‘Laboratorio de Palabras: Leer para encontrarnos’, un proyecto que recupera las memorias y tradiciones de María La Baja, Bolívar
Desarrollado por Rubén Darío Silva, egresado de la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de UTadeo, el proyecto promueve el reconocimiento de las memorias, los saberes ancestrales y las expresiones culturales de María La Baja y el corregimiento de Flamenco, en Bolívar, a través de la tradición oral.
¿Qué sucede cuando las historias de los abuelos se encuentran con la curiosidad de los niños y las nuevas generaciones? En María La Baja, Bolívar, la respuesta está en la palabra, la escucha y las tradiciones que mantienen viva la memoria de una comunidad.
Así nació el 'Laboratorio de Palabras Leer para encontrarnos', una iniciativa de Rubén Darío Silva, escritor y gestor cultural oriundo de María La Baja, quien encontró en su propia historia y en los saberes de su territorio la motivación para desarrollar este proyecto. Con el acompañamiento de la Fundación Albricias y en el marco del proyecto de grado de la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de UTadeo propició espacios de encuentro entre niños, niñas, jóvenes, sabedores, portadores de tradición y organizaciones culturales.
"Uno de los recuerdos frecuentes de mi infancia es verme sentado sobre las piernas de mi mamá en las noches en que faltaba el fluido eléctrico, atento a sus relatos y sus historias", recuerda Silva. Aquellas narraciones, que mezclaban el misterio, las fábulas y las historias transmitidas por sus mayores, marcaron su relación con la palabra y despertaron su interés por preservar las tradiciones de su comunidad.
La iniciativa busca fortalecer la transmisión de la tradición oral y el reconocimiento de las identidades culturales de los Montes de María mediante círculos de palabra, relatos de los mayores y ejercicios de creación colectiva. Para Silva, este proceso también ha significado ampliar su comprensión de lo que implica contar y transmitir conocimiento.
"Desde tiempos inmemoriales las sociedades humanas se han encontrado alrededor de la palabra, para narrarse a sí mismas, administrar justicia, enfrentar problemas, proyectar el futuro, tejer y consolidar una historia común", explica.
La experiencia piloto reunió a tres colectivos culturales del casco urbano de María La Baja —Chumbunba Le Compae, Cuero y Tambó, y Rosita y sus tambores— y al colectivo Se Vale Soñar, en Flamenco. En total, el proyecto tuvo un impacto directo en 120 personas de María La Baja y este corregimiento, y permitió identificar relatos, prácticas y expresiones que contribuyen a la construcción de identidad y sentido de pertenencia.
Durante los encuentros, los participantes exploraron los elementos que construyen la identidad de sus comunidades, compartieron historias y elaboraron cartografías de personas, experiencias y símbolos del territorio. La participación de los mayores fue fundamental para conectar a las nuevas generaciones con las memorias familiares y colectivas.
"Los sabedores, sabedoras, portadores y portadoras de tradición [...] tuvieron un papel y un rol protagónico porque se sintieron escuchados, se sintieron importantes, pudieron compartir sus secretos, sus visiones de mundo, sus experiencias con las generaciones mucho más jóvenes", señala Silva.
Historias que mantienen viva la memoria
Entre los principales hallazgos del proyecto se encuentra el valor del bullerengue como una expresión cultural que permite narrar la vida cotidiana, transmitir conocimientos y preservar la memoria de las comunidades de los Montes de María.
Para Silva, esta manifestación ha sido también una forma de resistencia frente a las violencias que ha vivido el territorio. A través de sus cantos, las comunidades han encontrado maneras de expresar sus experiencias, denunciar lo ocurrido y mantener vivas sus historias.
"El bullerengue se convirtió en un tema maravilloso, en un medio incluso para denunciar las cantadoras, los sabedores, los músicos utilizaban el bullerengue justamente para hablar de la vida, para hablar de la resistencia y también para denunciar lo que estaba pasando", afirma.
