Desde la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, Leydi Diana Usaquín Ruiz acompaña a familias de distintos territorios del país en la construcción de proyectos productivos legales y sostenibles.
Desde una oficina en el centro de Bogotá, Leydi trabaja para la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito de la Agencia de Renovación del Territorio. Sin embargo, esa no es su única oficina. Las veredas del Putumayo, Nariño, Bajo Cauca, Meta y Antioquia también hacen parte de su lugar de trabajo. Allí, el conflicto armado, la falta de vías, la ausencia de servicios básicos y las largas distancias forman parte de la cotidianidad de las comunidades.
La dimensión del desafío se refleja en las cifras oficiales. Según el informe Monitoreo de territorios con presencia de cultivos de coca 2024, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y el Gobierno colombiano, el país registró cerca de 261.000 hectáreas sembradas con coca al cierre de ese año, un aumento del 3,5 % frente a 2023. En la región Putumayo-Caquetá, donde Leydi desarrolla parte de su trabajo, el área pasó de 56.933 a 49.190 hectáreas.
Por su parte, el informe de gestión de 2025 de la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito señala que RenHacemos, puesto en marcha en febrero de ese año, llegó a 23 municipios de siete departamentos y registró 24.210 familias, de las cuales 8.178 tenían aprobación para participar en el programa.
Leydi comenzó como técnica en el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS). Hoy es profesional ambiental del programa RenHacemos, desde donde acompaña a las comunidades que deciden dejar los cultivos de coca para construir proyectos de vida legales y sostenibles.
Su trabajo no consiste únicamente en revisar documentos. Antes de aprobar un proyecto productivo, verifica que no afecte parques nacionales, reservas forestales, humedales o zonas de importancia ambiental. Si una familia desea criar ganado dentro de un área protegida, debe explicarle por qué esa actividad no es viable y ayudarla a encontrar una alternativa que permita proteger el territorio.
Su labor también implica viajar constantemente. Llegar hasta las comunidades no siempre es fácil, ni para los beneficiarios ni para los profesionales. En muchos casos, solo es posible acceder a los territorios en lancha, moto, mula o por carretera en determinados horarios. En ocasiones, deben terminar las jornadas antes de las tres de la tarde por razones de seguridad o porque el nivel de los ríos cambia rápidamente.
El programa también organiza ferias con los beneficiarios en diferentes territorios. Para Leydi y los demás profesionales, estas jornadas comienzan alrededor de las seis de la mañana, cuando preparan los equipos de trabajo: computadores, impresoras, conexión a internet satelital Starlink y plantas eléctricas. Estos dos últimos recursos son fundamentales, pues no todos los territorios cuentan con acceso permanente a energía eléctrica o conexión a internet. Después organizan los espacios de atención con mesas y sillas para recibir a los beneficiarios.
Hacia las ocho de la mañana comienza la atención. Los beneficiarios pasan por diferentes etapas: verificación de identidad, revisión del proyecto productivo, consulta del saldo disponible y evaluación ambiental para determinar si el predio se encuentra dentro de parques nacionales, reservas forestales o zonas restringidas. Después reciben asesoría técnica sobre los insumos que pueden adquirir. Posteriormente, seleccionan a los proveedores, procurando que sean del mismo territorio para fortalecer la economía local. Finalmente, se elaboran las órdenes de compra y se radican los documentos necesarios para la entrega de los materiales.
Aunque la atención a los beneficiarios suele terminar alrededor de las cuatro de la tarde, el equipo de trabajo puede continuar sus labores hasta altas horas de la noche, siempre que las condiciones del territorio lo permitan. Sin embargo, a pesar de lo extenso y exigente que puede ser el proceso, Leydi cuenta que las comunidades suelen recibir el programa con agradecimiento. Muchas familias continúan creyendo en los compromisos del Acuerdo de Paz y ven en estas iniciativas una oportunidad para dejar atrás la incertidumbre de los cultivos de uso ilícito y construir un futuro diferente.
Entre las historias que más recuerda está la de una mujer del Putumayo cuya familia había vivido durante generaciones del raspado de coca. Ella decidió cambiar ese destino y crear un emprendimiento de helados elaborados con frutas nativas amazónicas. Para Leydi, esa experiencia confirmó que la sustitución no consiste únicamente en cambiar un cultivo, sino también en transformar los proyectos de vida de las familias.
También recuerda a productores de café del Bajo Cauca que hoy exportan sus productos y a familias de Tumaco que han logrado darles valor agregado al cacao. Estas experiencias demuestran que, con acompañamiento y oportunidades, es posible construir economías legales incluso en territorios históricamente golpeados por la violencia.
Después de recorrer tantos territorios, Leydi considera que este proceso no ha sido solamente un trabajo, sino también una experiencia de aprendizaje. Ha conocido de cerca las dificultades que enfrentan quienes viven en lugares donde no siempre hay acceso a servicios básicos, como un baño, energía eléctrica o internet, y donde el conflicto armado sigue siendo parte de la vida cotidiana.
Al mismo tiempo, esta experiencia le ha permitido reafirmar su cariño por la naturaleza, valorar aún más la riqueza ambiental del país y comprender que proteger el territorio también significa proteger a las personas que lo habitan. «Para ellos tener un bosque o un río es algo cotidiano; para quienes vivimos en la ciudad es un privilegio difícil de encontrar».
Esa reflexión resume lo que ha significado para Leydi recorrer estos territorios y acompañar a las familias que buscan nuevas alternativas para su futuro. Su trabajo no consiste únicamente en sustituir cultivos, sino también en sembrar oportunidades para transformar la vida de las comunidades.