Reserva Forestal Van Der Hammen, entre la preservación y la construcción

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Bogotá lleva más de veinte años discutiendo cómo intervenir lo que hoy conocemos como la Reserva Forestal Thomas Van Der Hammen, el corredor ambiental que permite conectar los Cerros Orientales con el Río Bogotá asegurando la sostenibilidad ambiental de la capital. Existen tantos intereses alrededor del caso que aún es una incógnita el futuro de la zona.

En la Colombia precolombina, según cuenta la historia, los indígenas muiscas se asentaron a lo largo del altiplano cundiboyacense de la cordillera de los Andes debido a la fertilidad y la riqueza hidrográfica de sus tierras. Pero lo que en un principio era una armonía entre este pueblo y sus recursos naturales, se rompió en el siglo XVI con la llegada de los colonos españoles, que venían en una expedición desde el norte de Colombia, liderados por Gonzalo Jiménez de Quesada. Los conquistadores, ante la poca resistencia que pudieron poner los muiscas, realizaron los primeros actos fundacionales de lo que hoy se conoce como Bogotá y comenzaron a comercializar con y en el territorio sin mayor control o planeación. 

Así fue el crecimiento demográfico de Bogotá: en 1938, tenía 325 mil habitantes aproximadamente, 715 mil en 1951, luego creció casi 900% y pasó a tener 2’850.000 habitantes para 1973 y cerró con 5’500.000 habitantes para 1993. En resumidas cuentas, la capital recibió más de 5 millones de personas en un lapso de tiempo menor a 60 años. El resultado fue una degradación ambiental de todo el territorio debido al rápido y poco planeado proceso de urbanización.

La continua desaparición de zonas verdes en la principal urbe colombiana llamó la atención de Thomas Van Hammen, un científico colombo-holandés experto en geología y botánica quien alertó sobre la importancia de conservar los ecosistemas para asegurar la sostenibilidad ambiental de Bogotá. En 1996, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), principal autoridad ambiental de la zona rural del Distrito Capital, le pidió al propio Van der Hammen hacer un estudio científico detallado para delimitar las áreas prioritarias de conservación en la sabana.

El resultado de este estudio introdujo el término “estructura ecológica principal”, que hace referencia al conjunto de ecosistemas claves que, al estar interconectados, garantizan la biodiversidad y la provisión de servicios ambientales a todos los habitantes de determinada región. El análisis también sugirió la delimitación de una reserva al norte de la ciudad como parte fundamental de la estructura ecológica principal de la sabana de Bogotá, ya que permitiría interconectar ecosistemas como los cerros orientales, los humedales Guaymaral y Torca, los relictos de bosque Las Lechuzas y Las Mercedes, el cerro de La Conejera y el Río Bogotá. En otras palabras, delimitar todo un corredor ambiental que atravesara la ciudad, de oriente a occidente, para asegurar su sostenibilidad ambiental.

La iniciativa del profesor Van Der Hammen y de la CAR parecía coger vuelo hasta 1998, cuando Enrique Peñalosa, del movimiento cívico Por la Bogotá que Soñamos, fue elegido como alcalde de Bogotá con 619.086 votos, luego de derrotar en las urnas a Carlos Moreno de Caro del movimiento Defensa Ciudadana. Peñalosa propuso urbanizar toda la zona norte de la ciudad, incluyendo el área que se proponía como reserva, lo que resultó en un conflicto entre el Distrito y la Corporación Regional. Comenzaba la disputa por esta zona entre el verde de la naturaleza y el naranja del ladrillo.

Para solucionar la disputa tuvo que intervenir el Gobierno Nacional a través de Juan Mayr, ministro del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible por aquel entonces. Mayr, ante la dificultad del caso y la diversidad de opiniones al respecto, decidió nombrar un panel interdisciplinar de expertos coordinado por el Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia. La conclusión del grupo, (que estaba integrado por arquitectos, botánicos, juristas, economistas y expertos en movilidad, y en donde resaltaban personalidades como Rogelio Salmona y el mismo Thomas Van Der Hammen), fue destacar la importancia ambiental de la zona norte y sugirió límites a la expansión urbana estableciendo varios sectores destinados a la conservación.

