Migración y redes sociales transforman la forma de hablar en Bogotá

Las dinámicas sociales, la llegada de nuevos habitantes y el impacto de las plataformas digitales han modificado las formas de expresión en la capital. Expertos y docentes explican cómo estos cambios influyen en el vocabulario, la comunicación cotidiana y la identidad lingüística de las nuevas generaciones.
 
En un salón de clase, un simple saludo puede revelar cómo ha cambiado la manera de hablar de los jóvenes. María Emilce Acosta, docente con más de 30 años de experiencia, ha escuchado entre sus estudiantes expresiones que antes no eran habituales. "Entre niños y niñas se saludan con ‘hola, marica’ o ‘parce’. Esas palabras tan fuertes uno las relaciona con el contexto social", cuenta.
 
Para la profesora, esas palabras no aparecen de manera aislada. Forman parte de los cambios sociales y culturales que también llegan a las aulas y transforman la manera en que los jóvenes se relacionan. En su experiencia, las diferencias en la forma de hablar son cada vez más evidentes.
 
"Yo he visto que han surgido más acentos de los que había antes. Es la misma vaina, pero con diferente forma de decirlo o de nombrarlo", explica. En sus clases, esas diferencias aparecen no solo en los acentos, sino también en las expresiones que los estudiantes utilizan para comunicarse entre ellos.
 
Bogotá tampoco suena igual en todos sus barrios. Durante décadas, el habla de la capital estuvo relacionada con el imaginario del bogotano tradicional, asociado al llamado "cachaco". Sin embargo, el crecimiento de la ciudad y la llegada de habitantes de diferentes regiones fueron mezclando formas de hablar que antes estaban vinculadas a otros territorios.
 
Para el profesor Juan Alberto Aldana, esa transformación está relacionada precisamente con las migraciones. "Con el aumento de la migración se empezaron a incorporar tantos términos y vocabulario como ciertas expresiones que venían de las regiones", explica.
 
La mezcla no ocurre únicamente cuando una persona llega a Bogotá. También aparece cuando esas formas de hablar entran en contacto con las que ya existen en la ciudad. Así, palabras y expresiones que antes podían estar relacionadas con determinados territorios comienzan a circular entre personas que comparten colegios, universidades, trabajos y espacios públicos.
 
Pero las calles ya no son el único lugar donde los jóvenes encuentran nuevas formas de hablar. Una parte de esas conversaciones también ocurre frente a una pantalla. YouTube, TikTok, Instagram y otras plataformas ponen a los jóvenes en contacto con voces y expresiones de diferentes lugares.
 
Aldana observa este fenómeno entre las nuevas generaciones. "Ahora es como un acento que es un revuelto de cosas provenientes de que su oralidad la desarrollan viendo videos en YouTube", afirma. Para él, las redes sociales han contribuido a que los jóvenes incorporen expresiones y maneras de hablar que ya no pertenecen necesariamente a una región específica.
 
Algunas de esas palabras pueden escucharse hoy en colegios, universidades y espacios públicos. "Parce", "qué chimba", "de una", "mero" o "me dio cringe" forman parte de conversaciones cotidianas entre jóvenes. Algunas expresiones vienen de otras regiones, mientras que otras circulan principalmente a través de la música, internet y las nuevas dinámicas culturales.
 
El profesor Carlos Andrés Pérez relaciona este fenómeno con la música que consumen las nuevas generaciones. Para él, géneros como el reguetón y el rap han contribuido a que expresiones que antes podían asociarse con determinados sectores sociales lleguen a otros públicos. "La cultura que se consume mucho viene de abajo", señala.
 
La música, entonces, no solo se escucha: también se habla. Una canción, un artista o una tendencia puede llevar una palabra de un barrio a otro hasta convertirla en una expresión reconocible para personas de diferentes contextos.
 
Para María Emilce, esos cambios también representan un reto dentro del colegio. Su labor no consiste simplemente en prohibir determinadas palabras, sino en enseñar a los estudiantes cuándo y cómo utilizarlas. Frente a expresiones que pueden resultar ofensivas en determinados contextos, procura ofrecer otras formas de comunicación.
 
