En Buenaventura, el periodista Elver Rengifo Micolta ha convertido la emisora comunitaria Voces del Pacífico en un espacio de información, cultura y participación ciudadana que narra el territorio desde adentro. Su trabajo muestra cómo el periodismo local puede fortalecer el tejido social, resistir al miedo y contar historias más allá de la violencia que suele dominar los relatos nacionales sobre el Pacífico.
En Buenaventura el periodismo no es una oficina con aire acondicionado ni una redacción distante que mira el mapa desde lejos. Es una práctica que se hace con el ruido del puerto de fondo, con la humedad pegada a la piel y con la conciencia permanente de que cada palabra tiene peso. Desde ahí, desde el territorio mismo, dirige Elver Rengifo Micolta la emisora comunitaria Voces del Pacífico, un medio que hoy es referente local, pero que cuando él llegó, hace catorce años, estaba al borde de apagarse.
La emisora tenía licencia desde 1997, autorizada por el entonces Ministerio de Comunicaciones, pero el papel no garantizaba sostenibilidad. Había dificultades económicas, problemas técnicos, una infraestructura deteriorada y una programación debilitada. Rengifo llegó en ese momento crítico. No lo hizo solo, reunió a un equipo de trabajo, algunos compañeros que ya lo habían acompañado en otros procesos radiales, y empezaron a reconstruir. No desde la queja, sino desde la convicción de que Buenaventura necesitaba una voz propia, una emisora que hablara desde y para la ciudad.
Elver Rengifo Micolta es director de la emisora comunitaria Voces del Pacífico y cuenta con más de 33 años de trayectoria en radio, tanto comercial como comunitaria, en el distrito de Buenaventura. Foto archivo personal.
Su relación con la radio comenzó mucho antes. En el Seminario San Buenaventura fue vocero estudiantil, representante de curso, presentador oficial de actos públicos. Siempre el que tomaba el micrófono. Después viajó a Cali con la intención de estudiar psicología en la Universidad del Valle, pero no logró ingresar. Un amigo le dijo lo evidente: tenía voz para la radio. Se formó como locutor en una academia llamada Carrusel y luego hizo parte de la creación del Instituto Nacional de Telecomunicaciones, donde se graduó en 1990 como locutor para radio y televisión. Pasó por emisoras como Radio Súper, Todelar y Radio Palmira, hasta que decidió regresar a su ciudad.
Volver a Buenaventura no fue solo una decisión profesional; fue una elección territorial. Trabajó primero en Radio Buenaventura, la emisora más antigua de la ciudad, y luego durante 17 años en Cascaja Estéreo, una de las primeras emisoras FM del distrito. Aunque era comercial, tenía una fuerte proyección social.
Por eso, cuando asumió la dirección de Voces del Pacífico, entendió que hacer periodismo desde el territorio significaba algo muy concreto y era conocer cada barrio, cada comuna, cada corregimiento; entender que Buenaventura no es solo un puerto, sino una ciudad con un puerto y varios terminales marítimos, con zonas urbanas y rurales que pueden estar separadas por más de ocho horas en lancha. Esa precisión geográfica no es un detalle técnico; es respeto por el lugar. Asímismo desde el medio impulsaron proyectos de energía para zonas rurales, acompañaron procesos de diálogo en barrios y generaron acercamientos con jóvenes en conflicto. Esa experiencia marcó su visión de que la radio no es solo entretenimiento, es herramienta de transformación de tejido social.
En la emisora, las quejas ciudadanas no se tratan como un simple ruido. Cuando un oyente llama para hablar de la falta de agua, de los cortes de energía, de la basura acumulada o de una vía bloqueada, no está hablando con un extraño. Está conversando con alguien que vive lo mismo. Rengifo insiste en que no puede ser indiferente porque también es ciudadano del territorio. Esa cercanía cambia la lógica del periodismo y no es el reportero que observa desde afuera, es el habitante que narra su propia realidad.
Pero narrar Buenaventura implica enfrentar un reto permanente, el miedo. La ciudad ha sido golpeada por el conflicto armado y la presencia de grupos al margen de la ley. Aunque él no ha sufrido amenazas directas, reconoce que el temor está todos los días. Una palabra mal interpretada, una frase sacada de contexto, una publicación apresurada pueden convertirse en riesgo real. Mientras concede entrevistas o dirige un programa, pueden ocurrir hechos violentos a pocas cuadras. La presión por publicar rápido existe, pero en su emisora la prioridad es verificar. Prefiere confirmar antes que correr detrás de la “chiva”. En un contexto como este, la prudencia no es debilidad, es responsabilidad.
