reto cotidiano.
“Yo prefería quedarme escuchando radio por las tardes antes que ir a nadar al río o hacer cualquier otra actividad. Me quedaba escuchando radio, siempre. No lo cambiaba por nada”, confiesa.
La pasión inicial por los deportes —fútbol y ciclismo— se complementó con la música. Programas como Salsa con Estilo y El Show de Montecristo, de Caracol Radio, ampliaron su universo sonoro. Su gran referente local fue Jairo Antonio Rivas Chalá, uno de los periodistas más reconocidos del Chocó, a quien admiraba por su forma de hablar, narrar y conectar con la audiencia.
La afición de Jair se profesionalizó en Bogotá. En 1992, aún muy joven, dio sus primeros pasos en Todelar junto a Javier Hernández Bonet, realizando cubrimientos deportivos. Luego continuó su trayectoria en Colmundo y Radio Santa Fe, siempre enfocado en el seguimiento de equipos y competencias.
Finalmente, su carrera alcanzó uno de sus puntos más altos cuando se vinculó a Caracol Radio alrededor de 2013, trabajando al lado de Iván Mejía. Esa etapa la recuerda con orgullo y gratitud, considerándola la mejor experiencia laboral de su vida.
“En Caracol, gracias a Dios, me lo dieron todo. Siempre digo que ha sido la mejor empresa en la que he trabajado y que allí lo tuve todo”, subraya.
Mientras su voz se consolidaba en el periodismo deportivo nacional, Jair decidió ampliar su horizonte intelectual y profesional incursionando en la carrera de Derecho. Esta decisión no fue fortuita: le permitió adquirir una base analítica y legal que más adelante resultaría clave en su regreso al Chocó. Hoy combina esa formación con su labor como catedrático en la Universidad Tecnológica del Chocó, además de ejercer asesoría y práctica litigante.
Había alcanzado lo que muchos periodistas sueñan: reconocimiento, estabilidad y presencia en la élite mediática nacional. Sin embargo, una decisión personal, difícil de explicar incluso para él mismo, cambiaría el rumbo de su vida.
El regreso al Chocó
Hacia 2013, Jair decidió dejar su posición en Bogotá para regresar al Chocó. Con el tiempo, él mismo ha calificado esa decisión como “una de las grandes equivocaciones” de su vida profesional, un movimiento que aún no logra comprender del todo.
“Sinceramente, tengo que ser honesto: no encuentro una explicación clara. Vine por un proyecto de la emisora Platino Estéreo, pero no era solo por venir aquí… aún no termino de entenderlo ni sé exactamente por qué”, admite.
Jair Mosquera D’Perea regresó al Chocó para hacer de la radio comunitaria un servicio público al servicio de su gente. Foto de archivo.
El choque fue fuerte. Amigos y colegas no podían creer que cambiara Caracol Radio por la compleja realidad de su departamento. Los primeros años fueron difíciles, marcados por la precariedad, la frustración y la duda.
Sin embargo, ese aparente error se transformó con el tiempo en un propósito social. El regreso lo obligó a conocer de cerca una realidad que era imposible percibir desde la comodidad profesional de la capital. En un departamento históricamente afectado por el abandono estatal, la pobreza estructural y la violencia, Jair encontró una nueva motivación: hacer de la radio un servicio público, un espacio para recomponer el tejido comunitario desde la honestidad y la transparencia.
Platino Estéreo
El vehículo de esa misión es Platino Estéreo, una emisora que fundó y que con el tiempo ha migrado hacia la virtualidad. Jair no se asume como director, sino como un “amigo” y “coordinador” de un equipo interdisciplinario conformado por economistas, trabajadores sociales y periodistas formados.
El proyecto apuesta por la virtualidad para superar las barreras de conectividad del Chocó y, sobre todo, para informar a la diáspora chocoana en ciudades como Bogotá, Medellín o Cali sobre lo que ocurre en su territorio. Su espacio central es Noticias 7 A.M. Chocó.
La diferencia de Platino Estéreo frente a otros medios locales radica en su enfoque: informar sin adornos. “Informar, informar e informar”, repite Jair. El equipo evita el comentario excesivo y busca transmitir la realidad de forma concreta, veraz y transparente.
Desde Platino Estéreo, la radio se convierte en una herramienta de identidad, participación y transformación social en Condoto. Foto de archivo.
“La mejor labor es informar a la gente. No ponernos a comentar la noticia. Respetamos todo y tratamos de estar muy cerca de la gente, de transmitir lo que la gente necesita saber”, concluye.
La relación con la audiencia es directa: llamadas, mensajes y el voz a voz en la calle, donde los ciudadanos se acercan para pedir que se visibilicen problemas cotidianos como la basura, la pérdida de documentos o la falta de servicios. El periodista se convierte así en un puente entre la comunidad y la realidad, en un territorio donde el rumor suele competir con la información.
La relevancia de Platino Estéreo se mide en la fidelidad de sus oyentes. Franklin Emilio Castro Moreno, abogado de 67 años y oriundo de Condoto, la define como la “emisora bandera” de la región del San Juan. Tras vivir tres décadas en Bogotá, Franklin asegura que la información de Platino es suficiente para mantenerse actualizado y que su franja política cumple una función esencial: ejercer el rol del cuarto poder en un departamento donde la gente aún cree en la palabra dicha por la radio.
Desde la cabina, esa credibilidad se construye todos los días, no desde el espectáculo, sino desde la persistencia. Para Jair Mosquera D’Perea, haber cambiado la élite mediática por la frecuencia social no fue solo una decisión profesional: fue una forma de volver a escucharse con su territorio.





