Por: Ana Maria Heredia @anas.gh.6
Corrección: Akemi Amaya @kamssauriorex
Fotografías por: Julián Tibata @juliantibataph
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El punto de partida del análisis se puso sobre la mesa con la siguiente pregunta: ¿Qué se entiende por participación?. Esto permitió enfocar y focalizar la conversación hacia la manera en cómo participamos las mujeres en política; la respuesta fue contundente: se ha instrumentalizado sistemáticamente con fachadas como la Ley de Cuotas, en la que para formalizar las listas de cualquier partido político, necesitan al menos a cinco mujeres, pero, más que inclusión, es obligación.
Otra reflexión que surgió a partir de la charla fue sobre a quién le estamos dando el crédito de los derechos obtenidos. Cuando pensamos en el sufragio de la mujer, el nombre del presidente y la fecha son claros: Gustavo Rojas Pinilla, 1954, pero ¿Y las mujeres que lucharon por ello? Recordar es dignificar. Por otro lado, tener derechos es una cosa, tenerlos asegurados es otra muy diferente. Recordemos la frase de Sheryl Lee Ralph: “El hecho de que tengas derechos hoy, no significa que los tendrás mañana”, la lucha es siempre, constante, sorora.
Los roles de género, el machismo y la cultura patriarcal se han encargado de que a las mujeres nos toque más duro si deseamos iniciar una carrera política: la voz del hombre ya es garantía de poder. A un eje de control pocas veces (por no decir nunca) le van a pedir a un hombre que sirva tintos o que acomode sillas en plena reunión. Incluso la forma en la que vivimos violencia política cambia. A los hombres suele manifestarse de manera directa, en cambio, a las mujeres es más probable que llegue a sus hijos o familiares cercanos, y con esto me refiero a la llamada violencia vicaria, reconocida en la Ley 2453 de 2025, otra lucha ganada, pero sólo jurídica.
Aún falta bastante, cien años, para ser una sociedad de pares, por ello, la invitación es a incomodar, a ser mujer con orgullo y a ocupar espacios que exigen de nuestra participación.








