Texto: Luisa Fernanda Onofre Enciso
Correctora de estilo: Ximena García
Ilustración: Xiomara Ramírez
Desde esta perspectiva, la felicidad se asocia con la liberación de ciertas sustancias químicas en el cerebro que influyen en nuestro estado de ánimo y bienestar. Entre estas sustancias, la dopamina es una de las más destacadas, ya que se produce en respuesta a experiencias gratificantes, como el consumo de los alimentos preferidos o la realización de actividades recreativas. Su función es crucial para la motivación y el disfrute, lo que explica por qué actividades como el ejercicio físico o el aprendizaje de nuevas habilidades puede ser tan gratificante. De hecho, este primero es un gran impulsor de la felicidad, ya que aumenta la producción de serotonina, dopamina y endorfinas.
La serotonina es otra de las sustancias químicas esenciales para este proceso, debido a que ayuda a regular los sentimientos de ansiedad y depresión. Además, es esencial para mantener un equilibrio emocional saludable y su déficit puede estar asociado directamente con trastornos del estado de ánimo.
Por otra parte, las endorfinas, conocidas como las «hormonas de la felicidad», son liberadas en respuesta al ejercicio físico, el dolor o el estrés, y actúan como analgésicos naturales que mejoran el estado de ánimo. La oxitocina, a menudo llamada la «hormona del abrazo», se libera durante el contacto físico y las interacciones sociales cercanas, fomentando la sensación de conexión y bienestar.
Cabe resaltar que la felicidad tiene un componente social importante. Es contagiosa, lo cual es muy bueno, ya que al estar cerca de personas felices puede aumentar nuestra propia felicidad en un 15% si son amigos y en un 6% si son desconocidos. Además, las personas felices suelen participar más en actividades sociales y dedican menos tiempo a ver televisión, lo que sugiere que la interacción social y el equilibrio en las actividades diarias son la clave para mantener un estado de ánimo positivo.
El día internacional de la felicidad, celebrado el 20 de marzo, nos invita a reflexionar sobre el imprescindible valor de cultivarla en nuestras vidas diarias.
Recordemos que apreciando los pequeños placeres de la vida, como un paseo al aire libre o una comida hecha en casa, podemos estimular la liberación de dopamina y mejorar nuestro estado de ánimo. La química de la felicidad nos muestra que incluso los cambios más pequeños en nuestras rutinas pueden tener un impacto significativo en nuestra salud mental y bienestar emocional, invitándonos a ser más conscientes y proactivos en la búsqueda de la felicidad en nuestras vidas diarias.








