Desde la selva al micrófono: la historia de Nadhiezhda Novoa y la radio que le devolvió la voz al Vaupés

Criada en Mitú y formada como comunicadora fuera de su territorio, Nadhiezhda Novoa regresó al Vaupés para hacer del periodismo comunitario una herramienta de memoria, equidad y transformación social, enfrentando la violencia, el olvido estatal y los estigmas de género desde la radio local.

El Vaupés, ubicado en el sureste de Colombia, es una región de exuberante belleza natural que forma parte de la Amazonía. Su territorio está dominado por una densa selva tropical atravesada por numerosos ríos, entre ellos el Vaupés y el Apaporis, que sirven como vías de comunicación y fuente de vida para las comunidades locales. De ahí es Nadhiezhda Novoa Chequemarque, hija de una pareja de docentes del casco urbano del municipio. Allí aprendió a vivir en comunidad gracias al valor cercano de la cultura indígena, junto al mensaje transcendental del compartir. Fortaleció su amor por el medio ambiente, aquel que se encargaba de darle vida a los diferentes espacios con los tonos verdes. Sus valores y aprendizajes fueron recolectados gracias a las experiencias provenientes de su infancia en Mitú, aunque su verdadera pasión floreció gracias a la influencia de su padre.

Mitú, casa de todos

El padre de Nadhiezhda, Gentil, nacido en Falan, Tolima, y criado en Granada, Meta, fue docente en las zonas rurales del departamento llanero durante dos años, profesión que no le daba mucho dinero a él o a sus compañeros de trabajo. Migró a un departamento del Vaupés con un auge en los cultivos ilícitos y deficiencia de educación en las comunidades nativas de los municipios, debido al incremento de docentes que dejaron la profesión para trabajar con la coca. Al comienzo fue difícil. Los indígenas, en su momento, juzgaron a Gentil por su color de piel. La percepción de los blancos en estas comunidades no es muy positiva: la tez blanca está ligada con periodos de explotación en mano de obra, vulneración de derechos a la sociedad aborigen y violencia cultural. Pero, aun así, Gentil se esforzó en sus responsabilidades y se estableció nuevamente como profesor en los pueblos periféricos, aunque esta vez del Vaupés. Allí formó una familia conformada por él, su esposa y sus dos hijos, Nadhiezhda y Yentil.

Radio, fiel compañera

A pesar de haber sido docente toda su vida, a Gentil el ejercicio de la comunicación siempre le había llamado la atención. Gracias a ese amor logró hacer una amistad con un propietario de una radio pirata del departamento, que accedía a darle espacios en la programación. Así que, transmitiéndole de la misma forma la dedicación que él sentía, Gentil llevaba a su hija a ser parte de esta actividad con tan solo diez años de edad. Los dos hacían programas juntos, relataban las noticias de actualidad del momento y compartían gustos musicales propios con los oyentes que los acompañaban semanalmente. Ya relacionada con el mundo de la radio, Nadhiezhda no se quiso alejar de la herencia de su padre. Ella, al finalizar su bachillerato, decidió entrar a una universidad para estudiar comunicación social y periodismo. En su época, el Vaupés aún no tenía una universidad en la que ella se pudiera inscribir, así que, como muchos jóvenes que habitan en las inmediaciones del país, buscó otras oportunidades en ciudades más grandes con mayor oferta educativa.

Nadhiezhda Novoa encontró en la radio comunitaria una forma de narrar el Vaupés desde la memoria, el territorio y la resistencia. Logo de la emisora. Foto de archivo.

Heridas, un territorio

El primero de noviembre del año 1998, militantes del movimiento guerrillero Farc-EP atacaron a la capital del departamento del Vaupés. La toma de Mitú duró alrededor de 72 horas y resultó en la destrucción de gran parte de la infraestructura, como la estación de policía del municipio, la sede de la Registraduría Nacional, la sede de la extinta empresa estatal de comunicaciones Telecom y otros edificios del casco urbano. En cuanto a cifras oficiales de víctimas, se conoció el hallazgo de 56 muertos y 61 secuestrados, según la Unidad para las Víctimas. Se estimó que 1.500 reclutas de las extintas Farc poseían diferentes artefactos, como granadas o cilindros de propano, para los ataques iniciales. Este hecho dejó una herida abierta en la comunidad de Mitú. La violencia y los grupos volvían a dejar al municipio en un estado vulnerable por el dominio de los cultivos ilícitos del departamento. Antes de la conmoción, Gentil decidió que lo mejor para su hija, de manera definitiva, era que migrara a otro lugar con el fin de prosperar y encontrar un futuro mejor. Gracias a un contacto realizado desde la Secretaría de Educación del municipio, logró encontrar una casa de estrato medio-alto en la capital del país para que viviera, con el fin de comenzar su formación profesional en la Universidad de los Libertadores.

