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Cuando Boyacá le declaró la guerra a Bélgica

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Cuando Boyacá le declaró la guerra a Bélgica
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Jueves, Octubre 14, 2021
En 1867 una misiva de guerra fue enviada desde Boyacá a Bruselas en el entonces llamado Reino de Bélgica. En esa época un estado, ahora un departamento, le declaró la guerra a un país del primer mundo por sí mismo, sin depender del resto de Colombia. ¿Algún belga se habrá burlado del baile de la caranga? ¿Un diplomático le hizo el feo a el cocido boyacense? ¿Los belgas habrán llamado al pueblo de Boyacá de forma despectiva “Boyacos”? Lo cierto es que, aunque sea difícil de creer, esta historia se trata de un desamor.

Redacción: Nelson José Álvarez De León

Ilustración: Alexander Escobar Arzayus

 

En 1867 una misiva de guerra fue enviada desde Boyacá a Bruselas en el entonces llamado Reino de Bélgica. En esa época un estado, ahora un departamento, le declaró la guerra a un país del primer mundo por sí mismo, sin depender del resto de Colombia. ¿Algún belga se habrá burlado del baile de la caranga? ¿Un diplomático le hizo el feo a el cocido boyacense? ¿Los belgas habrán llamado al pueblo de Boyacá de forma despectiva “Boyacos”? Lo cierto es que, aunque sea difícil de creer, esta historia se trata de un desamor.

Una de las mejores formas de entender esta historia es viajar a el 24 de octubre de 1824, fecha en la que nació José de los Santos Gutiérrez en el Cocuy (Boyacá), municipio en el que caminó por sus ahora conocidas calles empedradas y apodado como “Remanso de Paz”. Siendo un adulto llegó a ser un importante político de Colombia, de hecho, fue presidente del país entre 1868 y 1870, periodo en el que se definieron los límites con Brasil, se celebró el primer contrato de concesión para la exploración y excavación de un canal interoceánico por el istmo de Panamá, y se dice que le dio importancia a la educación público. No obstante, en esta simpática historia hay que volver a mirar al pasado del expresidente boyacense y ubicarse en sus años de juventud cuando en Colombia se escogió una importante delegación de colombianos para estudiar  "Leyes y conocimientos generales" en Bélgica.

 

Si bien el objetivo principal era estudiar, como dice la frase popular “el amor aparece siempre en lugares insospechados”. En la ciudad de Lovaina, en donde vivió en aquella época, a 8817 km de su país conoció a una mujer belga llamada Josefina, la cual sería para Santos Gutiérrez como Dulcinea para el Quijote, como Beatriz para Dante o Penélope para Odiseo, en pocas palabras: se enamoró. De seguro el encanto nacional hizo presente en Lovaina cuando él y Josefina caminaban entre los ríos Dijle y Voer que atraviesan la ciudad, a lo mejor incluso le dedicó algún torbellino, carranga, o le prometió un recorrido por las montañas de Boyacá, pero al final sus sentimientos fueron correspondidos.

 

En esta época una relación a distancia es más llevadera por medio de mensajes y videollamadas, en esa época una separación continental podría significar perder el contacto para siempre, debido a esto, Santos Gutiérrez empezó los preparativos para la boda y para traer a Josefina a la tierra del café. Lo más seguro es que el boyacense sentía una gloria inmarcesible y únicamente faltaba la aprobación de los padres de su amada para que su jubilo fuese inmortal. Sin embargo, volvió a Colombia con los brazos abajo y surcado por el dolor. Los padres de Josefina no veían con buenos ojos su relación y mucho menos que su amada hija se fuera a vivir al trópico, debido esto, cuentan que los padres hicieron todo lo que estuvo a su alcance para evitar la unión de Josefina con el suramericano.

 

Santos Gutiérrez al parecer siguió con su vida una vez llegó al país, fue estadista, militar y político militante del Partido Liberal. En el tiempo en que el país fue nombrado como “Estados Unidos de Colombia” el cual se dividía en nueve estados, uno de ellos Boyacá, y Santos Gutiérrez fue presidente de este en 1863. El tiempo pasó desde su regreso, sin embargo, al parecer su mente se quedó en Europa porque en 1867 cuentan que, seguramente, con Josefina y sus padres apareciendo aún en sus ojos y a lo mejor con un profundo rencor que estuvo guardando durante esos años tomó la decisión de enviar una misiva a Bruselas en la que el estado de Boyacá le declaraba la guerra al reino de Bélgica. Sin embargo, se dice que debido a las deficiencias del transporte de correspondencia en la Colombia de esa época la carta no pudo cumplir su fin bélico. Es por esto por lo que pocos colombianos, incluso boyacenses, y aún menos belgas, conocen el conflicto en el que estuvieron envueltos por aproximadamente 121 años.

 

Muchos al conocer esta historia unen las cejas, otros esbozan una sonrisa y los demás abren sus ojos todo lo que pueden, por su parte, los historiadores ponen en duda este hecho debido a que no existen registros de la misiva, de lo que si existen registros y certezas es que en 1988 el embajador de Bélgica en Colombia, Willy Stevens, conoció la curiosa guerra en que su país estuvo involucrado por más de cien años y organizó la  firma de un armisticio simbólico con el entonces gobernador de Boyacá, Carlos Eduardo Vargas Rubiano, el 28 de mayo. La firma se celebró en la ciudad de Tunja, y contó con la participación de los embajadores en el país de Bolivia, Uruguay, Holanda, Marruecos, Líbano y China, quienes oficiaron como testigos. Asimismo, participaron varios representantes de la colonia belga en Colombia, y la televisión pública del país europeo se encargó de cubrir el curioso acto de paz entre ambas partes. De esta forma concluyó una guerra que nunca fue, al igual que el amor de Josefina y Santos Gutiérrez. Por otro lado, los boyacenses que conocen esta historia pueden inflar el pecho porque no tienen nada que envidiarle a Verona y su historia de Romeo y Julieta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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