El ingrediente polémico | Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano

El ingrediente polémico

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El ingrediente polémico
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Viernes, Octubre 4, 2019
Gissel Enciso Ramirez

El ingrediente polémico
“Consumir drogas no te hace ‘moderno y libre’, te hace débil y esclavo.’’
(Luis Perdomo, 2004)

Por: Diego Fernando Ortega Parra

Ilustración: Gissel Enciso Ramírez


Una noche de viernes en el Chorro de Quevedo está llena de colores, olores y diferentes culturas. Mientras se camina al centro de la plaza se ve como suben y bajan jóvenes universitarios, familias, novios, extranjeros y algunos policías.
Un tema interesante que quería averiguar en el Chorro de Quevedo es la explotación infantil en el lugar, al no ver niños durante varias noches, me senté en el andén esperando que se me ocurriera otro tema que abordar. En ese momento se acercó una chica vestida con ropa de lana, dreads y llevaba en su mano una lonchera que contenía unos brownies. Se llama Camila Jiménez, es vendedora en el Chorro de Quevedo desde hace 5 meses. Es madre soltera, tiene un hijo de 2 años y desde hace 8 meses llegaron ella y su hijo a Bogotá procedentes de Cali, huyendo de la violencia intrafamiliar y buscando un mejor futuro para salir de la pobreza que han vivido. Inicialmente consiguió trabajo cuidando niños en una casa de familia, luego se le presentó una mejor oferta en un call center y fue ahí donde conoció a Ricardo Lara, dueño de la empresa Cannabic Gourmet, quien elabora alimentos el ingrediente principal: cannabis.
Dulcemente dijo: ‘’vive la vida relajado por un momento’’ y me ofreció uno de sus productos. En noches frías como esta, Camila Jiménez recorre varios lugares de la ciudad, donde los empleados habituales de Cananbic Gourmet comercializan los productos de la empresa. Por cada producto que vende gana un 30%, comisiones muy atractivas para su sostenimiento que le permiten cumplir con las obligaciones familiares. Ella dice que no le molesta trabajar en esto aunque tampoco le gusta. Con lo que gana tiene como darle de comer a su hijo y pagar la pieza donde vive, pero su meta es independizarse y crear sus propios productos.
Ricardo Lara, jefe de Camila, tiene 42 años, está casado pero es un rebelde usa ropa ajustada y tiene tatuajes en los brazos. Con lágrimas en sus ojos y voz temblorosa recuerda a Fabián Lara, su hijo mayor, del que hace más de 4 años no sabe nada por culpa de las drogas. Desde hace 3 años inició este negocio, pero además de tener empleados y un local para hacer comida con cannabic, Ricardo, tiene un contrato adicional en la plaza de Lourdes, lugar en que presuntamente prostituyen menores de edad.
Otros lugares donde Cannabic Gourmet tiene dealers, son los alrededores de la universidad de los Andes, Plaza Santander y Parque de los Periodistas, sitios donde los clientes, en su mayoría estudiantes, llegan por sí solos.
Según datos de la policía nacional, en una semana, en el Chorro de Quevedo se consume el 25% de la droga de toda la ciudad; de la droga consumida en este lugar, un 67% es comestible. El teniente de antinarcóticos de la zona, León Chavarría, dice que durante el día se puede controlar el consumo, pero en la noche y los viernes es imposible la labor de reducir la comercialización y el consumo, por lo que se ven obligados a permitir el uso y evitar desórdenes en la zona.
Pero el Chorro de Quevedo no es el único lugar donde se consume cannabis en comidas, en la autopista norte con 205 se ubica el restaurante Cannabinorte, donde los menús del día contienen cannabis en postres como brownies, galletas, gelatinas, entre otros.
Mario Monsalve, gerente del restaurante Cannabinorte, llegó a Colombia hace 9 años procedente de España y conoció aquí a su actual esposa por lo que decidió fundar un restaurante de comida española. Investigando el mercado, consiguió el permiso para vender alimentos con cannabis, dejó a un lado la comida española y comenzó a vender almuerzos corrientes con dicho producto.
Andrea Ríos (cuyo nombre ha sido cambiado para proteger su identidad) es estudiante de cuarto semestre de publicidad de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y vende comida con cannabis al interior de la misma. Ella cocina con su novio, quien es consumidor habitual de sus productos. Andrea y Kevin piensan que es un negocio factible, porque la fabricación de un brownie pueden costar $1.700 y se pueden vender a $5.000, así que es un negocio muy rentable. Las utilidades que les genera este negocio las invierten en actividades recreativas.
Andrea es muy celosa con su negocio y es reservada con sus recetas, porque para ella es muy fácil hacer los productos. Si compartiera la información se aumentaría la competencia y probablemente disminuiría sus ganancias.
Andrea tiene un amigo que se llama Mauricio Bautista, también estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Él fue fue dealer hace años y reconoce que era un negocio rentable porque le vendía a gente del barrio, amigos y estudiantes de la universidad, sin embargo lo dejó para dedicarse a sus prácticas universitarias. Según me contó, con seguridad volvería a vender para tener un ingreso extra, claro que sin que su familia se entere.
Alejandro Mayorga estudiante de fotografía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano es consumidor habitual. En una conversación, me contó que habló con Andrea Ríos para probar una de sus famosa galletas. Luego de unos bocados experimentó mucha hambre, sueño y, como él lo expresó, “arrechera”. El viaje de Mayorga duró aproximadamente 13 horas, pero como la dosis era mínima, nadie notó en el estado que se encontraba.
Luego de esa primera experiencia, Alejandro Mayorga recorrió varios lugares donde podría comprar alimentos con cannabis, dice que los precios en la mayoría eran iguales pero concluye que el más fuerte que ha experimentado es el que hace Andrea Ríos, aunque ella comenta que la dosis que usa es poca por prevención, dado que hay gente que nunca la ha consumido y hacerlos muy cargados podría traerle problemas.
Ahora es fácil encontrar varios alimentos con cannabis. Ricardo Lara vende desde Happy Brownies hasta Happy pizza. Además, Lara ofrece otros servicios como el yoga cannábico, que usa el olor del alucinógeno como estímulo y terapia que facilita la relajación.
En las ciudad existen aproximadamente 38 lugares identificados donde se puede conseguir alimentos con cannabis, pero hay muchos que no tiene registro Andrea o Mauricio que la comercializan de manera informal.
Pijamasuft, una página especializada en la difusión de estudios, publicaron uno que hace referencia a las bondades de este producto mezclado con alimentos. El estudio afirma que el cannabis es una planta muy versátil y por ende se puede combinar con muchos alimentos, a su vez, al cocinarla la dosis se reduce y el efecto se da varios minutos después de su consumo. En cambio al fumar la planta el viaje puede ser inmediato y más descontrolado.
Según una investigación de estudiantes de la universidad Javeriana de Bogotá, consumir comida con cannabis puede ser más perjudicial que fumar porque este se puede pegar en los intestinos y en algunos casos generar cáncer de estómago. El mismo estudio demuestra que el 78% de los que ingieren cannabis son estudiantes universitarios.
En los últimos años la preocupación de las autoridades es el consumo descontrolado de este producto entre los jóvenes, puesto que en el país no hay suficientes estudios médicos sobre las consecuencias de salud en los consumidores. Por ahora, el plan de los entes de control es avanzan el desarrollo de campañas de prevención, educación e información que permitan evitar su consumo o al menos controlarlo, puesto que actualmente la gran mayoría de productos de este tipo que no tienen control sanitario y se comercializan sin restricción.

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