Bogotá, selva desconocida

Al principio, el choque cultural era evidente, hasta para una niña de 16 años que estaba acostumbrada a ver otros colores en el panorama. Los grises ahora eran más prominentes que el verde y el río Vaupés no la acompañaba, por más presencia de él en su corazón. Ella era diferente en comparación a sus otros compañeros; la mayoría de ellos no podían ubicar en el mapa colombiano dónde se encontraba Mitú o si realmente existía. Pero ella, por su parte, no sabía en qué lugar vivía. A pesar de ser desemejante a los demás, logró adaptarse de muy buena manera a los grupos sociales que la universidad le estaba asignando. Su mayor desafío en los cinco años que estuvo en Bogotá fue el uso del internet y las herramientas tecnológicas. “Nosotros nunca habíamos manejado un computador y mucho menos yo no conocía el internet. Para mí eso era algo demasiado desconocido, yo me decía: ¿En serio se puede hacer eso? Era como que yo hubiera llegado a un mundo completamente diferente”. Aunque las dificultades no cesaron de aparecer, la ayuda de sus amigos de carrera, que conocían la realidad de Nadhiezhda, fue fundamental para que ella pudiera sobrepasar los desafíos que la era digital le presentaba. En el año 2003, y ya siendo mayor de edad, Nadhiezhda logró graduarse como comunicadora después de cinco años de sacrificio y disciplina para materializar su sueño. La realidad después de haber logrado su hito personal había cambiado completamente. Trabajó unos meses en la capital y, aunque no tenía problemas para realizar su trabajo, el día a día y el precio que llevaba mantenerla era mayor que el costo de su tranquilidad. Pero, en el momento que menos ella esperaba, Mitú volvía para abrirle las puertas nuevamente.

Raíces, regreso a casa

Al principio, las dudas dominaban su mente. Volver a Mitú después de experimentar el avance de la tecnología y el modernismo de Bogotá parecía ser un retroceso sin antecedentes. Más no dejó que esa percepción afectara su oportunidad de volver a su tierra; en ella estableció un periodo de prueba para aplicar lo aprendido en un contexto más familiar. “Yo pensaba que, quizá, podía aportar más como profesional en mi propio territorio, donde es posible ver de manera más directa el impacto del trabajo que uno hace, que desde un cargo en Bogotá”. Las expectativas del futuro transformaban su lugar de nacimiento por un territorio totalmente diferente y lleno de expectativas. En ese lapso de un año compartió con las diferentes comunidades indígenas y viajó por todo el departamento. Su etapa de regreso marcó un antes y un después: encontró la emoción de trabajar por los demás y la razón de vivir ligada a lo que había aprendido cuando migró. Allí encontró lo que ni siquiera la Bogotá desarrollada podía tener. No pensó ni siquiera en irse otra vez; sabía que su lugar en el mundo era cerca del río Vaupés, de la selva y del amor familiar que tanto le hacía falta. Ya estable en su ciudad natal y con nuevos desafíos por vivir, Nadhiezhda decidió volver al gusto que le enseñó su papá y le pidió un espacio en la radio comunitaria que su padre tenía por ese entonces.

Comunicación, la esperanza de un pueblo

La antigua radio pirata con la que había aprendido a desarrollar sus habilidades radiales fue denunciada en la ciudad de Bogotá y obligada a desmantelar toda la infraestructura necesaria para su funcionamiento. Por lo tanto, Mitú permaneció demasiado tiempo sin una radio que informara las noticias de relevancia municipal y departamental. Hasta que, por el secuestro de 16 adolescentes que estaban prestando servicio militar en la toma de Mitú, surgió un grupo informal de ciudadanos voluntarios, ahora una ONG (Corporación para el Desarrollo Integral de la Dignidad Humana en Vaupés), que buscó ayudar de diferentes formas a las familias de estas jóvenes víctimas, habitantes de pueblos aledaños del municipio y miembros de las comunidades indígenas del Vaupés.

