La comunidad que se resiste al TransMilenio por la Séptima

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Un juez administrativo ratificó la orden de suspender TransMilenio por la carrera Séptima, la decisión judicial sepulta la obra porque obliga al Distrito a hacer estudios adicionales a siete meses de que Enrique Peñalosa termine su gestión. No obstante, la batalla no termina. Conozca la historia de una propietaria que no quiere vender su apartamento y se resiste a salir de allí.

Transcurría el año 2012. Blanca, residente de un apartamento ubicado en la  carrera Séptima de la ciudad de Bogotá, empezó a percibir movimientos poco habituales cerca a su casa: algunos funcionarios del Distrito empezaron a transitar la vecindad introduciendo la idea en la comunidad de un proyecto que “modificaría la Séptima.” Naturalmente, los rumores comenzarona correr: se decía que podía tratarse de la peatonalización total de la avenida, algunos hablaban de una ampliación y otros más atinados e intuitivos especulaban con el desarrollo de un proyecto de movilidad a lo largo del corredor vial.

En el 2017, cuando ya había certeza absoluta de que el proyecto consistía en la puesta en marcha de una troncal de TransMilenio, empezaron a llegar los avisos oficiales informando a la comunidad. Las visitas de los trabajadores sociales y psicólogos a las casas sobre las cuales el Distrito debía disponer eran cada vez más frecuentes. Cuando se dieron cuenta de que la postura mayoritaria se oponía al proyecto y en especial a abandonar sus predios para cederlos al Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), les dijeron que las propiedades serían pagadas a muy buen precio aunque ellos nunca las habían puesto en venta.

—Así te ofrezcan una suma ‘chaz’ astronómica, tu casa es tu casa, tus apegos son tus apegos y yo mi predio no lo vendo, nunca puse un aviso para ponerlo en venta— le escuché decir a Blanca contrariada.

Y lo cierto es que la suma “astronómica” tampoco fue tal: a los propietarios no les ofrecieron el valor comercial por sus predios sino el valor estimado según el impuesto predial. Muchos vecinos denunciaron el congelamiento deliberado y la disminución del avalúo de sus predios como una estrategia del IDU para adquirirlos más baratos.

—Ellos nos habían dicho que nos iban a pagar un 50% adicional sobre el valor del bien y en ningún momento fue cierto. Nada de eso es cierto— afirmó Blanca.

Las cosas volvieron a enfriarse, no se había vuelto a tener noticia de los funcionarios del IDU, ni de sus socializaciones, ni de sus ofrecimientos.

El Edificio Estrada, donde aún reside Blanca, es uno de los que están a disposición de la Alcaldía para el proyecto vial del TransMilenio por la carrera Séptima. (Foto: Camilo Camacho).

En diciembre del 2017, en los despachos de la Alcaldía Mayor se promulgaba un decreto distrital donde se declaraba “la existencia de condiciones especiales de urgencia por motivos de utilidad pública e interés social para la adquisición de los predios necesarios para la ejecución del Proyecto Urbanístico Integral denominado Troncal Carrera 7ª”. Pero, ¿qué implicaba esto para Blanca y sus vecinos? La expedición del Decreto 707 del 20 de diciembre 2017 implicaba la autorización de orden legal al IDU para adquirir los predios necesarios para la ejecución del proyecto, bien fuera por “venta voluntaria” o por “expropiación administrativa”. En palabras castizas: podía ser por las buenas o por las malas.

El 28 de diciembre Blanca recibió en su puerta un aviso por parte del IDU donde le informaban de la expedición del decreto y la citaban para notificarse de la expropiación administrativa a la que había sido sometido su apartamento.

— Créeme que llegué a pensar que se trataba de una ‘inocentada’”— señaló Blanca rememorando ese instante.

La expropiación ejecutoriada y la anotación indeleble en el certificado de tradición de su inmueble:

PERSONAS QUE INTERVIENEN EN EL ACTO DE ENAJENACIÓN:
DE: BLANCA MEDINA
A: INSTITUTO DE DESARROLLO URBANO (IDU)

Blanca pasó de la alegría y el gozo navideño a la tristeza y el desconsuelo que le conllevó hacerse a la idea que había pasado a ser inquilina en su propia casa.

***

A finales de los años 70 el padre de Blanca compró el apartamento que hoy es objeto de disputa. Los Medina provienen de Sogamoso, un municipio situado en el centro-oriente del departamento de Boyacá, conocido por su Festival del Sol y el Acero.

Diez años después y luego de ahorrar algún dinero, Blanca decidió tomar el apartamento de manos de su padre. En aquel entonces en compañía del padre de su único hijo, decidieron comprar el apartamento. En este espacio Blanca atesora recuerdos imborrables como el nacimiento e infancia de su hijo Santiago, la relación amistosa con sus vecinos a quienes describe como “prácticamente familiares”, y recientemente la vuelta de su padre, quien hoy en día regresó de Sogamoso para vivir con ella y Santiago.

