El viaje reconciliador del Presidente de los Estados Unidos a Hiroshima y la asertividad de los navíos militares estadounidenses alrededor de las disputadas Islas Spratly en el mar de China, son dos ejemplos claros de las prioridades de Washington.
Ningún presidente en la historia de la potencia, había visitado la urbe portuaria que Harry Truman decidió devastar con la primera bomba atómica. Ahora Hiroshima, uno de los centros industriales más prósperos de Japón, sigue siendo una mancha ineludible sobre lo que ahora es una alianza incondicional y una amistad de décadas.
La Casa Blanca enfatizó en un comunicado que el carácter del viaje es que Barack Obama también pondrá de relieve su compromiso de paz y la seguridad de un mundo sin armas nucleares.
El mundo amaneció con la noticia sobre las cada vez más cercanas maniobras de destructores estadounidenses cerca de las Islas Spratly controladas por los chinos pero reclamadas por Taiwán, Vietnam, Malasia y Filipinas; acerca de esto, el Director del Instituto Confucio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Enrique Posada dijo: "lo de las Spratly no va más allá de mantener viva esta disputa. Pero por otra parte, es cierto que EE.UU. quiere mantener su presencia en Asia".
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