40 años de Ingeniería de Alimentos: Tras las huellas de sus primeros pasos

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40 años de Ingeniería de Alimentos: Tras las huellas de sus primeros pasos
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Miércoles, Octubre 10, 2018
Estudiantes
Fotografías: Archivo Utadeo, Pedro Luis Jiménez, Fernando Villadiego, Ligia Rodríguez y Alejandra Zapata - Oficina de Comunicación

Pedro Luis Jiménez, egresado de la primera cohorte del programa de Ingeniería de Alimentos y quien doce años después se convertiría en el segundo decano del programa, recuerda, como si hubiera sido ayer, aquel 1973 cuando ingresó a estudiar Biología Marina en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. El sector conocido como “La Playa”, el cual es hoy la entrada de Utadeo por la calle 23, era para ese entonces la entrada principal de la Universidad y el punto de encuentro de los tadeístas, quienes sin importar la carrera de origen, compartían con camaradería, en lo que Jiménez denomina como un ambiente fabuloso.

Para ese entonces, Ingeniería de Alimentos como carrera profesional aún era desconocida en el sector productivo y por la sociedad, aunque ya se habían realizado los primeros ejercicios académicos en tecnología de alimentos y en un pregrado en la Universidad Incca. Sin embargo, fue hacia mediados de 1974, cuando Jiménez y catorce estudiantes más tomaron una decisión radical en sus vidas académicas: pasarse al naciente programa en Tecnología Pesquera y de Alimentos, y así, convertirse en pioneros de la que, en 1978, se transformaría en la carrera profesional en Ingeniería de Alimentos, programa que fue liderado por el decano Gabriel Acevedo. En ese mismo año, se graduaría la primera cohorte del programa.

Integrantes de la primera cohorte de Ingeniería de Alimentos. En el centro, Pedro luis Jiménez.

Fernando Villadiego también hizo parte de este grupo de pioneros. Este tadeísta oriundo de Zipaquirá pero criado en Sincelejo, recuerda que su principal motivación para estudiar Ingeniería de Alimentos nació cuando era niño, pues le gustaba preparar dulces y conservas. A los 18 años llegó a Utadeo. Para ese entonces, afirma, el actual Módulo 2 era uno de los pocos espacios que existían, al igual que unas canchas de basquetbol, mientras que en la parte de atrás de la edificación se encontraba Bienestar Universitario.

Por su parte, los salones quedaban en los primeros niveles, mientras que en el quinto piso se ubicaban los laboratorios de Química y Biología que compartían con el programa de Biología Marina, aunque las prácticas de laboratorios especializados debían hacerlas en la Universidad Nacional, institución con la que la Universidad tenía convenio. Por último, en el sexto piso, se encontraban los laboratorios de arte y de fotografía. En estos espacios, evoca Jiménez, las bromas entre compañeros no podían faltar, entre ellas, ubicar los roscones del desayuno al lado de las cajas de Petri, cuyos contenidos expelían un olor nauseabundo, debido a las muestras biológicas con las que se trabajaba.

Participación de Ingeniería de Alimentos en Olimpiadas Tadeístas, en el año 2002.

La metamorfosis del programa tecnológico al profesional, según comenta Villadiego, obedecía a las necesidades que comenzaron a evidenciar profesores y estudiantes, quienes colaborativamente ayudaron en la reestructuración de las asignaturas y del plan de estudio para la aprobación del programa en Ingeniería de Alimentos. Precisamente, recuerda que materias relacionadas con las tecnologías de alimentos, entre ellas carnes, lácteos y bebidas, marcaron su quehacer profesional, pues le permitieron, antes de salir de la academia, hacer su práctica real

Iniciando la década de los ochentas, Ligia Rodríguez, profesora del Departamento de Ingeniería de Utadeo desde hace 17 años, inició sus estudios en la carrera de Ingeniería de Alimentos. Para ese entonces, aún la profesión era desconocida en una industria dominada por la Ingeniería Quimica, carrera que inicialmente quería estudiar pero que, debido a los consejos de un estudiante tadeísta que la asesoró en una charla vocacional, cambió de opinión y se enamoró de este pregrado.

Encuentro de egresados de la cohorte de 1984.

La tadeísta rememora que, para entonces, el nivel de exigencia estaba al máximo, pues los profesores que dictaban clases eran los mismos que impartían cátedra en Ingeniería Química de la Universidad Nacional, tanto así que en su cohorte iniciaron 120 personas y tan solo se graduaron 7. El filtro o las materias “coco” eran física y química orgánica. Sin embargo, para ella estas asignaturas de química no eran una preocupación dadas sus buenas calificaciones, razón por la que fue eximida de presentar los exámenes parciales, a tal punto, que tras graduarse en 1984, obtuvo el Premio Jorge Tadeo Lozano.

