Brujas: invención económica y arrebatamiento de la autonomía

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Brujas: invención económica y arrebatamiento de la autonomía
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Jueves, Octubre 29, 2026
Crecimos pensando que la caza de brujas fue un acontecimiento auspiciado por la Iglesia católica durante la edad media, en el cual se le adjudicaba el término “bruja” o “brujo” a personas relacionadas estrictamente con lo esotérico, lo demoníaco, la magia y a quienes tenían un físico alejado del canon. La verdad, sin embargo, es que la caza de brujas fue un proceso moderno, movido por intereses económicos y estatales, que dejó como saldo la muerte de entre 40.000 y 100.000 personas, pertenecientes mayoritariamente a las clases bajas.

Por: Alejandra Gutiérrez @linalejandrag

Corrección por: Seryme Pérez @seryme_perez

Ilustración por: Alejandra Ortiz- Nïxe @miumiumuri666

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Esto pasó entre los siglos VX y XVIII en gran parte de Europa y América y sus antecedentes están ligados a la crisis de la peste negra durante el siglo XVI que provocó la muerte de aproximadamente el 40% de la población europea. Con la caída demográfica, la mano de obra escaseó y su costo aumentó considerablemente. Esto trajo como consecuencia que el poder privatizara las tierras, lo que tuvo repercusiones en la autonomía económica de quienes trabajaban el campo.

Todo esto tiene poco que ver con las creencias religiosas y mucho con la economía política. Cuando las tasas de natalidad cayeron y se tradujeron en una falta crítica de mano de obra para el sistema naciente, se desató una persecución sistemática para recortar la autonomía de las mujeres: ilegalizar la anticoncepción y el aborto y censurar la libertad sexual, encerrándolas en el hogar y obligándolas a parir para crear obreros.

Para lograrlo encontraron un obstáculo y, al mismo tiempo, la excusa perfecta. El gran impedimento era el profundo conocimiento que tenían las mujeres en medicina tradicional, el cual les otorgaba autonomía y capacidad de decisión sobre sus propios cuerpos. Para arrebatarles ese poder, la iglesia y el estado renombraron sus saberes como “brujería”. En 1484, el papa Inocencio VIII autorizó la persecución mediante una bula papal, y en 1487 se publicó el Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas), escrito por Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger. Este libro funcionó como un manual que dictaba a los jueces cómo identificar, interrogar y torturar a los sospechosos. La falta de garantías no solo derivó en denuncias falsas, sino en miles de muertes no registradas debido a los linchamientos y las torturas durante las detenciones.

Aunque los registros señalan que ambos sexos sufrieron acusaciones, las mujeres fueron perseguidas y ejecutadas en mayor medida, representando más del 75% de las condenas a muerte en Europa, concentrándose en las mujeres pobres, viudas, ancianas e independientes.

Esto derivó en el sometimiento de las mujeres al ámbito doméstico y la consolidación del rol masculino en la ciencia médica. La creación de universidades católicas exclusivas para hombres amplió la brecha que separaba el saber femenino, clasificado como brujería, del conocimiento masculino, bautizado como ciencia.

La cacería se detuvo en 1650, cuando las acusaciones empezaron a llegar a las clases medias y tras haber destruido los lazos de solidaridad comunitaria femenina. La estrategia funcionó: aumentó la natalidad, se sometió a las clases populares y el conocimiento medicinal fue arrebatado a las mujeres. Esta no pasó solo en Europa, en Colombia se utilizó para neutralizar los procesos revolucionarios de las mujeres afrodescendientes y esclavizadas, así como en otras partes del mundo la figura de la bruja fue creada para erradicar o propiciar un “crecimiento” económico, estatal, político y religioso.

La caza de brujas fue la tumba del conocimiento intelectual de las mujeres y la clase obrera, sus secuelas persisten en prácticas como el parto vertical proscrito o el desconocimiento médico del cuerpo femenino, así como en las leyes que restringen la autonomía reproductiva y los discursos que perpetúan el control sobre nuestras vidas. Por ello no se puede ver como un acontecimiento pasado, sino como una historia que vive en cómo se ve el cuerpo femenino y el tabú alrededor del conocimiento de poblaciones históricamente vulnerables.

 

Referencias

 

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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