En búsqueda de la vida, equilibrio y futuro

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En búsqueda de la vida, equilibrio y futuro
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Miércoles, Octubre 21, 2026
Hoy tenemos una oportunidad para detenernos a reflexionar sobre la naturaleza que sostiene la vida en Colombia. El país alberga una proporción muy alta de la biodiversidad del planeta en un territorio relativamente pequeño. Esa riqueza no es solo un patrimonio para admirar: es la base del agua, los alimentos, el clima y la salud de millones de personas. La biodiversidad colombiana se expresa en la flora, la fauna y la funga.  

Por: Luisa Fernanda Onofre Enciso 

Corrección: Amily Díaz  

Fotografías por: Daniel Melgarejo 

La flora incluye miles de especies de plantas vasculares, muchas de ellas endémicas de los Andes, el Chocó biogeográfico y la Amazonía. Colombia figura entre los países con mayor diversidad de orquídeas, y sus páramos, bosques andinos y humedales albergan especies que no existen en ninguna otra parte del mundo (Ulloa Ulloa et al., 2017). La fauna es igualmente excepcional. El país tiene uno de los registros de aves más altos del mundo, y sus ecosistemas albergan mamíferos, anfibios, reptiles y peces de gran valor ecológico y cultural. Estas especies cumplen funciones esenciales, como la polinización, la dispersión de semillas y el control de plagas. La funga, es decir, la biodiversidad presente en los hongos, el cual es uno de los grupos menos visibles, pero más determinantes. Se estima que el número de especies de hongos del planeta podría superar los dos millones y medio, y la mayoría aún no ha sido descrita (Hawksworth & Lücking, 2017). En Colombia, los hongos micorrízicos conectan las raíces de las plantas con el suelo, mejoran la absorción de nutrientes y sostienen la regeneración de los bosques. Los hongos descomponedores reciclan la materia orgánica y hacen posible el ciclo de nutrientes que sustenta toda la cadena trófica (Dighton, 2016). 

Los servicios ecosistémicos son los beneficios que las personas obtienen de los ecosistemas. La Evaluación de Ecosistemas del Milenio los clasificó en cuatro categorías:, el servicio de provisión, se compone esencialmente por alimentos, agua, madera, fibras y medicinas;. el servicio de regulación, se constituye por el clima, la calidad del aire, control de inundaciones y polinización;. el servicio cultural es integrado por la recreación, la identidad y conocimiento; y, finalmente el servicio de soporte trata de la formación del suelo y el ciclo de nutrientes (Millennium Ecosystem Assessment, 2005). Costanza et al. (1997) estimaron que el valor económico de los servicios ecosistémicos del planeta superaba, en promedio, el producto interno bruto global de la época, aunque la cifra se discute por la dificultad de valorar la naturaleza en dinero. En Colombia, los páramos regulan el agua que abastece a ciudades como Bogotá y Medellín, y los bosques húmedos tropicales estabilizan el clima regional al producir humedad y lluvias que alimentan los ríos y la agricultura. 

Sin embargo, la evaluación global de la IPBES (2019) advierte que cerca de un millón de especies enfrentan riesgo de extinción, sobre todo por cambios en el uso de la tierra, deforestación, contaminación y cambio climático. Díaz et al. (2019) llaman a transformar los sistemas productivos y sociales para detener esa pérdida. El llamado fenómeno de El Niño en su oscilación del Sur es un patrón natural de calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico tropical oriental que altera la circulación atmosférica en todo el mundo (Trenberth, 1997). En Colombia, sus efectos son marcados: reduce las lluvias en las regiones Andina y Caribe, disminuye el caudal de los ríos, incrementa la probabilidad de incendios forestales y expone a los ecosistemas al estrés hídrico. Poveda et al. (2001) mostraron que esta variabilidad influye en la precipitación, la humedad del suelo y los caudales de los ríos colombianos. 

Durante episodios intensos, la sequía afecta la floración y la fructificación de las plantas, reduce el alimento disponible para la fauna, altera la reproducción de anfibios y aves, y debilita a los hongos del suelo, que dependen de la humedad. A esto se suman los efectos sociales: pérdida de cosechas, desabastecimiento de agua y mayor presión sobre los bosques remanentes. Glantz (2001) documenta que estos impactos se amplifican cuando los ecosistemas ya están degradados, lo que muestra que conservar la naturaleza también es una estrategia de adaptación climática. 

En Bogotá, la Universidad Jorge Tadeo Lozano (UTadeo) ha construido una trayectoria destacada en ciencias ambientales y del mar. Su programa de Biología Marina, que tiene más de seis décadas de historia en Colombia, ha formado biólogos que hoy investigan la conservación de ecosistemas marinos, la pesca y la acuicultura. En el Caribe, el programa lidera proyectos de restauración de arrecifes, y su sede en Santa Marta estudia la diversidad de peces, corales, manglares y pastos marinos de la región. El programa de Biología Ambiental, con registro calificado vigente, complementa esta mirada con la investigación en ecosistemas continentales. Según la prensa nacional, la universidad ha trabajado con la Pennsylvania State University en la protección y conservación de los páramos, especialmente en zonas afectadas por el cambio climático (El Espectador, 2025). La institución también participa desde 2022 en la Colombia–USA WEF Nexus Alliance, que estudia las relaciones entre agua, energía y alimentos (Vargas Solano, 2026). Además, en el marco del Programa Antártico Colombiano, sus investigadores estudian la ecología del plancton marino y la contaminación por microplásticos en el krill (Vargas Solano, 2026). 

El Día Mundial de la Protección de la Naturaleza invita a reconocer que la diversidad biológica colombiana es un activo estratégico. Proteger los bosques, los páramos, los humedales, los mares y los suelos vivos no solo preserva especies emblemáticas, sino que también garantiza el agua, la producción de alimentos y la resiliencia frente a eventos extremos como El Niño. La investigación científica, incluida la que se desarrolla en universidades como la Tadeo, es clave para entender estos sistemas y tomar mejores decisiones. 

 

Referencias: 

Costanza, R., d'Arge, R., de Groot, R., Farber, S., Grasso, M., Hannon, B., Limburg, K., Naeem, S., O'Neill, R. V., Paruelo, J., Raskin, R. G., Sutton, P., & van den Belt, M. (1997). The value of the world's ecosystem services and natural capital. Nature, 387(6630), 253–260. https://doi.org/10.1038/387253a0. 

Dighton, J. (2016). Fungi in ecosystem processes (2.ª ed.). CRC Press. 

Díaz, S., Settele, J., Brondízio, E. S., Ngo, H. T., Agard, J., Arneth, A., ... Zayas, C. N. (2019). Pervasive human-driven decline of life on Earth points to the need for transformative change. Science, 366(6471), eaax3100. https://doi.org/10.1126/science.aax3100. 

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