Elver Rengifo y otros colegas en cabina de transmisión durante emisión en vivo en Voces del Pacífico, Buenaventura. Foto archivo personal.
Sin embargo, reducir Buenaventura a la violencia sería repetir el error de muchos relatos nacionales. El territorio es también cultura viva. En el Pacífico la música atraviesa todas las dimensiones de la existencia. Los arrullos acompañan el nacimiento; los alabados, la despedida de quienes parten. En protestas, celebraciones y velorios, la música está presente. Incluso los grupos armados han entendido su poder simbólico. Para la emisora, la cultura no es un segmento decorativo, es parte estructural del relato diario. Festivales folclóricos, encuentros de arrullos, cantadores de río, gastronomía diversa y saberes ancestrales hacen parte de la agenda porque definen quiénes son.
Desde esa perspectiva territorial, también identifica historias que aún no se cuentan lo suficiente en el país, la capacidad de sanación a través de plantas medicinales, el conocimiento de las parteras, las prácticas ligadas a los ciclos lunares, las creencias que sobreviven en zonas selváticas profundas. Historias que no giran alrededor del escándalo, sino de la vida cotidiana y la memoria colectiva.
Mantener la independencia editorial en este contexto es otro desafío. La emisora vende publicidad, sí, pero separa con claridad el servicio comercial de la información. Puede haber pauta institucional en determinados momentos del año, pero eso no limita la capacidad de cuestionar, opinar o exigir respuestas a la Alcaldía, la Gobernación o la Nación. En más de 33 años de ejercicio periodístico, Rengifo asegura que no ha comprometido su independencia. La credibilidad, en región, no se sostiene con discursos sino con coherencia diaria frente a oyentes que lo conocen y lo encuentran en la calle.
La radio, además, no está en decadencia en territorios como este. Menciona que se ha transformado. A la frecuencia tradicional se suman transmisiones digitales y redes sociales que amplían el alcance. En Facebook, la emisora supera los 114 mil seguidores y su cuenta personal ronda los 19 mil. Pero más allá de las cifras, lo que confirma la vigencia del medio es algo más simple, en los corregimientos lejanos, cuando alguien reconoce su voz y dice que lo escucha, la radio demuestra que sigue siendo el canal más cercano.
Voces del Pacífico no se limita a pasar servicios sociales. Ha liderado campañas de útiles escolares, acompañado procesos comunitarios, servido de enlace entre consejos comunitarios y entidades del Estado, abierto micrófonos a docentes y juntas de acción comunal, y retomado espacios como “Voces en las comunidades”, donde los barrios participan directamente en la parrilla. La participación se promueve, pero también se regula, no permiten que la emisora se convierta en plataforma oportunista durante temporadas políticas. Integrar a la comunidad implica escuchar, evaluar y decidir con responsabilidad.
Sostener el proyecto, sin embargo, no es fácil. La pauta institucional local es baja y no supera el diez por ciento de la franja publicitaria. No cuentan con gran respaldo comercial permanente. Sobreviven con convenios, campañas y actividades especiales. Reinventarse es una necesidad constante. La pasión no paga facturas, pero sí sostiene la convicción.
Cobertura periodística en espacio comunitario de Buenaventura. Foto archivo personal.
Al final, cuando se le pregunta qué es lo que más ama del periodismo, no elige una sola cosa. Habla de satisfacción, saber que al otro lado hay alguien que encuentra alivio, respaldo o respuesta al escuchar la emisora. En un territorio donde la desconfianza y el miedo han marcado la historia reciente, que una voz genere refugio no es poca cosa.
El periodismo en región, visto desde Buenaventura, no es una versión reducida del periodismo nacional. Es una práctica arraigada al territorio, donde informar es también acompañar, donde la cultura es resistencia y donde la independencia se defiende todos los días. Mientras exista una comunidad que necesite contarse a sí misma sin filtros externos, emisoras como Voces del Pacífico seguirán siendo más que un medio: serán parte esencial de la vida del territorio.






