El Corredor Económico China Pakistán: un gigante con grandes retos

Lunes, Septiembre 10, 2018 - 14:30
Autor: 
Ahmed Fawzi Mostefai,

El sur y el occidente de Asia abarcan cerca de la mitad de la población global en un área geográfica relativamente pequeña. India y China son en dicha región los Estados más poblados y poderosos en términos militares y económicos.

Naturalmente, el hecho de que dos gigantes, que ocupan los primeros dos puestos del mundo  en población, estén ubicados uno al lado del otro dificulta las buenas relaciones. Un diferendo limítrofe en 1962 llevó a una guerra declarada entre los dos países y varias escaramuzas fronterizas desde entonces. Pero China no es el único país que tiene una relación complicada con la India en esa región. Poco tiempo después de lograr su independencia de Gran Bretaña, alcanzada en gran parte gracias al uso de la resistencia pacífica patrocinada por Mahatma Gandhi, la joven República de la India se vio fracturada entre dos Estados divididos en gran parte por motivos religiosos, poniendo fin al sueño de Gandhi de una India unida.

La República islámica de Pakistán, que a la fecha de su separación de la India en 1947 abarcaba la parte occidental y un pequeño enclave al oriente del antiguo Raj Británico, hasta el día de hoy mantiene relaciones frías con sus vecinos indios.

Al igual que China, Pakistán ha luchado en varias ocasiones contra el gigante del sur de Asia, principalmente debido a un diferendo limítrofe sobre Jammu y Cachemira, una región al norte de Pakistán y al noroccidente de la India, sobre la cual China también reclama una pequeña porción. Hasta la fecha, este conflicto limítrofe ha dejado cientos de miles de muertos, siendo una de los conflictos fronterizos más mortíferos de la historia que  la fecha no parece tener una solución viable a pesar de varias treguas e intentos para buscar la paz.

Esta lucha de poder dio paso a la formación de una alianza geoestratégica entre China y Pakistán (a veces llamados “aliados de hierro”) con miras a contener a la India. En materia de defensa, los dos países cooperan ampliamente y comparten inteligencia no solo para fortalecer su cooperación militar en el contexto de la geopolítica regional, sino también para enfrentar organizaciones designadas como terroristas en Pakistán y el occidente chino.

Por otra parte, desde el inicio de las relaciones entre ambos Estados, China ha sido uno de los principales proveedores de material bélico para Pakistán y también ayudó a crear la infraestructura necesaria para que Pakistán desarrollara su programa nuclear civil y militar. En la actualidad, ellos manufacturan de manera conjunta aviones cazabombarderos de cuarta generación, y en el 2015 China vendió a Pakistán ocho submarinos convencionales, siendo esta la venta de armas al extranjero más grande en la historia moderna de China. A mediados de 2018, Pakistán dio a conocer su intención de comprar ocho buques de guerra a China, lo que causó preocupación a la India y animó a la creciente industria astillera china.

La nueva Ruta de la Seda

Pero las relaciones entre China y Pakistán van mucho más allá de su rivalidad con la India. En materia económica, China es el principal socio comercial de Pakistán, a pesar de que este país no entra entre los primeros 30 socios comerciales de China (2017), no obstante, el volumen comercial entre los dos Estados llegó a casi USD 20.000 millones en el 2015, un incremento de alrededor del 30% en comparación a dos años atrás. En el 2006 los vecinos firmaron un tratado de libre comercio, el cual se espera sea expandido en el futuro cercano. En línea con el modelo de industrialización chino, Pakistán vende principalmente materias primas a sus vecinos al oriente, mientras China exporta productos manufacturados, incluyendo maquinaria pesada, a Pakistán.

El auge económico de China implica que esta busque siempre  nuevos mercados y amplíe sus rutas comerciales existentes. Aunque China paulatinamente se está convirtiendo en un centro global de innovación y alta tecnología, su estrategia para conectarse con el mundo busca darles un giro moderno a las prácticas comerciales de la antigüedad.

En contraste con las potencias coloniales europeas, las cuales buscaban expandir sus imperios más allá de sus inmediaciones y abrir nuevos marcados de manera pacífica o violenta en lugares sumamente distantes, la China históricamente se ha visto a sí misma como el centro cultural y comercial del mundo, insistiendo en que quienes quieran tratar con ella deben ir allí. Esta fue la visión que, junto con otros factores, contribuyó para que el famoso marino chino, Zheng He, quien en el siglo XV realizó varios viajes a África, Arabia, Asia del Sur y del Suroriente, inicialmente se ganara  el aprecio del emperador, pero más tarde fuera obligado a cesar sus travesías siendo relegado a un segundo plano en la historia china hasta hace poco.

