“La escuela está muy detenida en el tiempo”: Julián de Zubiría

Julián de Zubiría cuestiona una escuela que, según él, sigue anclada al pasado. En una conversación sobre educación, inteligencia artificial, Estado y familias, advierte que formar pensamiento crítico exige transformar el modelo educativo sin perder la esperanza. 

 

Julián de Zubiría es un reconocido educador y referente en el debate sobre la educación en Colombia. Durante más de tres décadas ha cuestionado la manera en que funciona el sistema educativo del país y ha planteado la necesidad de repensar qué se está enseñando en las aulas y cómo se está preparando a los jóvenes para enfrentar su futuro. En un momento en el que las redes sociales, la tecnología y la inteligencia artificial hacen parte de la vida cotidiana, también surge la necesidad de preguntarse qué papel deberían tener estas herramientas dentro de la educación y cómo pueden influir en la manera en que los estudiantes aprenden y piensan. 

Si hoy tuviera 16 años y entrara a un salón de clases, ¿cree que tendría ganas de aprender con el modelo educativo actual? 

En realidad, no. La escuela actual es muy desmotivante. Tenemos una escuela muy rutinaria, muy fragmentada; los contenidos de una asignatura prácticamente no tienen nada que ver con los de la otra. Tenemos un sistema organizado por grados, cosa que es equivocada porque también ayuda a la fragmentación. Son muchachos viendo ecuaciones diferenciales de segundo grado, pero con gran dificultad para saber quiénes son ellos, para dónde van, cuáles son sus proyectos de vida, por qué se enamoran de quienes se enamoran, por qué les gusta una música y no otra; con gran dificultad para valorar a los otros, para captar las diferencias. Han sido criados en un contexto digital: escriben en teclado, leen en smartphone y el smartphone distancia de quien está al lado mío. Por lo tanto, no; yo creo que es un contexto, en general, muy desmotivante.

Teniendo en cuenta su experiencia como educador y su paso por un colegio público del sur de Bogotá, ¿qué lo llevó a crear la Pedagogía Dialogante? ¿Ese contexto influyó en su manera de entender las falencias del sistema educativo? 

Sí. Yo inicié hace mucho, en un colegio del sur, en un colegio público, y veía una escuela muy desconectada de la realidad, una escuela que impactaba muy poquito a los alumnos. Es decir, los alumnos están en la escuela y el interés y el desarrollo es muy bajo. ¿De qué? De pensamiento, de lectura, de análisis, de escritura. Cuando yo empezaba, los estudios me mostraban que casi daba lo mismo ir a la escuela que no ir.

Incluso encontraba que, en ciertas cosas, era un poco mejor no ir. Por ejemplo, encontramos hace mucho, en los años 80, que para desarrollar la inteligencia práctica era mejor no ir a la escuela. Eso sí fue muy triste y preocupante en términos del desarrollo moral.

Encontrábamos que no tenía una ventaja quien tenía un mayor nivel de escolaridad frente a quien no lo tenía. Y por eso es que yo decido crear un proyecto, porque me parece que la escuela está muy detenida en el tiempo, ha cambiado muy poquito en los últimos 100 años, muy poquito. Eso es probablemente la institución más conservadora hoy por hoy, porque cambiar la escuela es cambiar la cultura. 

Su modelo lo desarrolló y lo aplicó en el Instituto Alberto Merani, que es un colegio privado. ¿Qué tan realista es pensar que eso mismo se puede aplicar en un colegio público, donde no hay ni los recursos ni las condiciones que tiene un colegio como el suyo?  

Claro, pero sin ninguna duda. Yo acompañé a la Secretaría de Educación de Bogotá y me hice cargo, hace unos 20 años, de 40 colegios. Llevamos una de las ideas a esos colegios y Bogotá avanzó bastante. La capital es una de las ciudades que tiene, en general, un buen desarrollo porque ha tenido muy buenos secretarios. Entonces, lo pusimos a prueba en colegios públicos. 

Yo también he acompañado un departamento entero, el departamento del Magdalena, que está en un nivel bajísimo, y ahí va mejorando poco a poco gracias a que estamos incentivando la comprensión lectora. También acompañé a todos los colegios públicos de Tunja durante cuatro años y, desde ese momento, cuando empecé, en 2010, hace ya 16 años, Tunja se convirtió en la capital del país con mejores resultados en las pruebas Saber del país, y el balance de Tunja es muy destacado. 

Entonces, sí, claro que se puede llevar a la educación pública. Estos proyectos no requieren mucha inversión; lo que requieren son buenas ideas y maestros comprometidos. Sí requieren mucha formación de maestros, eso sí. 

¿Qué considera que sigue siendo el principal obstáculo para transformar la escuela? 

Se requiere un apoyo más grande del Estado. ¿Por qué? Porque cuando se hacen las pruebas Saber Pro para todos los profesionales del país, los últimos en lectura son los que van a ser maestros. Los últimos en razonamiento numérico son los que van a ser maestros. Entonces, el país le dijo a los que peor leen: “Por favor, enseñen a leer a los niños”, y a los que peor razonan numéricamente: “Por favor, enseñen matemáticas a los niños”. 

Entonces, el nivel de formación es muy malo; hay unos problemas muy estructurales en la educación. Entonces, está muy metida la escuela tradicional en las facultades de educación, entre los padres de familia, entre los maestros. Cambiar eso es muy complejo. 

Yo me siento muy satisfecho del trabajo que hemos hecho, pero es muy quijotesco porque es un pequeñito grupito tratando de transformar a una comunidad de rectores, de maestros, de secretarios de educación, a maestros que dicen: “Es que esto no se puede cambiar”. 

