Por: Melissa Borja Rivera
Corrección por: Ximena García Gallego
Ilustración por: Julián Díaz
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Precisamente por esa enorme influencia cultural, muchas narrativas presentes en la plataforma han sido criticadas por romantizar relaciones tóxicas, celos excesivos, manipulación emocional y modelos de masculinidad dominante. Sin embargo, aunque estas críticas son válidas y necesarias, considero exagerado afirmar que las mujeres consumen estas historias de manera ingenua o automática. Pensar eso implica asumir que las lectoras no tienen capacidad crítica.
Uno de los problemas más evidentes dentro de este debate es que muchas veces ciertos discursos terminan contradiciéndose. Por un lado, se insiste en que las mujeres son sujetos autónomos, racionales y capaces de tomar decisiones conscientes sobre sus vidas. Pero, por otro lado, cuando una mujer disfruta una historia romántica “problemática”, inmediatamente aparece la idea de que está normalizando la violencia o deseando relaciones abusivas en la vida real. Es decir, pareciera que las mujeres pueden pensar críticamente sobre política, trabajo, economía o derechos sociales, pero dejan de hacerlo apenas leen ficción romántica. Esa lógica resulta profundamente paternalista porque termina tratando a las lectoras como si fueran incapaces de diferenciar entre fantasía y realidad.
Gabriela Castellanos Llanos (2006) explica precisamente que el feminismo ha estado históricamente dividido frente a las representaciones sexuales consideradas problemáticas. Las corrientes anti pornografía sostienen que ciertas narrativas reproducen violencia simbólica y subordinación femenina, ya que muchas veces presentan mujeres pasivas y hombres dominantes. Desde esta perspectiva, consumir estas historias contribuye a normalizar relaciones desiguales. Por otro lado, las posturas pro-sexo consideran que censurar el deseo femenino también constituye una forma de control sobre las mujeres. Castellanos no propone una censura absoluta, pero sí invita a analizar críticamente cómo funcionan estas representaciones dentro de contextos marcados por desigualdades de género. Lo interesante de su postura es que reconoce la complejidad del problema sin reducirlo a respuestas simples.
Precisamente ahí aparece uno de los puntos más importantes de esta discusión: reconocer la existencia de violencia simbólica no significa negar la capacidad crítica de las lectoras. Muchas veces parece que algunas críticas olvidan que las personas no consumen ficción de manera completamente literal. Janice Radway (2000), en su clásico estudio sobre novelas románticas, sostiene que las mujeres utilizan estas historias como espacios de escape emocional, entretenimiento y negociación afectiva frente a las tensiones de la vida cotidiana. Las lectoras no simplemente “obedecen” lo que leen. Por el contrario, interpretan, cuestionan, imaginan y resignifican constantemente las narrativas románticas. Esto contradice directamente la idea de que toda ficción romántica produce automáticamente sumisión femenina.
Además, resulta curioso que esta preocupación aparezca principalmente cuando las consumidoras son mujeres jóvenes. Nadie afirma seriamente que todas las personas que juegan videojuegos violentos terminarán convirtiéndose en criminales. Tampoco se sostiene que ver películas de acción haga que los hombres quieran resolver todo mediante violencia física. Sin embargo, cuando las mujeres consumen ficción romántica, sí aparece constantemente la idea de que podrían confundir fantasía y realidad. Este doble estándar evidencia que todavía existe cierta desconfianza hacia el deseo femenino. Pareciera que las fantasías masculinas son entendidas como entretenimiento, mientras que las femeninas deben justificarse constantemente para no ser consideradas peligrosas.
Aquí incluso puede utilizarse una analogía literaria bastante clara. En Don Quijote de la Mancha, el protagonista pierde la razón debido a su obsesión con las novelas de caballería. Sin embargo, nadie interpreta la obra de Cervantes como una advertencia literal de que las personas imitan automáticamente todo lo que leen. Nadie piensa seriamente que leer fantasía medieval convierte a alguien en caballero andante. Entonces, ¿por qué sí se insiste en que una mujer que disfruta una historia romántica sobre un personaje problemático necesariamente buscará una relación abusiva en la vida real? Seguir esa lógica implicaría asumir que las mujeres no poseen pensamiento crítico propio, como si fueran incapaces de separar ficción y experiencia cotidiana.
Eso no significa negar que muchas narrativas de Wattpad efectivamente reproducen relaciones problemáticas. Existen historias donde los celos excesivos son presentados como pruebas de amor, donde el control emocional se romantiza y donde la protagonista femenina termina subordinando completamente sus deseos al protagonista masculino. El ensayo Las niñas que aprendieron a amar en Wattpad critica precisamente cómo ciertas historias convierten a la mujer en una extensión del deseo masculino. Ese argumento es válido porque demuestra que la ficción sí participa en la construcción de imaginarios afectivos y expectativas románticas. Ignorar completamente esa influencia sería ingenuo.
Sin embargo, considero que el problema principal no está en la existencia de estas historias, sino en la ausencia de educación afectiva y pensamiento crítico. Prohibir o ridiculizar a las jóvenes por leer romance no elimina las desigualdades de género. De hecho, históricamente la sexualidad femenina siempre ha sido vigilada y controlada por instituciones sociales, religiosas y culturales. Durante siglos, las mujeres fueron consideradas demasiado emocionales o demasiado “débiles” para tomar decisiones sobre su propio deseo. Por eso resulta contradictorio que algunos discursos contemporáneos continúen actuando como si las mujeres necesitaran supervisión constante sobre aquello que pueden o no pueden fantasear.
