Entre vicios y vacíos, el drama de una madre que ve a su hijo consumirse en las drogas | Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano

Entre vicios y vacíos, el drama de una madre que ve a su hijo consumirse en las drogas

Con lágrimas en los ojos, Claudia recuerda que para esa época, con tan solo 19 años, su hijo mayor, por el que tanto había luchado, cayó en la indigencia tras haberse fugado de la fundación en la que se estaba rehabilitando. Jeisson duró un año perdido de su familia. El desespero de una madre que busca recuperar a su hijo, no bastó para sacarlo de las calles. Un día, sin una explicación clara, terminó asesinado.  

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Claudia: La lucha de una madre por recuperar a su hijo

Claudia, una mujer oriunda del municipio de Sibaté, Cundinamarca, quedó embarazada días antes de su graduación del colegio, y debido al rechazo de su familia, tuvo que irse junto con su esposo y dos hijos a pagar arriendo. Ella resalta que vivían en una casa humilde y sencilla en donde no tenían grandes comodidades pero tenían lo suficiente para estar bien, vivían con lo necesario. En su postura, en la forma en que habla, se nota la tenacidad y la fortaleza que la caracterizan. A medida que va avanzando con el relato, deja ver su lado débil, Jeisson. Su hijo mayor que, desde que era un niño de 13 años, entró en el mundo de las drogas. 

Su voz se corta a medida que cuenta su historia y sus ojos se enlagunan por el sentimiento que le causa recordar a su hijo. Para ella, él siempre fue un buen niño, aplicado en el colegio en donde se caracterizaba por ser líder, pero en ocasiones resultaba ser negativo, pues solía incitar a sus compañeros a hacer cosas indebidas.

A medida que Jeisson crecía, el sufrimiento de Caudia también. Comenzaron las conductas que, ante los ojos de ella, resultaban sospechosas. Se empezaron a perder cosas de la casa. Para Caudia fueron los primeros signos de que su hijo estaba en malos pasos. Un día ella le confió a su hijo la plata de la pensión mensual del colegio; Jeisson llegó a casa, horas después, diciendo que se la habían robado, pero para Claudia era evidente que todo era mentira.

El conflicto humano de Claudia

Claudia se sentía sola luchando contra la situación que estaba viviendo con Jeisson. Para ella, su esposo siempre fue una persona débil y fácil de manipular por su hijo. Su instinto de madre le dijo que la falta de carácter de su hijo fue el detonante para caer en el mundo de las drogas, lo cual también afectó su entorno familiar y, sobre todo, la relación de Claudia con su esposo, el padre de Jeisson. 

Mientras luchaba sola con la situación de su hijo, se enfrentaba con frecuencia a discusiones con su esposo por la falta de interés que él tenía por apropiarse de la situación de Jeisson. Claudia también sentía la necesidad de proteger a su hijo menor, Samuel, de todo este conjunto de situaciones nocivas para un niño, que en ese momento no entendía lo que estaba pasando y lo único que creía era que su familia lo había dejado de lado por estar pendientes de su hermano mayor. 

Ingenuamente, Claudia creyó que si Jeisson prestaba el servicio en la Policía Nacional, la situación iba a mejorar, pero fue ahí en donde la adicción de Jeisson empeoró. Allí se le facilitó conseguir algunas drogas como marihuana y pegante, que incautaba y se repartían entre los bachilleres de turno. Claudia confiaba en que, al finalizar su paso por la policía, Jeisson no consumiría más drogas. Todo fue un espejismo, su hijo ahora sentía la necesidad de explorar nuevas experiencias frente a las drogas.  

Entrevista realizada al psicólogo Andre Didymedome.

Una nueva oportunidad

Para Claudia era fundamental la educación de sus hijos, por esto inscribió a Jeisson en la Universidad de Cundinamarca para estudiar Hotelería y Turismo. Su objetivo era cambiar el entorno social y las amistades que en ese momento tenía. Sin embargo, para Jeisson fue una ventaja, ya que la sede de esa universidad está ubicada en el centro de la ciudad, lo que permitió el acercamiento a las zonas con más índices de delincuencia y acceso a drogas ilegales de Bogotá. Allí fue más fácil conseguir las dosis de bazuco, su nueva droga, y aumentar su consumo. 

