Por: Ana Heredia
Corrección: Gabriela Ortegón

Fotografía por: Sara Homez y Camilo Merchán
La tarea de devolverles su humanidad es solo nuestra. Reducirlos a un arma, a una bala o a un grito ha sido trabajo de la ficción. El primer paso es devolverles su nombre: Diego Guzmán, Leandro Mesías, Elkin y Mayerly Hernández, José Ricardo Zapata, Camilo Salazar; no para recaer en el ejercicio revictimizante y amarillista, sino porque, sencillamente, lo que no se nombra, no existe.
El segundo paso es el más difícil: acercarnos a conocer sus historias (pero sin sesgos ni juicios de valor), a conversar y a escuchar. Este ejercicio nos permitirá entender, más allá de nuestras creencias personales, a la persona que tenemos enfrente y sacarla un momento de su uniforme, despojándola por un momento de su cargo figurativamente para hablarle al humano, no a la institución.
Fotografía por: Sara Homez y Camilo Merchán
El último paso es no olvidar. Debe ser constante, algo de todos los días, tan interiorizado como respirar; debemos volverlo rutina. Como tip personal, recomiendo tomar la mejor medicina de todas: consumir arte como el que se presentó en el lanzamiento del pódcast Fuerza Interior (UNIPEP, InHouse), cuyas piezas incluyeron música, animación, un peluche, un chaleco tejido y un retrato. Cada uno de ellos expresa un homenaje, pero resalto el peluche hecho con una camisa, dirigido a Mayerly Hernández, hermana del coronel Elkin Hernández, realizado a modo de abrazo simbólico. El arte materializa sentimientos, anhelos y dolores. Por ello nos sirve para acordarnos del rostro y la voz que nos cuentan lo que alguna vez estuvo vivo, sin importar la condición.

Fotografía por: Sara Homez y Camilo Merchán
Con esta pequeña guía lograremos darle luces, al menos hacer parpadear ese letargo ensimismado y a ese postramiento eterno en el que ya no se sabe ubicar qué día es, repitiendo fechas de hace años y nombres revueltos que carecen de rostro por el olvido. Quizá podamos permitirle a esa viejecita achacosa y olvidadiza que es Colombia, levantarse a buscar los lentes roídos y ver con claridad. A recordar, por fin, a todos sus muertos.

Fotografía por: Sara Homez y Camilo Merchán