La forma en la que el mundo se conectaba con la China, donde se producían especies, telas y tecnologías altamente codiciadas en la antigüedad, era mediante la Ruta de la Seda, una compleja red de caminos terrestres donde los comerciantes pasaban las noches y de  rutas marítimas que conectaban a Asia Oriental con Europa Occidental atravesando gran parte de Asia Central y del Sur. Esta ruta, usada desde hace más de 2.000 años solo empezó a perder prominencia después del descubrimiento de América y la expansión colonial europea, factores que consolidaron la posición de la cuenca del Mediterráneo y el Océano Atlántico como ejes centrales del comercio global.

Sin embargo, en el 2013 el presidente chino Xi Jinping, en anticipación al papel central que su país y la región del Asia oriental desempeñarán en la economía global del futuro, anunció la creación de una “nueva Ruta de la Seda”, más conocida por el nombre oficial de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estos proyectos se dividen en dos fases: la primera, se  enfoca a la creación y fortalecimiento de la infraestructura y la logística, y la segunda, al fortalecimiento tecnológico, social y de seguridad de los 60 países de Asia, África y Europa que la Ruta atraviesa. Ella busca ligar por vía férrea, terrestre y marítima a China con los nuevos mercados, a la vez que fomenta la integración, el crecimiento sostenido, la seguridad energética y el comercio entre los demás países involucrados.

La iniciativa consta de un sinnúmero de proyectos internacionales con un costo de cerca de USD 185.000 millones, siendo está la mayor inversión china en el extranjero, aunque el número de proyectos y el presupuesto para esta ambiciosa iniciativa comercial espera ser  completado antes del año 2050 y todos los días parece incrementarse.

 

El Corredor Económico China-Pakistán

Uno de los principales proyectos de esta iniciativa, llamado el Corredor Económico China-Pakistán (CECP), busca conectar a China con el puerto de Gwadar en el océano Indico, 530 kilómetros al occidente de Karachi, la capital comercial y ciudad más poblada de Pakistán. El puerto, inaugurado en el 2007, comenzó a ser administrado por China en el 2015 mediante que se extenderá hasta el año 2059.

Se espera que la conexión del oriente chino con el puerto recorte el tiempo de llegada de cargamentos desde y hacia la China provenientes o con destino al Sur de Asia, Oriente Medio, África Oriental y el mar Mediterráneo, sin necesidad de que los barcos deban atracar en los puertos chinos del océano Pacífico.

Adicionalmente, China está financiando la construcción de una zona económica especial en el puerto, una planta flotante de procesamiento de gas natural licuado, la cual hará parte del gasoducto Irán-Pakistán -otro ambicioso proyecto energético que Irán y Pakistán deseaban concretar hace ya mucho tiempo, pero el cual no fue posible financiar hasta que China entró en la ecuación- y la construcción de un aeropuerto internacional en la ciudad de Gwadar.

Cuando las labores de modernización y expansión llevadas a cabo por la compañía China Overseas Port Holding terminen, el puerto contará con 13 puntos de atraco.

A fin de unir a la provincia occidental china de Sinkiang con el puerto de Gwadar, el corredor económico contará con tres autopistas que atravesarán todo Pakistán de norte a sur. Estas fueron designadas Corredor Occidental, Central y Oriental, las autopistas se dividen en tres al sur de la capital pakistaní, Islamabad, mientras el tramo norte se conecta con la ciudad china de Kashgar, cerca de la frontera. En total, Más de 2.000 kilómetros de autopistas serán construidas o modernizadas, varios tramos de estos contarán con cuatro o hasta siete carriles que atravesarán diferentes topografías como los montes Himalaya en la frontera y las planicies semiáridas del sur del país.

Esta red de autopistas será complementada con una red ferroviaria de cuatro tramos, algunos de los cuales serán construidos desde cero y otros ya existentes que serán modernizados y expandidos. De estos, la vía férrea transfronteriza Khunjerab conectará a Kashgar con Islamabad, mientras que  otras dos líneas, que parcialmente pertenecían ya al  sistema ferroviario existente, conectarán Islamabad con Karachi y Gwadar, mientras el cuarto tramo conectará a la ciudad de Jacobabad,  en el centro sur del país, con Gwadar hacia el sur e Irán hacia el occidente. En total, las renovaciones y nuevas líneas de ferrocarril abarcan más de 4.000 kilómetros que, al igual que las autopistas, atravesarán al país por completo de norte a sur.