—El problema de movilidad en Bogotá no se arregla sacándonos de nuestros apartamentos…—, resume Blanca contrariada con la idea de abandonar el que ha sido su hogar por más de 40 años.

Edificio ubicado sobre la carrera 7° a la altura de la calle 42. Exhibe avisos en contra de la Troncal Séptima. (Foto: Camilo Camacho).

***

Aunque hay quienes defienden el ptoyecto, un nutrido grupo ciudadano cuestiona el despliegue de una troncal pesada de TransMilenio en el corredor vial de la Séptima. El movimiento “Defendamos la 7ma” fue conformado por ciudadanos opositores, en el que enumeran siete razones principales sobre la inviabilidad del proyecto:

1. TransMilenio no cabe por la Séptima.

2. El aumento considerable de la polución con afectación directa a la salud de los residentes en la zona.

3. El fin de la ciclovía por el tradicional corredor.

4. “La Séptima será una nueva Avenida Caracas”, dicen los detractores.

5. Existe falta de rigurosidad en los estudios.

6. Los sobrecostos a los que está expuesta la obra por su indebida planeación.

7. La afectación a propiedad privada con la expropiación de predios.

Y aunque al hablar con los voceros del movimiento se logran evidenciar más reparos frente al proyecto, estos siete son los que han tomado como pilar para justificar su oposición y desacuerdo.

Blanca asiste continuamente a las reuniones citadas, allí siente que su voz tiene valor. La más reciente reunión se llevó a cabo en la Valija de Fuego, una librería de corte alternativo, llamada así en homenaje al poeta Aldo Pellegrini, la cual se ha convertido además en una especie de sede social del movimiento. Marco Sosa, su fundador, la concibe como una “interzona, un nodo cultural donde los elementos que hay se reticulan”. Allí, justamente confluyen y se reticulan ideas, iniciativas y pensamientos de los diferentes miembros del movimiento. En efecto, es lo que dice Marco, es toda una red que se teje en torno a su ideal máximo y conjunto: la defensa categórica de la carrera Séptima.

Para formar la telaraña de ideas de la reunión, se propuso por parte de Edmundo, la persona a la cabeza del movimiento, el acopio de opiniones en torno a tres ejes estructurales: la financiación del movimiento, la movilización ciudadana y la postura que adoptarían de cara a las próximas elecciones en la ciudad.

Para el tema de la financiación se propuso realizar un bazar en un parque de la localidad, una fiesta en un bar alternativo por definir y una “hamburguesada” que tuvo lugar el 31 de marzo en la Valija de Fuego. Todo esto para costear principalmente la representación jurídica que adelantan Jorge Iván Palacio, expresidente de la Corte Constitucional y Gustavo Gómez Aranguren, expresidente del Consejo de Estado como apoderados del movimiento y quienes radicaron la acción popular que al día de hoy es uno de los instrumentos que ha imposibilitado dar inicio a la fase de licitación a la Administración Distrital.

Edificación ubicada en la carrera 7° a la altura de la calle 66 cuyos propietarios se declaran en franca oposición a la Troncal Séptima. (Foto: Camilo Camacho)

Por otro lado, se tiene a la movilización como eje central del movimiento defensor de la Séptima porque le da visibilidad en los medios y de alguna manera “obliga a los grandes poderes a escuchar a su ciudadanía”, según dice Edmundo. Frente a esto se pactó una movilización en el mes de junio, con fecha por confirmar, eso sí, “antes de que la campaña electoral acapare toda la agenda mediática”, coincidió en decir la mayoría.

Finalmente, frente a la postura política del movimiento se quiso dejar en libertad a los miembros, ya que “Defendamos la 7ma” se ha caracterizado por ser, desde sus inicios, un colectivo ciudadano donde cualquier persona opositora al proyecto puede participar sin distingo de sus ideologías políticas. Sin embargo, se pactó ser consecuentes con las ideas del movimiento y apoyar a los candidatos que en su programa de gobierno tengan como prioridad detener y archivar la ejecución de la troncal.

Blanca, pasiva pero participativa y atenta a la charla, asiente constantemente con la cabeza en señal de acuerdo con las diversas iniciativas planteadas por los miembros del colectivo. Con mirada esperanzada, como la de quien aprieta fuerte lo único a lo que puede aferrarse, aprobaba cada punto en la agenda y mostraba su disposición para apoyar en todo aquello que iba quedando consignado en el acta como acuerdo.