En la búsqueda de recursos para la liberación de ellos, se encontró la necesidad de un medio para replicar la información. Gracias a los conocimientos previos de Gentil, la comunidad optó por la creación de una nueva radio. Ante la necesidad de un permiso para la operación correcta de la emisora, asistieron al comando de policía en el municipio y allí el comandante de aquel momento les dijo que esa decisión no era asunto de la Policía Nacional sino del Ministerio de Comunicación de la época, pero que ellos iban a hacer caso omiso si les llegaba la información de la existencia de una radio pirata, con la única condición de que, si desde Bogotá denunciaban a la radio, Gentil tenía que entregar los dispositivos y desmantelar el medio. Desde su primera transmisión, la emisora tuvo una gran acogida en la ciudadanía.

Mitú, al ser un municipio pequeño, esparció de manera rápida la creación del medio y, con ella, la duda sobre en dónde estaba operando este. En el horario de la madrugada replicaban las noticias nacionales del medio Caracol Radio; por las mañanas realizaban un espacio para informar a la ciudadanía sobre la más reciente información del departamento. De esa manera fue como se consolidó y nació lo que se conoce como Yuruparí Estéreo, la radio comunitaria del departamento del Vaupés. Yuruparí Estéreo ha tenido muchos desafíos en su funcionamiento. Ha sido denunciada ante la Agencia Nacional del Espectro (ANE) con el fin de confiscar equipos; no goza de estabilidad debido a los diferentes apagones que suceden en el municipio; ha sufrido distintos problemas técnicos con sus equipos por la insuficiencia de repuestos y, como toda radio comunitaria, tiene problemas con el recaudo de fondos para un correcto desempeño. Aun así, ha logrado estar en las radios vaupenses por más de 20 años en ejercicio, brindándole a sus oyentes contenidos de calidad, opinión ciudadana y espacios de promoción cultural.

Arú Pacomá, el medio del Vaupés

Nadhiezhda, en la radio comunitaria, realizaba espacios enfocados en la institucionalidad, con temas como salud, educación y otros sectores de interés público. Más no era su gran pasión realizar ese tipo de contenido. Ella quería hacer un ejercicio enfatizado en su comunidad, que enmarcara los diferentes logros que diariamente obtenía la ciudadanía, que le facilitara a los usuarios de internet obtener la actualidad de su región y que, dentro de todos esos parámetros, se destacara por ser transparente.

De esa idea se creó el Magazín Arú Pacomá, un espacio en la radio en el que se exaltaran los sucesos o administraciones positivas del departamento y, mediante el uso de entrevistas, involucrar cada vez más a los vaupenses al desarrollo del departamento. En primera instancia, Nadhiezhda no quería que fuera ella sola la que estuviera presente en el programa; la presencia de otras personas era esencial para que no fuera un monólogo, y así, de igual manera, poder cubrir con las diferentes personalidades un esquema variado de temas con el fin de atraer cualquier tipo de público. El equipo de Arú Pacomá, en un comienzo, se conformó por tres miembros; dentro de ellos, la única comunicadora era Nadhiezhda. Los demás eran entusiastas del proyecto, interesados en progresar en el panorama periodístico del Vaupés.

Llenos de optimismo y energía comenzaron a consolidar el proyecto desde el amor al mismo; cada semana traían un tema de conversación diferente, un invitado profesional y un espacio para la opinión ciudadana. Sin embargo, por ser un ejercicio voluntario, el tiempo se encargaba de apagar la llama de la pasión de los otros participantes del medio. En un momento, Nadhiezhda volvió a quedar sola con su idea: uno había sido trasladado de zona en su trabajo y la otra quedó embarazada, por lo tanto tenía otras responsabilidades por cumplir. La expectativa la invadía; no quería que su programa se tratara de manera entera sobre ella y su voz, necesitaba por lo menos a otro miembro para conservar el enfoque con el que se había creado. En esa búsqueda aparece Doris, una profesional en comunicación social y periodismo de la Universidad de Antioquia, que, al igual que Nadhiezhda, es oriunda del departamento del Vaupés e hija de un sociólogo profesional. Doris no era una persona completamente desconocida para Nadhiezhda al momento de hacerla parte del proyecto.

Ella, en una ocasión, fue invitada en una serie de segmentos organizados por el Magazín para resaltar a individuos de la comunidad indígena que migraron a otros lugares del país para estudiar, con el fin de darle esperanza a los jóvenes aborígenes y disminuir la tasa de suicidios en esta población. Aparte de ella y otro compañero, Nadhiezhda no había conocido a ningún otro profesional en comunicación social y periodismo en Mitú. Por su suerte, Doris también tenía una gran pasión por la acción comunitaria, junto a un sentido de pertenencia a su lugar de ser. Arú Pacomá fue el encuentro de dos mujeres con caminos similares y un mismo propósito: informar al Vaupés.