Pero al ser un proyecto holístico, el corredor también tiene en cuenta otras necesidades de infraestructura que deben ser cumplidas a fin de garantizar el funcionamiento óptimo de la ruta comercial.

En los últimos años, Pakistán ha atravesado una crisis energética que  ha dejado sin suministro eléctrico a las principales urbes del país de más de 190 millones de habitantes en repetidas ocasiones.

A pesar de contar con tres centrales nucleares, cerca de 100 represas y un número similar de plantas convencionales de energía, la demanda energética de Pakistán es casi pareja, y en ocasiones supera los 109.27 vatios-hora (2016) producidos, lo que significa que cualquier cierre temporal o mal funcionamiento en alguna planta conlleva a recortes, los cuales pueden durar días enteros, impactando la producción industrial del país al punto de que estos recortes en los últimos años han disminuido en más de un punto porcentual el producto interno bruto del país, esto sin mencionar que las ya limitadas exportaciones energéticas se ven reducidas cada vez más.

A fin de enfrentar esta crisis y asegurar el suministro eléctrico a mediano plazo en el país asiático, el gobierno de Pakistán acordó la construcción de 19 centrales energéticas y existe la tentativa de dos proyectos más, todos en el marco del Corredor con China. Se espera que estas nuevas plantas alcancen a duplicar la producción energética actual de Pakistán.

Todas las plantas fueron o serán construidas y administradas por compañías chinas, con las cuales Pakistán se comprometió a comprar su producción energética. El costo total de la construcción de las centrales energéticas confirmadas supera los USD 30.000 millones.

Un aspecto a resaltar de estos proyectos es que, debido al interés de Pakistán en que su producción de energías renovables llegue al 25% anual para el 2030, seis de estos proyectos entran en esta categoría, entre ellos está la que es hoy en día la planta de energía solar más grande del mundo, el Parque Solar Quaid-e-Azam, que ocupa un área de 6.500 hectáreas y produce 100 megavatios actualmente, aunque existe un interés en expandir el parque para que su producción alcance los 1.000 megavatios. Los otros proyectos de energía renovable abarcan dos parques de energía eólica y tres centrales hidroeléctricas.

Hasta la fecha, el costo aproximado del CECP se calcula en alrededor de USD 60.000 millones, es decir, casi un tercio de la inversión total de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda.

 

Algunos beneficios del CECP

Hasta la fecha, la construcción del corredor económico, junto con los proyectos energéticos que este abarca en Pakistán, ha significado la creación de 60.000 nuevos empleos en el país, y se espera que esta cifra alcance los 800.000 nuevos empleos para el año 2030.

Los efectos de los pocos proyectos finalizados del CECP en la economía pakistaní ya se hicieron sentir,  y para el 2017 se estima que su crecimiento llegará al 5.3%, más alto en los últimos 10 años.

Para China, el CECP significa la disminución del 50% en el tiempo de transporte de sus productos hacia África, Oriente Medio y Europa, al igual que las importaciones provenientes de allí. En el caso del transporte marítimo de combustible desde Oriente Medio a la China, esta reducción significa alrededor de 30 días menos en el tiempo de tránsito, esto sin contar el ahorro en combustible que acarrea. Por otra parte, el proyecto fomentará el desarrollo del occidente chino, la región menos desarrollada del gigante asiático, donde aún se presentan incidentes de tensiones étnicas y donde existen movimientos separatistas de la minoría musulmana Uigur.

Naturalmente, el hecho de que los puertos chinos no sean necesarios para que este país reciba y envié productos hacia el occidente, significa que los puertos existentes en la costa pacífica de China podrán recibir una mayor cantidad de embarcaciones provenientes de América, Europa y África Occidental.

 

Retos y los demás actores en el CECP

No obstante los beneficios que esta mega iniciativa pueda traer a los dos Estados, muchas personas cuestionan la factibilidad y el impacto que esta pueda tener debido a la delicada situación política en Pakistán, el occidente de la China y en su vecino común, Afganistán.

