El cónsul iraní en Colombia, Hadi Shahabi, afirma que los bombardeos sorprendieron a Irán en medio de diálogos con Estados Unidos y los califica como una agresión ilegítima. Mientras Teherán asegura responder en defensa propia, organismos internacionales reportan más de 1.400 muertos, en su mayoría civiles, incluidos cientos de niños, y alertan sobre una crisis humanitaria agravada por la falta de acceso a información y la débil respuesta diplomática global.
Despúes de los ataques, según el gobierno iraní, marcaron un punto de inflexión en el rumbo reciente del país, el cónsul Hadi Shahabi intenta explicar cómo se vive la situación desde su lado del conflicto. Habla con calma, midiendo las palabras, pero su relato insiste en una idea central: para Irán, lo ocurrido fue una agresión inesperada.
Hadi Shahabi, cónsul de Irán en Colombia, después de la entrevista. Según explica, los ataques comenzaron mientras el país participaba en negociaciones indirectas con Estados Unidos en Omán. El momento —dice— fue lo más desconcertante, Irán estaba en medio de un proceso diplomático y, aun así, llegaron los bombardeos.
Retratos de líderes supremos iraníes, símbolos de continuidad ideológica y poder en la historia reciente del país.
Desde la perspectiva de su gobierno, se trató de una ofensiva “ilegal e ilegítima”. Shahabi sostiene que en esos ataques murieron altos mandos militares y que incluso el líder supremo, Alí Jameneí, fue asesinado. La sorpresa, insiste, estuvo en que todo ocurrió mientras continuaban conversaciones que, según asegura, avanzaban hacia un posible acuerdo.
Aun así, afirma que la respuesta fue inmediata. Según relata, las fuerzas iraníes reaccionaron pocas horas después y continúan haciéndolo mientras los ataques sigan activos. Para él, no se trata de una ofensiva sino de una reacción defensiva.
Cifras y víctimas: contexto humanitario
La versión que presenta el cónsul insiste en un punto clave, Irán se considera víctima de una agresión. Durante la conversación menciona que algunos de los ataques habrían alcanzado espacios civiles, entre ellos escuelas y jardines infantiles. Según su relato, cerca de 170 niños murieron durante esos bombardeos.
Esas cifras se alinean, en rango, con lo reportado por fuentes internacionales: organizaciones de derechos humanos y agencias como la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU señalan que, desde el inicio de la ofensiva, más de 1.400 personas han muerto en Irán, la mayoría civiles, y decenas de miles han resultado heridas. Organismos como HRANA y ACAPS estiman que, hasta mediados de marzo de 2026, al menos 1.400–1.500 civiles han fallecido en el territorio iraní, incluyendo más de 200 niños.
Retratos de líderes supremos iraníes, símbolos de continuidad ideológica y poder en la historia reciente del país.
Uno de los episodios más simbólicos fue el ataque a la escuela primaria de niñas Shajareh Tayyebeh, en Minab, en Hormozgan. Autoridades iraníes y organizaciones como UNICEF reportan que alrededor de 168 personas murieron en ese bombardeo, la mayoría niñas entre 7 y 12 años, además de docentes y algunos padres que estaban en el lugar. La oficina de educación de la ONU, UNESCO, calificó ese ataque como una “grave violación del derecho humanitario” y denunció la destrucción de una escuela primaria en plena jornada escolar.
Reacción de la comunidad internacional
Esa es, dice Shahabi, una de las razones por las que su gobierno considera que la comunidad internacional debería actuar con mayor contundencia. Para el cónsul, los organismos internacionales han tenido una respuesta insuficiente frente a la situación. Menciona especialmente a la ONU, a la que reprocha limitarse a emitir comunicados o llamados a la moderación entre las partes.
Organismos humanitarios coinciden en que la respuesta diplomática ha sido débil, la ONU advierte que el conflicto genera “una escalada de víctimas civiles”, con hospitales, escuelas y viviendas afectadas, y que la espiral de violencia amenaza con transformar la región en un escenario de largo conflicto. Reportes de ACAPS y la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios señalan, a mediados de marzo de 2026, que más de 1.400 personas han muerto en Irán y alrededor de 18.000 han resultado heridas, con graves daños a infraestructura médica y educativa.
En paralelo, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha denunciado una “guerra censurada”: el acceso de periodistas a territorio iraní es extremadamente limitado, las comunicaciones se interrumpen de forma periódica y los medios independientes que aún operan lo hacen bajo fuerte presión estatal y amenazas militares. RSF subraya que la falta de información verificable dificulta aún más la formulación de políticas humanitarias y diplomáticas efectivas por parte de la comunidad internacional.
