Desde el conflicto armado hasta las disputas ambientales, el medio comunitario NotiWayuu se ha convertido en una herramienta de denuncia, memoria y organización para las comunidades wayuu, fortaleciendo la reportería comunitaria y la defensa del territorio guajiro.
En La Guajira todo se convierte en parte del territorio. Las pisadas en el desierto dejan rastro de la vida que por allí pasa, los caudales de los ríos y los arroyos llevan las emociones más pedregosas, y el camino que recorre la Sierra Nevada de Santa Marta para unirse con la Serranía del Perijá. Es también en La Guajira donde las mujeres tienen un papel de suma importancia en las formas de organización social y, sobre todo, en la protección de su territorio, al cual acogen no como un ente extraño, sino como un hijo. Es por eso por lo que Notiwayuú nació de las entrañas de una organización que tiene memoria permanente: Fuerza de Mujeres Wayuu.
Fuerza de Mujeres Wayuu. Fotografía de archivo personal.
Es así como Miguel Ramírez Boscán dirige el proyecto que moldeó como arcilla junto con su hermana Carmen Ramírez Boscán. Ella inició primero, en 1999, cuando el conflicto armado llegó a La Guajira y en los medios tradicionales desmentían que el miedo vivía en sus habitantes diariamente. Los paramilitares llegaron con sus botas pesadas y su sed de sangre a meterse por las calles, por las tiendas, por las casas. Caminaron sin parar hasta encontrar el corredor fronterizo de Maicao, donde la familia de Miguel y Carmen tenía su hogar. Convirtieron el sitio en su propia trinchera y llevaron a 15 familiares hombres por el camino de la muerte.
Esto hizo que el núcleo familiar se fragmentara y, entre primos, tíos y amigos, armaron la misma maleta, una que llevaba, además de la ropa, el miedo y la incertidumbre. Así partieron de su hogar, unos para no volver, otros para pensar en el regreso, dejando en el piso las suelas de los zapatos de las que se quedaron: las mujeres.
A ellas, Carmen les enseñó que tenían voz propia y empezó a hacer denuncias sobre lo que pasaba. Iba a eventos nacionales y hasta internacionales; no clamaba nunca lástima, sino que quienes las escucharan entendieran que, en realidad, la guerra sí habitaba como un mal espíritu en La Guajira. Todos le exigían una evidencia porque las palabras se las llevaba el viento. Frases como: “Muéstrenme algo donde se narre eso que ustedes están diciendo, esa masacre que hubo; ¿en qué noticiero salió?, ¿en qué periódico salió?” se convirtieron en una realidad abrumadora.
Sin embargo, ella no dejó que la falta de escucha nublara el dolor de su comunidad y, aprovechando que había estudiado Diseño Gráfico en el SENA, creó un blog que reunía evidencias de fotografías, testimonios y escritos sobre la profundidad del tema. Así nació Fuerza de Mujeres Wayuu y, de su mano, Notiwayuú se fundó en 2004, cuando el conflicto armado todavía seguía vigente. Este se convirtió en el punto que unía a comunidades de todo el territorio guajiro y se radicó en el propósito de mostrar todo lo que se consideraba invisible.
Desafortunadamente, Carmen tuvo que irse de su tierra, lejos, por las amenazas que en cierto punto se tornaron demasiado fuertes, y Miguel quedó como líder del proyecto siguiendo los pasos de su hermana. Él, que fue uno de los que el conflicto armado desplazó, volvió en 2008 habiendo estudiado diseño gráfico y marketing, sin entender a fondo la importancia de los procesos comunicativos que realizaba el medio bajo su liderazgo. La observaba creyendo que ella había caído en una completa locura, hasta que empezó a comprender la magnitud del problema.
El Plan Colombia (la alianza estratégica iniciada en 1999 entre los gobiernos de Colombia (Andrés Pastrana) y EE. UU. (Bill Clinton), formalizada en 2000, para combatir el narcotráfico y el conflicto armado interno) llegó silenciosamente desde el 2000 y se quedó, como un parásito, a vivir en La Guajira; la llegada de las multinacionales creó pactos con el paramilitarismo y plantó en las tierras guajiras el temor y el dolor de una tierra que parecía servida a los pies de las industrias.
La creación del concepto de La Guajira como un territorio en sequía, que usan los medios tradicionales y quienes caen en la estereotipación, no viene sola. En esta época en la que Miguel comenzó a apropiarse de lo que pasaba, el desplazamiento se volvió más agudo; las empresas necesitaban expansión y los paramilitares, dineros para financiarse, creando uniones tétricas que hicieron que la muerte se escondiera y apareciera en el momento menos esperado.
Miguel Ramírez Boscán, en el Taller de Inspiración a la Comunicación Indígena y Comunitaria. Fotografía de NotiWayuu en Facebook.
La Masacre de Bahía Portete, en la Alta Guajira, que dejó seis fallecidos y más de 600 desplazados de la comunidad Wayuu, junto con la instalación del primer parque eólico, no es más que un claro ejemplo de la gravedad de la situación. Además, no fue solo el deceso de las comunidades, sino también del medio ambiente. El Cerrejón, una de las multinacionales que se estableció allí y que se dedica a la extracción de carbón, en aquellos años turbulentos aprovechó la situación para ampliar sus corredores ferroviarios y pasar de uno a cuatro en cuestión de meses, dejando los terrenos sedientos y rotos.