Estigmas, lucha de género

Con el nuevo cambio de personal, el magazín buscaba ser parte de un panorama periodístico y ganar renombre dentro de un departamento marcado por el ejercicio de hombres. Un reto de gran magnitud, ya que la cantidad de medios para todo el departamento en su momento era diminuta y sin gran participación del género femenino en él. Las dos reconocían que, si querían crecer en aquel proyecto, tenían que hacer más que buen periodismo, sino también erradicar estigmas de una sociedad machista.

Según el índice elaborado por la Universidad del Rosario y el Consejo Privado de Competitividad (CPC), con el apoyo de Davivienda, en 2025, que analiza indicadores en infraestructura, educación, salud, mercados y participación política, Vaupés es el quinto departamento con mayor brecha de género. Las condiciones para que una mujer pueda acceder a un empleo justo son muy mínimas comparadas con las que posee un hombre con la misma formación educativa o profesional. Además, en el año 2019, el Instituto Nacional de Salud (INS), junto al Ministerio de Salud, midió y oficializó los casos recolectados en el transcurso del año de violencia intrafamiliar y de género en todo el país. El departamento se ubicó en la segunda posición con mayor número de datos registrados, solo por debajo del Amazonas.

Bajo el parámetro de medición basado en la incidencia de este tipo de violencia por cada 100.000 habitantes, se determinó que se encontraban 511,4 casos en el rango de ciudadanos ya antes mencionado, cerca de 160 casos más de lo esperado por el instituto. Vaupés no es una buena ciudad para nacer siendo mujer. Los constantes desafíos y peligros son más que evidentes. Las generalizaciones machistas afectan a más de una mujer que está dispuesta a buscar otro futuro más allá de ser ama de casa y refuerzan creencias inequívocas sobre las capacidades del género.

Tanto Nadhiezhda como Doris fueron víctimas de una sociedad machista; a pesar de ser profesionales y tener formación laboral en instituciones públicas, vivieron cómo las menospreciaban por el simple hecho de ser mujeres. “Ese rechazo por ser mujer, ¿sabes? Cuando recién empezamos y buscábamos una entrevista, en muchas ocasiones, nos tiraban la puerta o nos decían: “A usted qué le importa”. Y al final nosotras siempre decíamos que por el simple hecho de ser mujeres no generábamos tanto respeto”, confesó Nadhiezhda.

A los únicos que les daban información o tenían permitido cubrir eventos especiales eran los medios representados por un hombre; aquellos que tuvieran una periodista eran tratados como si simplemente fueran otra persona más del común. Pero dentro del amor a la comunidad y al periodismo está la persistencia de realizar un cambio, en este caso, uno que modificó la percepción de un género. Las dos se esforzaron por impulsar el trabajo hecho por ellas: trabajaron hasta la medianoche los fines de semana, no desistían en los lugares y, por más que en una primera instancia recibieron más de una respuesta negativa, volvían a esos lugares a mostrar su dedicación y seriedad en el ejercicio.

Dedicación, un medio para todos

Han sido nueve años en los que, como asociación periodística, han trabajado para rendirle tributo a su género y a sus raíces. El trabajo colectivo ha hecho que una sociedad alejada del valor femenino en los medios cambie y confíe en la dedicación de estas dos mujeres valientes.

Desde Mitú, la voz de Doris y Nadhiezhda conecta a las comunidades del Vaupés y rompe el silencio impuesto por el abandono y la violencia. Foto de archivo.

“Nos gusta saber que el reconocimiento que tenemos lo hemos construido a pulso. Nos hemos ganado un nombre y hoy somos ampliamente reconocidas en el departamento, precisamente porque hemos sido personas transparentes y profundamente comprometidas con la comunidad. Nunca hemos estado involucradas en pagos de terceros ni en publirreportajes. Eso nos da la tranquilidad y la libertad de hablar frente al micrófono sobre corrupción o sobre cualquier tema incómodo. Podemos hacerlo con la certeza de que nunca hemos estado ligadas a escándalos relacionados con un mal ejercicio periodístico. Esa coherencia es lo que nos genera una enorme tranquilidad”, expresó Nadhiezhda.

 

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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