"Más que corregir, es enseñarles a identificar el contexto", explica la docente. Para ella, el trabajo no termina en el salón de clase: "El trabajo es conjunto, tanto la familia como los maestros tienen que ir de la mano".
 
La transformación del habla bogotana, sin embargo, no comenzó con las redes sociales. Mucho antes de que los celulares ocuparan una parte importante de las conversaciones cotidianas, Bogotá ya estaba cambiando como consecuencia de sus transformaciones sociales y urbanas.
 
El profesor Francisco Javier Díaz relaciona esa evolución con los procesos que ha vivido la ciudad desde mediados del siglo XX. Desde su perspectiva, acontecimientos como el Bogotazo de 1948 estuvieron acompañados por desplazamientos internos y la llegada de nuevos habitantes, lo que contribuyó a la mezcla cultural de la capital.
 
"El lenguaje cambió porque empezó a llegar gente de varios lugares del país y se empezaron a mezclar las formas de hablar", explica Díaz. Para él, ese proceso hizo que el habla bogotana incorporara nuevas expresiones y perdiera parte de la homogeneidad que la caracterizaba décadas atrás.
 
La historia de la ciudad ayuda a entender por qué hoy resulta difícil hablar de un único acento bogotano. El Instituto Caro y Cuervo ha desarrollado investigaciones sobre el habla de Bogotá desde diferentes perspectivas. Su plataforma CLICC reúne, entre otros, el corpus del Habla Culta de Bogotá y el Español Hablado en Bogotá, investigaciones que permiten estudiar las distintas formas en que se expresa la población de la capital.
 
Uno de esos trabajos estudió específicamente las diferencias sociales del español hablado en Bogotá. La investigación, desarrollada desde el Departamento de Dialectología del Instituto Caro y Cuervo, buscó mostrar las variedades sociales del español bogotano.
 
La idea de un único "acento bogotano" también es cuestionada por Alejandro Correa, investigador del Instituto Caro y Cuervo. En una entrevista publicada por Caracol Radio, explicó que el español hablado por los habitantes de Bogotá no puede considerarse una variedad "neutra", pues las variaciones melódicas y rítmicas hacen parte de la comunicación y de la identidad de quienes hablan.
 
El investigador también señala que el habla bogotana tiene características propias en su pronunciación. De esta manera, más que existir una única forma de hablar, la ciudad reúne distintas maneras de expresarse que pueden variar según las personas, sus contextos y sus experiencias.
 
Para Francisco Díaz, la transformación tampoco terminó con los acontecimientos del siglo pasado. Bogotá continúa modificando su manera de comunicarse a medida que crece y recibe habitantes de diferentes regiones y países. Ese intercambio permanente permite que nuevas palabras entren en las conversaciones cotidianas.
 
El docente considera, además, que los espacios presenciales continuarán teniendo importancia a pesar del crecimiento de las tecnologías. "Los barrios están cogiendo cada vez más fuerza y la gente quiere irse allá", afirma. Parques, cafés, restaurantes y otros lugares de encuentro siguen siendo escenarios donde las personas conversan y ponen en circulación nuevas formas de expresión.
 
En esos espacios, una palabra puede viajar de un barrio a otro, aparecer después en una canción, convertirse en tendencia en internet y terminar en una conversación entre estudiantes. En ese recorrido también puede cambiar su significado y la manera en que las personas la utilizan.
 
Por eso, hablar de la transformación del habla bogotana no significa únicamente decir que unas palabras desaparecieron y otras llegaron. Significa observar cómo una ciudad que recibe personas, culturas, sonidos e influencias diferentes también transforma su manera de comunicarse.
 
En un salón de clase, en un parque o frente a la pantalla de un celular, Bogotá sigue construyendo su manera de hablar. El antiguo imaginario del "cachaco" todavía hace parte de la historia de la ciudad, pero ya no es la única voz que se escucha. Entre migraciones, música, barrios y redes sociales, Bogotá no ha dejado de hablar: simplemente ha aprendido nuevas formas de hacerlo.
 
 
 

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