Fue de esta forma como Miguel aprovechó su talento para narrar el territorio a través de la fotografía y empezó a documentar las cosas que pasaban. Con la llegada de las cámaras digitales, el proceso fue mucho más sencillo, lo que lo ha llevado a producir entre ocho y diez documentales en los que se incluye el tema del conflicto armado, la tradición del pueblo Wayuu y la reconstrucción de la memoria histórica.
Luego se aventuró en las palabras y allí se convirtió en un escritor activo que plantaba semillas comunicativas, porque, como él mismo dice, “La Guajira es un desierto informativo”. Las redes sociales fueron un motor que impulsó la expansión del medio, pero trajeron consigo la caída de la página web, el formato inicial. No fue solo que las dinámicas cambiaran, sino que las amenazas comenzaron a hacerse más fuertes desde 2018. Un suceso transformó todo.
Fue un día en el que una comunidad realizaba una carrera de caballos, una actividad festiva que realizan tradicionalmente, cuando helicópteros de la Fuerza Armada bombardearon el sitio. Una niña murió y Miguel se prometió visibilizar el hecho, costara lo que le costara. Se reunió con los jefes militares exigiendo respuestas, pero se encontró con un pretexto inhumano de su parte: decían que el espacio era una pista clandestina al servicio del narcotráfico. Aquel día de la reunión, Miguel tomó una fotografía del lema que tenían los soldados en su uniforme, algo como “batallón para el corredor ferroviario”, y se aproximó a escribir sobre el tema, planteando la premisa de si las fuerzas militares estaban en La Guajira para cuidar a las empresas y sus intereses o a las personas.
Desde ese punto, las amenazas se convirtieron en algo constante. Sin embargo, Miguel, aunque se sintió intimidado, no se apagó ni apagó a NotiWayuú. Aspectos como la pandemia y la exploración de otros temas, como la educación y la migración, permitieron que el medio siguiera creciendo de otras formas.
La página web quedó congelada en el tiempo, pero las redes sociales como Facebook, Instagram y TikTok les han permitido crear una red que conecta a los habitantes de las comunidades Wayuu con la información. Fuerza de Mujeres Wayuu, junto con NotiWayuú y demás organizaciones, ha creado estrategias para que esto sea posible. Es un proyecto con nombre propio: La siembra de semillas comunicativas en el territorio, donde ellos acuden a las comunidades a enseñarles las herramientas necesarias para que se conviertan en reporteros de sus propias historias, creando así una red de reportería comunitaria.
Al principio, la aceptación de las poblaciones no fue muy activa. Bien dice Miguel que, en muchas ocasiones, el guajiro es ajeno a su territorio. Sin embargo, cuando los temas ambientales y las afectaciones sociales que esto implicaba empezaron a hacer parte de la agenda, los habitantes comenzaron a poner atención y a aprender que podían alzar su voz o usar las palabras en forma de protesta.
Miguel recuerda un momento que hizo esto posible, cuando la empresa Cerrejón quería desviar el río Ranchería y, a partir de la campaña El río Ranchería nadie lo desvía, impidieron que el daño se hiciera: la gente se unió y la empresa desistió. Luego fueron a por el arroyo Bruno, el afluente que desemboca en el Ranchería, y a este sí lograron hacerle graves procesos de desviación. No obstante, NotiWayuu ha sido un puente comunicativo para generar una apropiación de los bienes ambientales de las comunidades.
El Río Ranchería no se desvía, #elaguaesnuestra. Fotografía de Gladys Abascal, Fuerza de Mujeres Wayuu.
Para entender La Guajira, según Miguel, como un espacio territorial versátil, se deben deconstruir las formas de verla, deconstruir narrativas que romantizan o banalizan sus creencias e imágenes mentales de cómo se ve un guajiro. No son solo los que comen chivo, beben chirrinchi, tejen chinchorros y bailan en círculo. Tampoco son solo los que mueren en tierras agrietadas por la sequía. Son quienes reivindican sus saberes, tradiciones y hasta sus dolores sociales y culturales para transformarlos en tejidos de unión.
Es así como nace la idea del comunicador wayuu como una especie de palabrero, término que se le acuña a quienes median en conflictos familiares. Para ellos, igual que para quienes hacen la tarea de comunicar, como Miguel y su equipo de trabajo, la palabra es un hilo que teje armonía y contribuye a crear una memoria histórica y sensorial de las comunidades.
Reportería comunitaria. Fotografía de NotiWayuu en Facebook
De este modo, el papel del wayuunaiki, como lengua tradicional del pueblo Wayuu, tiene gran relevancia para entender los procesos comunicativos externos e internos. Aunque NotiWayuu fue creado como un medio de comunicación que fuera leído y visto por personas de fuera, y por lo tanto escrito en español, la apropiación de la lengua le dio un toque mucho más arraigado hacia los habitantes guajiros. Sin embargo, al darse a través de una tradición oral, la escritura hasta ahora se está desarrollando y es difícil que la redacción de textos sea entendida. Por ello, su presencia es altamente notable en los medios audiovisuales, como reels y documentales, creando así un puente de comunicación permanente entre los reporteros comunitarios y su público espectador.
Es por eso que, para Miguel, hablar de su Wounmainpa (su propia tierra) es sinónimo de amor por su profesión, por sus tradiciones, por su pasado ancestral y, sobre todo, por el futuro del medio que dirige, que junto a las comunidades Wayuu está construyendo.