Un año después, en 1985, Pedro Luis Jiménez volvería a su alma máter, esta vez como asistente y administrador docente del decano Acevedo, a quien sucedería en el cargo dos años después, y hasta 1997. Desde su ingreso a la Universidad fue testigo de los cambios tecnológicos del programa, como por ejemplo la llegada de la planta piloto y la puesta en marcha de un pasteurizador y un esterilizador que adquirió la Universidad luego de la liquidación del Instituto de Investigaciones Tecnológicas, en 1990.

Graduación de la cohorte de ingeniería de Alimentos en 1984. En la segunda posición, de izquierda a derecha, aparece la profesora Ligia Rodríguez

Según Jiménez, esta década sería una de las épocas de oro del programa, pues fue allí cuando se trajo el primer laboratorio de control de calidad de alimentos importado desde Suecia, el cual fue dirigido en ese momento por Janeth Luna, quien desde 1997 y hasta el 2012 ocupó la decanatura del programa.

Uno de los hitos de ese momento también fue la realización de varios congresos internacionales, donde por primera vez en el país se comenzó a hablar de biotecnología de la mano del profesor Claude Loch. También se institucionalizó la Feria de Alimentación, un encuentro anual de egresados y emprendedores que todavía se lleva a cabo.

Tras 16 años en la industria de los alimentos, donde fue pionera al organizar el primer laboratorio de plantación de palma africana en el país, en Curumal (Meta), y trabajó en importantes empresas de la industria como Lloreda Grasas, Ligia Rodríguez aceptó la invitación de la decana Luna para integrar el cuerpo docente. Y lo hizo por todo lo alto, pues como comenta la tadeísta, fue una de las profesoras que acompañó a la decana en el reto de construir el primer proceso de Acreditación de Alta Calidad del programa y de la Universidad, en el año 2001, el cual finalizó en el 2003 con la grata noticia de haber sido el primer programa de la Institución en obtener este reconocimiento.

Luego de dos décadas de no visitar la Universidad, Villadiego visitó su alma máter.

Rodríguez admite que fue un proceso intenso, de ansiedad y mucho nerviosismo, pues fueron evaluados por pares internacionales, entre ellos José Miguel Aguilera, de la Universidad Católica de Chile. Hoy, en medio del cuarto proceso de Acreditación, dice sentirse orgullosa, pues el programa cuenta con todo lo necesario en investigación, infraestructura, planta docente y calidad de sus egresados: “Ser ingeniera tadeísta es un orgullo enorme. Los mejores ingenieros de alimentos de este país son de la Tadeo. Tenemos la formación, la capacidad y el liderazgo. Hay muchas industrias alimenticias de este país que han crecido de la mano de nuestros ingenieros tadeístas”.

Desde su ejercicio profesional, y ahora como docente, Rodríguez se ha convertido en una “evangelizadora” de la profesión, pues ha querido desmitificar la relación que, erróneamente, se plantea de esta carrera con la cocina. Por eso, considera que más allá de formar a los tadeístas en tecnologías es necesario generar conocimientos sólidos en procesos, fortaleciendo sus competencias en producción, investigación y desarrollo de productos: “El ingeniero tadeísta compite de igual a igual con los ingenieros químicos, y de hecho, son muy especializados en un sector industrial con necesidades particulares. La Tadeo está legándole al país unos profesionales capaces de aceptar el reto de evolucionar tecnológicamente la industria”, agrega.

Pedro Luis Jiménez también visitó la Universidad y fue testigo de sus cambios tecnológicos y de infraestructura.

Al igual que la profesora, Villadiego también se siente orgulloso de haber tomado, la que considera, la mejor decisión de su vida: ser ingeniero de alimentos tadeísta: “Lo que me dio la Tadeo fue ética y una formación integral como profesional con compromiso, pues me empoderó en mi rol como ingeniero a nivel general, trabajando desde procesos hasta administración”.

Jiménez concuerda con ese sentimiento, luego de visitar la Universidad tras veinte años de ausencia: “Utadeo tiene un sello de formación a nivel personal y tiene una filosofía de hombres y mujeres bien formados en su perfil. Hoy estoy gratamente sorprendido al ver los cambios en laboratorio y equipos de ultima tecnología. Ayer, hoy y siempre estaré agradecido de haberme formado en esta Universidad y en mi amado programa de Ingeniería de Alimentos. Mi mensaje de felicitación al programa es por su consistencia, y a la Universidad, por su perseverancia hacia el programa”.

Ligia Rodríguez lleva 17 años como docente en el programa de Ingeniería de Alimentos. Tuvo a su cargo la primera Acreditación de Alta Calidad del Programa.

¡Felices 40 años ingeniero de alimentos tadeísta!

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