Confianza fracturada y futuro de la diplomacia
El problema, explica Shahabi, es que la confianza se ha debilitado. El cónsul recuerda el acuerdo nuclear alcanzado en 2015 entre Irán y el grupo de potencias conocido como el “5+1”. Ese pacto fue el resultado de años de negociaciones y, según afirma, demostró que el diálogo podía producir acuerdos concretos. Sin embargo, la salida de Estados Unidos del acuerdo terminó por fracturar ese proceso.
Para Shahabi, negociar mientras ocurren ataques o presiones militares hace que la diplomacia pierda credibilidad. Esa tensión entre conflicto y diálogo también atraviesa las relaciones que Irán mantiene fuera de su región. En ese marco, la conversación se desplaza hacia otro escenario: el vínculo con Colombia.
Una familia iraní en Bogotá
El diplomático describe esos lazos como antiguos y relativamente estables, con más de medio siglo de contactos políticos y comerciales. Sin embargo, reconoce que uno de los mayores vacíos es la ausencia de una embajada colombiana activa en Irán desde hace más de veinte años.
En Bogotá, una familia iraní que vive al norte de la ciudad, radicada desde hace varios años sigue las noticias con el celular en la mano y la incertidumbre instalada en la rutina. “Uno intenta hacer vida normal, pero todo el tiempo estás pensando en quién contestará el próximo mensaje”, dice Leila (nombre cambiado por seguridad), cuyos padres y su hermana menor permanecen en Teherán.
Desde que comenzaron los ataques, las llamadas se han vuelto irregulares. A veces pasan horas —o días— sin respuesta. “Cuando por fin contestan, uno no pregunta mucho. Solo necesita escuchar que sigan vivos”. Su esposo describe la distancia como una forma distinta de impotencia: “Allá está tu familia y tú estás aquí, sin poder hacer nada. Ni siquiera puedes protegerlos”.
La familia cuenta que ha cambiado rutinas, duerme menos y evita ver noticias antes de dormir. Aun así, el conflicto se cuela en lo cotidiano. “Es una preocupación constante. No se va”, dice Leila. Para ellos, la guerra no es una discusión geopolítica ni un cruce de versiones oficiales. Es la espera. Es el silencio. Es no saber.
Puentes culturales y diplomáticos
En paralelo, el trabajo diplomático intenta sostener otros puentes. Uno de los proyectos que Shahabi menciona con mayor interés es la creación de una cátedra de lengua persa y estudios iraníes en la Universidad Nacional de Colombia. Según el diplomático, los estudiantes han mostrado curiosidad por conocer más sobre el idioma y la cultura de su país.
El objetivo, afirma, es reducir el desconocimiento mutuo entre ambas regiones. Para él, la distancia entre Medio Oriente y América Latina ha generado una falta de contacto que solo puede resolverse con intercambios culturales y viajes. De hecho, la embajada también ha trabajado con agencias de turismo para promover visitas a Irán y mostrar su patrimonio histórico y natural.
Espacio de la sede consular donde se desarrolló la entrevista, reflejo del entorno diplomático en Bogotá.
Más allá del caso colombiano, Shahabi cree que América Latina puede tener un papel relevante en la búsqueda de soluciones diplomáticas a los conflictos internacionales. En su visión, muchos países de la región han construido una imagen asociada a la defensa de la paz y el diálogo.
Contexto actual según la ONU y RSF
Mientras la entrevista se acerca al final, el cónsul vuelve al punto que atraviesa toda la conversación: la diplomacia. Para él, las guerras suelen ser el resultado de negociaciones fallidas o de compromisos que no se respetan. La paz, dice, solo es posible si todas las partes están dispuestas a cumplir los acuerdos.
Organismos de la ONU han advertido que, al cierre de marzo de 2026, el conflicto en Irán ha producido más de 1.400 muertos y decenas de miles de heridos, con daños severos a escuelas, hospitales y viviendas civiles. La ONU subraya que la “espiral de violencia” amenaza con prolongar el sufrimiento de la población y profundizar la crisis humanitaria en la región.
Por su parte, Reporteros Sin Fronteras (RSF) denuncia que la guerra se combina con una “crisis informativa”: periodistas trabajan bajo bombardeos y presiones estatales, mientras el acceso a información verificable se restringe y la narrativa se vuelve cada vez más fragmentada. Para RSF, sin mayor transparencia y sin un verdadero freno diplomático, la incertidumbre seguirá siendo el estado permanente de millones de personas, incluso muy lejos de las líneas de combate.