¿Qué tanto ha cambiado la manera en que la sociedad entiende los problemas de la educación en Colombia? 

La población es un poquito más consciente. Hace 15 años, la población creía que la educación era muy buena. Estaba totalmente confundida. Hoy es más consciente. 

Pero aquí tengo que ser muy crítico con los jóvenes. Los jóvenes actuales son menos conscientes de unos problemas muy serios que está teniendo leer en dispositivos electrónicos, no escribir a mano, no leer con un texto impreso. Por ejemplo, ¿qué es lo que pasa? En un texto impreso, yo subrayo, uso colores distintos, pongo notas aquí al lado, hago alguna gráfica, algún nexo de una idea con otra idea, vuelvo muy fácil a un párrafo anterior. Me facilita mucho el texto impreso la relectura, que es la clave de la comprensión. 

Lo que estamos viendo es que los jóvenes actuales leen muy poquito, pero muy mal. Tienen, este es un término de un psicólogo norteamericano, Howard Gardner, una mente de saltamontes. La atención se pierde. ¿Y qué efecto tiene la atención baja? Que la comprensión es baja. 

¿Yo puedo leer tres cosas al tiempo? No. El cerebro está diseñado para otra cosa. Estamos ante un cambio del cerebro, del cerebro. O sea, el cerebro de los jóvenes actuales empezó a ser distinto. Las neuronas que estaban especializadas en la lectura se están yendo a neuronas especializadas en un medio nuevo. Esto está complejísimo a mediano plazo. Por eso, en días recientes hemos visto cómo cae la comprensión lectora en el mundo. 

A partir de lo que acaba de mencionar sobre que los jóvenes están muy conectados a la tecnología, ¿cree que la inteligencia artificial es una amenaza para el pensamiento crítico o una oportunidad para fortalecerlo? 

En este contexto es una amenaza terrible, porque los jóvenes leen muy mal, comprenden muy poco, leen y no disfrutan, le piden a ChatGPT que les haga las tareas. En todo el mundo, las tareas están muy bien escritas, las calificaciones están altísimas y, cuando llegan los exámenes, todo se desploma. 

La IA es una joya si está en manos de alguien con pensamiento muy desarrollado, argumentado, hipotético, deductivo. La IA es una cosa espectacular si quien la usa tiene las competencias. El problema es que no puede estar en manos de niños, no puede estar en manos de jóvenes con niveles de lectura, pensamiento y autonomía. Y hoy encontramos que se generalizó el uso desde muy temprano. 

Yo no estoy en contra de la IA, pero sí estoy en contra de la IA en manos de personas, de jóvenes, de niños con bajo nivel de autonomía, lectura y pensamiento. Ahí es donde hace daño. 

¿Qué responsabilidad tienen los padres en la relación que los niños y jóvenes construyen con la tecnología y las pantallas? 

Yo te lo voy a sintetizar con una sola idea. Los padres se volvieron muy sobreprotectores en el mundo real. El niño no puede salir a jugar, al parque, a la calle, no puede ir donde los amigos, no puede ir donde los vecinos, porque todo para los nuevos padres es peligroso. 

Pero se volvieron totalmente permisivos en el mundo virtual. No los dejan estar en la calle, pero los dejan tener novias, novios que no tienen ni idea de quiénes son. Algunos de ellos son máquinas. Hay muchachos que empezaron a tener una relación afectiva con ChatGPT confidencial. Hoy está generalizado eso en el mundo. Creen que están hablando con un psicólogo y están hablando con una máquina. 

¿Quién los volvió así? Los padres. Si tú vas a un restaurante, cualquiera, y te sientas, en la mesa de al lado está el papá tomando vino y está el niñito con el celular del papá. Son los padres los que volvieron adictos a los niños. ¿Qué hace un niño de 11 años encerrado en una casa? No, pues obviamente hoy por hoy, acceder a pantallas. ¿Qué hacían los niños de 11 años hace 20, 30, 40 años? Pues salir a la calle. 

PISA acaba de mostrar que los niveles de esfuerzo cada vez son menores, los niveles de resiliencia son cada vez menores, los muchachos no trabajan por planes, se esfuerzan mucho menos, porque es que, claro, ¿qué hace un muchacho cuando está aburrido? Estar en el celular. Entonces, ni siquiera se enfrenta al problema. Esto es muy complejo porque es muy cultural. 

Si tuviera un minuto para dejar un mensaje a los jóvenes que construirán el país en los próximos veinte años, ¿qué les diría?

Cuando yo era muy joven, nosotros vivimos un periodo muy complejo y era la posibilidad de que hubiera una guerra nuclear que acabara la vida sobre la Tierra. Y eso era todos los días. Veíamos un enfrentamiento entre la Unión de Repúblicas Soviéticas y Estados Unidos. Nosotros salimos a la calle para detener eso y para detener la guerra en Vietnam, y la detuvimos. ¿Por qué? Porque nosotros creíamos que podíamos detenerla, teníamos esperanza. 

Los jóvenes hoy también salen a la calle, tienen sus luchas muy bellas, muy importantes, por ejemplo, el calentamiento de la Tierra. Es muy común ver a los jóvenes del mundo luchando contra el calentamiento. Pero cuando yo les pregunto a los jóvenes: “¿Ustedes creen que se va a detener el calentamiento?”, me dicen: “No”. Y ahí sí veo un cambio muy grave.  

 

 

 

 

 

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

Institución de Educación Superior sujeta a inspección y vigilancia por el Ministerio de Educación Nacional.