Con lágrimas en los ojos, Claudia recuerda que para esa época, con tan solo 19 años, su hijo mayor, por el que tanto había luchado, cayó en la indigencia tras haberse fugado de la fundación en la que se estaba rehabilitando. Jeisson duró un año perdido de su familia, la angustia de Claudia se hacía más grande y el desespero por recuperar a su hijo la llevaron a buscarlo por las calles del centro. Un día, con ayuda de un informante, logró tomarlo a la fuerza e internarlo en una nueva fundación, en donde ella creyó que todo mejoraría. 

Jeisson pasó tres meses dentro de la Fundación Cristiana Maranatha. Recuperado, dice Claudia. Empezó a trabajar en la cocina de la fundación, en donde cada vez se le veía el avance que estaba teniendo y en donde Claudia pensó que, por fin, después de tanto esfuerzo por sacarlo de la drogadicción, lo iba a lograr. Con el paso del tiempo y después de casi un año dentro de la fundación, Jeisson empezó a tener permisos para salir a la calle.

Jeisson obtuvo el último permiso para finalizar el proceso de rehabilitación e inserción a la sociedad, pero la suerte no estaría de su lado ese día. Mientras caminaba en el puente peatonal de la estación de Normandía, en un retén de la policía le solicitaron sus documentos, y al verificar sus antecedentes penales, encontraron una orden de captura por hurto, el cual había cometido mientras era habitante de calle.

Claudia, en medio de su desesperación, decidió contratar un abogado para lograr que su hijo pagara el menor tiempo posible en la cárcel. Pero Claudia seguía teniendo sentimientos encontrados. Por un lado, sentía alivio de que él estuviera en ese lugar y no en las calles. Por otra, no concebía la idea de que su hijo siguiera haciendo daño a la sociedad. 

Cuando Jeisson salió de la cárcel, la preocupación de Claudia empezó a crecer de nuevo. Su hijo decidió huir de su hogar, lejos de su familia, y el consumo aumentaba hasta tal punto que comenzó a robar a las personas del municipio de Sibaté, todo para obtener dinero que le permitiera comprar drogas.  

Al cabo de un tiempo, ya no era solo consumidor, sino que empezó a vender drogas a los jóvenes del sector. La marihuana, el bazuco y el perico, al parecer, le eran suministradas por un vigilante del sector del Bronx, en Bogotá. Algunos dicen que ahí conoció a uno de los líderes de una banda que terminó llegando a Sibaté para crear su propia banda de microtráfico.


Una despedida anunciada

Claudia, en su afán por lograr recuperar nuevamente a Jeisson y volver a reunir a su familia, decidió hacer un viaje con sus hijos a la casa de un hermano en Cali. Ella narra que fue uno de los mejores viajes de su vida, pues fue allí donde logró restaurar la relación con su hijo mayor. Ella siente que durante el viaje pudo aliviar un poco el dolor en su corazón. Claudia recuerda que Jeisson se veía bien, había aumentado de peso y su aspecto físico no parecía el de una persona que consumiera drogas. 

Aunque la ausencia de su hijo no ha sido fácil de superar, a Claudia la consulea una idea. La madre reitera que luchó hasta el final por Jeisson e hizo todo lo que estuvo en sus manos para tratar de ayudarlo. Tiene algo de tranquilidad frente a su postura como madre, no quiere darse por vencida, sino apoyar y luchar por su hijo menor, Samuel.

Las huellas de Jeisson en su familia 

Claudia menciona que aunque Jeisson haya tomado decisiones para su vida que resultaron afectando a toda su familia, las personas cercanas a él siempre lo recuerdan de la mejor manera. Para su familia, el consumo de drogas no opacó la relación de respeto y amor que tenían entre todos. 

La adicción de Jeisson por la drogas no solo resultaba afectando a Claudia, sino también a su hermano menor, Samuel, ya que para ese entonces él era solo un niño. Samuel recuerda que mientras Claudia trataba de salvar a su hermano mayor y tenerlo a él aislado de todo ese ambiente nocivo, en su inocencia él se sintió abandonado.

Por su parte, Jhon Fredy recuerda a Jeisson, más que como un primo, como un amigo. Juntos compartieron desde pequeños hasta el día en que sus vidas se vieron separadas por las diferentes decisiones que tomaron. Jeisson terminó atrapado por las drogas, mientras que Jhon Fredy decidió seguir estudiando y trabajando.

Video conmemorativo realizado por las autoras de este trabajo sonoro.

 

Este producto es dedicado a Jeisson Sneider Riveros Cubides y a la lucha de su mamá, Claudia Cubides, por hacer todo lo que estuvo en sus manos por sacarlo de la drogadicción. 
Además, este producto puede ser ampliado en la página web Entre vicios y vacíos.

 

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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