Primera página de la resolución 475 del año 2000 mediante la cual el Ministerio de Medio Ambiente ordena a la CAR declarar la Reserva Forestal Regional del Norte de Bogotá.

Teniendo en cuenta las recomendaciones del panel de expertos, el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, por medio del decreto 475 del año 2000, ordenó a la CAR la declaratoria de la Reserva Forestal Regional del Norte de Bogotá como “franja de conexión, restauración y protección”. El alcalde Peñalosa apeló la decisión del Ministerio ante el Consejo de Estado, este último, hasta el año 2006, ratificó el decreto dejando en firme su carácter obligatorio y validez jurídica. Todo esto llevó a que pasaran años antes de que la CAR pudiera realizar la declaratoria por presiones políticas y económicas que respondían a intereses particulares.

En el año 2007, como respuesta a la dilatación del proceso, varios sectores de la sociedad civil bogotana le sugirieron a la CAR llevar a cabo un riguroso estudio académico. El estudio, que fue coordinado por el Centro de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional y estuvo respaldado por la Universidad de Ciencias Aplicadas (UDCA), el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN), la Fundación Avina y la organización Bogotá Cómo Vamos, sustentó de manera contundente la importancia ambiental de la zona delimitada.

El documento abordó desde una perspectiva científica todas las cuestiones conexas al establecimiento de la reserva: uso de los suelos, clima, agua, sedimentos, conectividad del sistema hídrico, flora, fauna y los componentes social, jurídico y económico. Como resultado se determinó que, en caso de que este flujo de aguas subterráneas fuera interrumpido, todos los cuerpos de agua de la zona estarían condenados a desaparecer, poniendo en riesgo el mecanismo natural que suaviza los extremos climáticos e incluso la autosuficiencia alimentaria de la región.

El científico colombo-holandés Thomas Van Der Hammen, que dedicó gran parte de su vida y su trayectoria profesional al estudio de la zona. Foto cortesía del blog “Su madre naturaleza”.

El texto también subrayó la importancia de esta estructura ecológica como garantía para la resiliencia de las especies endémicas de fauna que allí habitan como el chamicero y la tingua, y para la preservación de las más de 510 especies de flora encontradas en el área delimitada, entre las que se destacan bosques, humedales, pastizales y los últimos relictos de bosque nativo de la sabana de Bogotá.

El rigor con que se llevó a cabo la investigación, también permitió establecer que la alta calidad y fertilidad de los suelos estudiados se debía, en parte, a los vestigios de canales y terrazas construidos por los indígenas muiscas, que llegaron a desarrollar un sistema de cultivo hidráulico que aprovechaba las áreas de inundación para su beneficio. Un descubrimiento no menor, ya que permitió que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICAH) catalogara el área como una zona de potencial riqueza arqueológica y le diera el carácter de patrimonio cultural y rural del paisaje de la Sabana de Bogotá. Con este sólido respaldo académico, la CAR, mediante el acuerdo 11 de 2011, finalmente declaró la Reserva Forestal Regional Productora del Norte de Bogotá de D.C. Thomas Van Der Hammen (RVDH). El nombre resultó en homenaje al científico que dedicó gran parte de su vida a esta causa y que había muerto el año inmediatamente anterior a la declaración.

En total, la CAR declaró como reserva 1.395 hectáreas, casi todas pertenecientes a dueños privados. La única participación pública del Distrito corresponde a 24.5 hectáreas, es decir, el 1.62% del total de la Reserva, que están a nombre de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.

Es pertinente esta aclaración sobre el carácter privado de la mayoría los dueños de las tierras porque de allí surgen todos los conflictos que existen en este caso. En los años 1950, los terrenos que constituían lo que hoy es la Van Der Hammen, pertenecían en su mayoría a las haciendas La Conejera y Las Mercedes. Con el tiempo, estas haciendas se vendieron y parcelaron en partes mucho más pequeñas, al punto de que al día de hoy están divididas en más de 400 predios.