A principios de este año, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, recortó 225 millones de dólares en apoyo financiero a Pakistán después de usar una fuerte retórica para decir que aquel país no le había dado nada a Estados Unidos a pesar de los cerca de 33.000 millones de dólares que ha recibido en ayuda de Washington. También insinuó que el gobierno pakistaní colabora de manera activa con organizaciones catalogadas como terroristas por su país.

Inmediatamente después de las declaraciones de Trump, China y Pakistán acordaron realizar a cabo todo su comercio bilateral en Yuanes, remplazando al dólar como divisa, alejando así a Pakistán de  Estados Unidos. En este distanciamiento,  Pakistán no es el único afectado, pues los suministros que son enviados a las tropas estadounidenses estacionadas en Afganistán por lo general llegan vía Pakistán. En caso de que las relaciones entre Islamabad y Washington llegasen a empeorar, será difícil que Estados Unidos encuentre algún país vecino de Afganistán que pueda cumplir esta labor de manera tan eficiente, mucho menos después de que los proyectos de transporte terrestre del CECP (el tramo occidental está conectado a pasos fronterizos con Afganistán) sean completados.

Independientemente de la veracidad de los señalamientos de Trump contra Pakistán, no es un secreto que un sinnúmero de grupos armados ilegales, incluyendo el talibán, aún llevan a cabo ataques transfronterizos en Pakistán desde Afganistán. Tampoco es un secreto que, con o sin el conocimiento y consentimiento del gobierno pakistaní, varios de estos grupos mantienen campamentos no permanentes dentro de las fronteras de Pakistán.

Aunque la mayoría de esta insurgencia transfronteriza ocurre en la zona montañosa entre Afganistán y Pakistán, la región de Beluchistán, donde se ubica la ciudad y el puerto de Gwadar no está exenta de la violencia. Desde la década de los setentas, Pakistán se ha enfrentado a diferentes grupos separatistas que operan en la región. Desde el 2004, más de 3.000 civiles han muerto a manos del Ejército de Liberación de Beluchistán (ELB), el cual también se cree es apoyado por organizaciones extremistas islámicas como Al-Qaeda. A finales de 2017, 26 ciudadanos chinos que trabajaban en el puerto de Gwadar resultaron heridos cuando atacantes desconocidos lanzaron una granada contra su dormitorio, este no fue un ataque aislado, pues el gobierno de Pakistán indicó que desde el 2014, más de 50 trabajadores del CECP han muerto en ataques terroristas. Muchos creen que el fin específico de estos ataques es sabotear el proyecto, pues los grupos separatistas de Beluchistán se quejan abiertamente del abandono estatal. Es cierto que, a pesar de ser una de las provincias más ricas en recursos minerales del país, esta sigue siendo la menos desarrollada.

A menos de que Pakistán logree convencer a los civiles y rebeldes (cuya campaña armada también abarca un componente étnico, con varios casos reportados de asesinatos de personas que no hacen parte de la etnia Baluchi por parte del ELB) que los beneficios de esta iniciativa fomentarán el desarrollo de la región, es probable que lo que hoy en día parecen ser unos pocos ataques aislados se convierta en un conflicto de proporciones considerables, usado por los rebeldes para presionar al gobierno Pakistaní a cumplir sus demandas y para disuadir al gobierno chino de llevar a cabo futuros proyectos de infraestructura en la región.

Por otra parte, tanto China como Pakistán deben balancear sus prioridades a fin de no aislarse más de sus vecinos y aliados históricos, particularmente si se tiene en cuenta la política exterior cada vez más aislacionista y rígida de Estados Unidos, que  cada día se acerca más a la India al ver a esta como un contrapeso a la fuerte alianza de hierro entre China y Pakistán.

Aunque el diferendo sobre Jammu y Cachemira ha significado que India se oponga activamente a algunos tramos del CECP que, según argumenta, violan su soberanía, el primer ministro indio, Narenda Modi, no se ha opuesto por completo al CECP, pues a pesar de las diferencias de su país con China, este último mantiene gigantescas inversiones en la India, la cual también se cuenta entre los Estados que atravesará la Iniciativa del Cinturon y la Ruta. Por esto no se debe descartar la idea de que el corredor, en vez de acrecentar las tensiones existentes entre los tres países, pueda servir para fomentar el diálogo y la integración de los vecinos, claro está, cuando los enormes retos que enfrenta este gigantesco proyecto sean superados.

 

Textos usados para la redacción de esta nota:

 

 

 

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Sobre el autor

Ahmed Fawzi Mostefai,
Contribuidor del OVAP y profesional en Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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