María Inés Martínez Echagüe (2018) afirma que el feminismo debe reflexionar sobre la construcción del deseo sin imponer qué deben desear las mujeres. Este argumento resulta fundamental porque el deseo humano no siempre es racional ni políticamente correcto. Las personas pueden sentirse atraídas por fantasías contradictorias sin querer reproducirlas en la realidad. Precisamente la ficción existe como espacio simbólico para explorar emociones complejas, contradicciones y conflictos internos. Muchas lectoras disfrutan historias problemáticas no porque quieran vivirlas literalmente, sino porque la ficción permite experimentar emociones intensas desde un espacio seguro e imaginario.
Otro aspecto importante es que Wattpad no reproduce únicamente modelos tradicionales de romance. La plataforma también ha permitido que miles de mujeres escriban historias sobre sexualidades diversas, protagonistas femeninas autónomas y relaciones no heteronormativas. Marlene Bustos (2013), en su investigación sobre fanfics escritos por mujeres, demuestra que muchas autoras utilizan la ficción digital para construir nuevas formas de representación del deseo femenino. Esto evidencia que las plataformas digitales funcionan simultáneamente como espacios de reproducción y transformación cultural. Reducir Wattpad únicamente a historias tóxicas sería ignorar toda la diversidad narrativa que también existe dentro de la plataforma.
También es importante recordar que las relaciones conflictivas existen en la literatura mucho antes de Wattpad. Obras clásicas como Romeo y Julieta, Cumbres borrascosas o Madame Bovary presentan vínculos atravesados por obsesión, dependencia emocional y desigualdad. Incluso fenómenos contemporáneos como Cincuenta sombras de Grey fueron criticados por romantizar dinámicas de dominación. Begonya Enguix y Francesc Núñez (2015) explican precisamente que el posfeminismo contemporáneo negocia constantemente placer y poder dentro de relaciones marcadas por desigualdades de género. Por lo tanto, el problema no nació con Internet. Lo que cambió fue la velocidad y masividad con la que estas historias circulan actualmente.
Por esta razón, me parece simplista afirmar que Wattpad “arruinó” la manera en que las jóvenes entienden el amor. Las relaciones desiguales existían mucho antes de las plataformas digitales. La diferencia es que ahora las mujeres pueden escribir, comentar y reinterpretar sus propias historias. Las lectoras ya no son únicamente consumidoras pasivas; también participan activamente en la producción cultural. Muchas jóvenes utilizan Wattpad para explorar emociones, compartir experiencias e incluso cuestionar modelos tradicionales de feminidad y masculinidad. Esto demuestra que las plataformas digitales son espacios profundamente contradictorios, donde pueden coexistir tanto estereotipos problemáticos como formas alternativas de representación.
Además, muchas jóvenes feministas son plenamente conscientes de las contradicciones presentes en las historias que consumen. Giuliana Pates (2022) analiza precisamente el llamado “gusto vergonzante” asociado al romance juvenil. Muchas lectoras sienten presión por justificar sus gustos debido a la idea de que una mujer feminista debería consumir únicamente contenidos “correctos”. Sin embargo, las personas son mucho más complejas que sus consumos culturales. Una mujer puede defender relaciones igualitarias y, al mismo tiempo, disfrutar ficción romántica con elementos problemáticos sin querer reproducirlos en la vida real.
El verdadero problema aparece cuando se reemplaza el análisis crítico por la censura moral, en los últimos años se ha adoptado la autocensura para evitar la famosa “cancelación” de las redes sociales, ¿por qué elegir blanco o negro en lugar de cuestionar nuestra capacidad crítica? Resulta mucho más útil enseñar a identificar dinámicas tóxicas que simplemente prohibir historias románticas. Una lectora puede disfrutar una narrativa sobre un personaje problemático y, al mismo tiempo, reconocer que ciertas conductas serían inaceptables en una relación real. Las mujeres no son sujetos incapaces de separar fantasía y realidad. Pensar lo contrario implica continuar reproduciendo la idea de que las mujeres necesitan supervisión constante sobre aquello que desean, leen o imaginan.
En conclusión, las narrativas románticas de Wattpad reflejan tensiones contemporáneas entre deseo, autonomía y desigualdad de género. Aunque muchas historias reproducen masculinidad hegemónica y violencia simbólica, esto no significa que las mujeres sean incapaces de consumirlas críticamente. Reivindicar el deseo femenino implica reconocer precisamente la capacidad de las lectoras para interpretar, cuestionar y reflexionar sobre aquello que consumen. Pensar lo contrario no solo resulta reduccionista, sino también profundamente paternalista.
Considero que la educación y el pensamiento crítico son herramientas fundamentales para enfrentar la autocensura y reflexionar sobre los discursos que moldean nuestra manera de entender el amor, el deseo y las relaciones humanas. No es posible construir nuevas perspectivas si nunca cuestionamos aquello que nos forma culturalmente. Después de todo, como planteaba Hans Robert Jauss, toda lectura está atravesada por un “horizonte de expectativas”: un conjunto de experiencias, valores y referencias previas desde las cuales interpretamos el mundo. Precisamente por eso, las lectoras no reaccionan de manera idéntica frente a una misma historia, sino que la reinterpretan desde su propia experiencia y capacidad crítica.
Buscar un resultado diferente haciendo lo mismo es algo que se esperaría de una IA, no de los seres humanos. (melissa)
Referencias:
-Enguix, B., & Núñez, F. (2015). Género, sexualidad y posfeminismo en Cincuenta sombras de Grey.
-Martínez Echagüe, M. I. (2018). Feminismo y deseo. Pates, G. A. (2022). Si Romeo y Julieta vivieran.
-Radway, J. (2000). Reading the romance.
-Wattpad. (2024). About Wattpad. https://company.wattpad.com/