Finalizada la reunión, Blanca se acercó a hablar con Edmundo. Se privó de hacerlo en la discusión colectiva, pues no quería que la reunión girara únicamente en torno a su caso, era consciente de que la agenda temática era amplia. La charla fue bastante breve, a lo sumo, unos 5 minutos, eran cerca de las 10:00 p.m., todos estaban cansados y deseosos de volver a casa luego de casi 4 horas de sesión, así que cordialmente se despidieron y reiteraron su compromiso con los acuerdos contraídos.

—Nos vemos el 26 en nuestra asamblea local— dijo Edmundo.

—Allá estaremos— señaló Blanca mientras se dirigía lentamente a abandonar el recinto.

Asamblea Movimiento “Defendamos la 7ma” presidida por Edmundo López en la Valija de Fuego. (Cortesía: Sebastián Rojas)

***

Por los pasillos del edificio donde vive Blanca ya no transita nadie excepto ella. Por las escaleras no circula sino la nostalgia de aquellos que alguna vez estuvieron y hoy ya no, no se escucha nada más que un silencio penetrante que recorre cada rincón de la antigua edificación. El panorama es desolador, aquel complejo residencial que apenas hace un par de años estaba lleno de movimiento hoy no es más que una estructura inerte cuyo único resquicio de actividad corre por cuenta de los Medina. Por eso será que se habrá hecho indispensable la música, esa que nunca falta en el apartamento de Blanca. Suenan boleros, vallenatos, salsas y en general cualquier tipo de música que disimule ese sepulcral silencio.

Blanca se resiste a ceder algo que considera suyo, que es suyo. Algo por lo que luchó, incluso testarudamente, allá en el año 1992, cuando, comprometiendo hasta lo que no tenía decidió, junto a su entonces pareja comprar el apartamento de manos de su padre.

—Tal vez también fue algo de terquedad. Pero bueno… mi terquedad me ha servido— admite.

A Blanca le han pasado factura estos dos años de preocupaciones, contrariedades, insomnios y luchas de toda índole contra el Distrito. Aun así, su inquebrantable fuerza de voluntad la mantiene en batalla.

—El problema de movilidad en Bogotá no se arregla sacándonos de nuestro apartamento, de nuestro modo de vivir. Acaso ¿expropiar esta esquina va a mejorar la movilidad de Bogotá? — pregunta de forma retórica y visiblemente ofuscada.

La Valija de Fuego. Librería, interzona, nodo cultural y sede social del Movimiento “Defendamos la 7ma”. Carrera 7° # 46. (Foto de Camilo Camacho)

En medio de la emotiva charla empieza a buscar una palabra para expresar la presión a la que se ha sentido sometida por parte del Distrito. Inquieta, hace todo lo posible por escarbar en su mente aquel término que considera imprescindible para que se comprenda la idea que está desarrollando. No pierde un segundo en tomar su teléfono y me dice:

—Espérame que me quedé con la idea inconclusa. ¿Cómo se llama esa palabra? ya mismo la pregunto, porque a mí no me gusta quedarme así…—

De manera súbita abandona la charla que teníamos para concentrarse en su teléfono y atender la llamada que ella misma hizo. Explica a quien le responde el contexto, le explica que quiere encontrar el término utilizado para describir cuando uno tiene que estar bajo el dominio total del Estado.

—Cuando así te manden a hacer lo que sea tú te ves obligado a hacerlo— continúa dando señas.

— ¿Represión? — Aventura a decir el hombre en la línea.

—No, no es represión.

— ¿Hegemonía? —Replica.

—No, no, es una palabra mucho más fuerte, no es tan usada. ¿Tú viste la película de Saló, o los 120 días de Sodoma? Ahí se ve esa figura.

— […]

—Jajaja va a tocar volver a verla— Responde a lo que parece ser un apunte ocurrente de su interlocutor. —Voy a leer por ahí en algunas cosas que tengo a ver si me acuerdo ¿vale? No te molesto más.

—¡Ay no! perdóname. Mejor dicho, cuando se me mete algo en la cabeza… Esta noche no voy a poder dormir hasta que me acuerde— Dice retomando nuestra plática.

Blanca Medina con los documentos que acreditan la propiedad de su apartamento. (Foto de Camilo Camacho)

Asentí sin decir nada, entendiendo que tal vez Blanca maneja el mismo empeño y tenacidad para defender su casa y lo que es su hogar, que para despejar esa intriga, para encontrar esa bendita palabra.

Quizá en verdad no pueda dormir esta noche, pensé, pero no por la palabra con la que no dio, sino por la preocupación y el agobio de que un día, tal vez mañana, tenga que salir del lugar donde ha vivido los últimos 40 años de su existencia.

A la Administración Peñalosa le resta poco tiempo, el reloj es un aliado de Blanca y sabe que cada día que logra mantenerse habitando en su casa es una pequeña pero invaluable batalla vencida. Nadie sabe qué pasará mañana, lo único asegurado es la lucha de Blanca.

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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