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Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

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Opinión
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
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Sábado, Enero 23, 2021

Por: Antonia Gómez Almarales

 

Eterno resplandor es una película dirigida por Michel Gondry en 2004, protagonizada por Jim Carrey y Kate Winslet; y también el filme que pensé tenía un título muy largo hasta que vi Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para la gloriosa nación de Kajistán.

 

Reconozco que estuve evitando ver esta película durante un tiempo porque pensé que me encontraría con un romance muy meloso y cursi, para mi grata sorpresa no fue así. En efecto va sobre el amor, pero lo muestra desde una perspectiva bastante tridimensional: no es todo color de rosa, pero tampoco plantea un escenario completamente desesperanzador, sin dejar de presentarnos los picos más altos de ambos aspectos. Es la historia de Joel y Clementine, quienes luego de romper, acuden a un tratamiento médico para borrar a la otra persona de sus recuerdos; tras haber repasado sus mejores momentos con Clementine, Joel se arrepiente del tratamiento y comienza a luchar contra él desde su propia mente.  Aunque este es el conflicto central del largometraje, el mundo sigue girando a su alrededor: la trama paralela llevada a cabo por Mark Ruffalo y Kristen Dunst, le hace un contrapunto perfecto, al principio da la impresión de no tener pies ni cabeza, pero al pasar los minutos podemos apreciar lo esencial que es, pues este romance y lo que ocurre a su alrededor, ayuda liberar un poco toda la angustia y estrés que nos genera ver a Joel luchar contra su mente y su historia está tan bien justificada que todas las acciones que realizan estos personajes, si bien son en cierta medida independientes a los protagonistas, los afecta de manera directa.

 

Opino que no le vendría mal la etiqueta de ‘película de aventuras’, cuando Joel atraviesa toda su surrealista mente para esconder a Clementine, nos sumerge en un mundo desconocido con obstáculos que superar y antagonistas que vencer. Y no sólo eso, su incursión y la forma cómo la película aborda la mente humana como tal es muy interesante, nos deja ver que con una sola palabra se puede activar un recuerdo que dábamos por olvidado y cómo los rostros que hace tiempo no vemos con detenimiento se van desdibujando.

 

Visualmente es una película muy rica, con detalles que deleitarán a los más expertos. Tal vez lo que más llama la atención a primera vista son sus transiciones; en la mayoría de las películas y series, para cambiar de un espacio a otro simplemente nos muestran un plano del lugar donde va a transcurrir la nueva escena y luego nos llevan a ella sin más, dado que llevamos bastantes años expuestos a este lenguaje en la pantalla, nuestro cerebro no se despista y entiende lo que el director nos quiere decir rápidamente (piensen en cada vez que nos muestran el edificio de Friends y luego a los actores en su interior). Vale aclarar que, no es una mala forma de hacer la transición (de hecho, es la más efectiva), pero en Eterno resplandor las hicieron acordes al mágico mundo que se nos muestra: cada transición es llamativa sin ser distractora, creativa sin ser extravagante y discreta sin pasar desapercibida. Hacen uso de técnicas visuales difíciles de explicar en palabras por lo que mi recomendación es que vean la película y las juzguen con sus propios ojos.

 

Gondry complementa su estética visual con una serie de efectos prácticos muy acertados, no exagera con su uso y procura ser preciso cuando lo hace. Al borrar de la memoria de Joel a alguna persona, las facciones de su rostro desaparecen, dejando una cara que me recuerda un poco a las que podemos ver en The wall (Alan Parker, Gerald Scarfe. 1982) también se apoya en la perspectiva de cámara para ofrecernos efectos, como los de el Chapulín Colorado cuando se encogía, y articularlos no sólo con la narrativa de la película en general sino también con el conflicto interno de Joel en ese preciso momento.

 

Es una historia de amor menos cursi que Diario de una pasión (Nick Cassavetes, 2004), pero igual de poderosa, una aventura en las profundidades de la mente que nos presenta a un Jim Carrey distinto a cómo lo vimos en La máscara(Chuck Russel, 1994) y el guion original que, a los ojos de la academia estadounidense, fue el mejor escrito en ese año.

 

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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