Otro de los hallazgos fue el reconocimiento del Baño de la Zorra, una práctica comunitaria del corregimiento de Flamenco vinculada a la celebración de San Juan. Antes del amanecer del 24 de junio, sus habitantes se desplazan hasta un arroyo, donde realizan un baño simbólico asociado a la renovación y expresan sus deseos. Después, se reúnen para compartir un desayuno comunitario acompañado de tambores y bullerengue.
Silva destaca esta tradición por su capacidad para reunir a la comunidad y transmitir conocimientos entre generaciones. "Esta práctica del Baño de la Zorra me parece que es una práctica comunitaria maravillosa de perdón, de conversión, de transformación y se hace en comunidad", explica.
En estas experiencias, la memoria no se conserva únicamente mediante los relatos, sino también a través de los rituales, la música, las celebraciones y las formas de relacionamiento que dan sentido a la vida colectiva.
Una metodología para seguir contando el territorio
Además de identificar y visibilizar estas prácticas culturales, el proyecto permitió construir una metodología propia, denominada LAPA, para acompañar procesos de memoria, identidad y creación colectiva.
La metodología propone cuatro momentos inspirados en los ciclos de la tierra: abonar, sembrar, cuidar y cosechar. A través de estas etapas, los participantes reconocen referentes culturales, comparten experiencias y construyen narrativas propias sobre su territorio.
Durante los encuentros también se incorporaron elementos simbólicos, como una mochila y un tambor, concebidos como detonantes de historias. La mochila representa un objeto cotidiano que acompaña a los habitantes, mientras que el tambor remite a la música y a las formas de encuentro comunitario.
Estos elementos contribuyen a crear espacios de escucha y participación en los que niños, jóvenes y adultos pueden compartir sus recuerdos, reconocer sus raíces y descubrir nuevas historias en su entorno.
Para Silva, uno de los aprendizajes más importantes ha sido comprender que la lectura y la escritura de la realidad no dependen exclusivamente de los conocimientos adquiridos en la educación formal.
"Nosotros, los seres humanos, necesitamos de historias", afirma. Y agrega que, al acercarse a las comunidades, encontró personas que, aunque no necesariamente sabían leer y escribir de manera convencional, interpretaban los signos de la naturaleza, conocían los ciclos de la tierra y conservaban saberes fundamentales para la vida colectiva.
La experiencia de Silva combina su trayectoria como escritor, gestor cultural, realizador audiovisual y presentador de televisión local con los aprendizajes adquiridos en la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de UTadeo, a la que llegó a través de una beca de Manos Visibles, en el marco de Vanguardia Étnica y Cultural.
De la formación académica al trabajo con las comunidades
El desarrollo del Laboratorio de Palabras también estuvo relacionado con los aprendizajes de Silva en la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de UTadeo, formación que le permitió fortalecer sus capacidades en planeación, comunicación, gestión y sostenibilidad de proyectos culturales.
"La maestría me ayudó para eso", señala al referirse a las herramientas que adquirió para organizar sus iniciativas, identificar actores, explorar alternativas de financiación y comprender las necesidades de sostenimiento económico y cultural de los proyectos.
Sin embargo, destaca que trabajar directamente con las comunidades también le permitió reconocer la importancia de adaptar esos conocimientos a las particularidades de cada territorio y a las dinámicas de sus habitantes.
El laboratorio no terminó con la presentación del proyecto de grado. Silva continúa acompañando procesos culturales junto con la Fundación Albricias en María La Baja, Flamenco y San José del Playón, entre otros territorios. Además, la metodología LAPA se ha incorporado a iniciativas como Curarte, ampliando las posibilidades de aplicación de esta experiencia.
'Leer para encontrarnos' demuestra cómo la gestión cultural puede contribuir a preservar la memoria, fortalecer los vínculos comunitarios y abrir espacios para que las nuevas generaciones se acerquen a sus raíces. Porque, como lo plantea Silva, encontrarse con las personas también permite ampliar la mirada sobre la lectura, la escritura y las múltiples formas de narrar el mundo.