 

La mayoría de los propietarios corresponden a empresas y/o sociedades dedicadas a la construcción, a actividades inmobiliarias, al oficio bancario y al mercado de valores. Evidentemente, no les favorece la delimitación de la Reserva y están a favor de un cambio en el marco legal del uso de estos suelos que les permita construir grandes proyectos inmobiliarios. Esto no quiere decir que en este momento en los suelos de la Reserva no se realice ninguna actividad: en la zona delimitada los suelos son de uso agropecuario, comercial, para la conservación, dotacional, industrial, para infraestructura, residencial, para sistema vial y otros usos, todos totalmente regulados por las leyes que protegen la Reserva Forestal.

En el 2014, la CAR expidió el Plan de Manejo Ambiental (PMA) en donde se establecieron los programas que la Corporación y el Distrito debían adelantar para la consolidación y reforestación de la Reserva.

El objetivo del PMA es “definir e implementar medidas para la Reserva Van Der Hammen (RVDH) que conlleven a fortalecer su carácter y función ecológica y ambiental, local y regional, teniendo en cuenta sus potencialidades, los usos actuales, alteraciones, degradaciones y presiones de ocupación, en procura de la sostenibilidad del territorio y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes del Distrito Capital y de la región”.

Segunda posesión de Enrique Peñalosa como alcalde de Bogotá el 1 de enero de 2016. Foto: Archivo Revista Semana.

De igual forma, en el año 2015, la Alcaldía de Bogotá encabezada en su momento por Gustavo Petro Urrego, respaldó la iniciativa de la CAR mediante las resoluciones 0187 de la Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Bogotá, y 00835 de la Secretaría Distrital de Ambiente de Bogotá, en donde se declaró sobre la utilidad pública y el interés social del área de la Reserva. Con estas resoluciones el Distrito ya podía “adelantar las actividades que permitan iniciar el trámite de adquisición predial mediante enajenación voluntaria, o el trámite de los procesos de expropiación”, y contaba para ello con un presupuesto inicial de más de 21 mil millones de pesos. La idea de la recuperación y reforestación de la Reserva Thomas Van Der Hammen, que se convertiría en el bosque urbano más grande de América Latina, parecía por fin ver la luz después de más de una década de puja.

Pero la historia dio un giro no tan inesperado.

El 1 de enero de 2016, Enrique Peñalosa volvió a posesionarse como Alcalde Mayor de Bogotá luego de derrotar en las urnas a sus contendores Rafael Pardo, Clara López y Francisco Santos. Para su campaña, el alcalde recibió aportes económicos de varias empresas dedicadas al negocio de la construcción que son dueñas de predios en la Reserva Thomas Van Der Hammen y sus alrededores, lo cual representaba un inminente cambio en la posición del Distrito frente al tema de estos suelos.

Efectivamente, el cambio llegó. Por una parte, el Distrito, mediante el decreto 088 de marzo del 2017, estableció las normas de lo que sería el Plan de Ordenamiento Zonal del Norte (POZ Norte) o “Ciudad Lagos de Torca”. En él se evidencian las pretensiones de la alcaldía de urbanizar aproximadamente 1.800 hectáreas de suelo al norte de Bogotá con el fin de construir viviendas, avenidas y troncales de Transmilenio para cerca de 400 mil habitantes.

Cultivos de papa al interior de la Reserva. Al fondo, viveros de flores para comercializar.

Si bien las construcciones en los terrenos de Lagos de Torca no tocan la Van Der Hammen, sí afectan la denominada “Franja de conexión, restauración y protección” que estableció el Ministerio de Medio Ambiente en la resolución 475 del año 2000, y que es “esencial para asegurar la conectividad ecológica entre los Cerros Orientales, el humedal Torca-Guaymaral, la Reserva Thomas Van Der Hammen y el Río Bogotá”. Según el decreto, en el punto donde la franja de conexión ambiental coincide con el corredor vial Autopista Norte, se debe propiciar la conformación de áreas verdes de, mínimo, 800 metros. El POZ Norte deja únicamente un espacio de 100 metros y esto encendió las alarmas.

En cuanto a la Reserva como tal, el Distrito solicitó a la CAR una “recategorización, realinderación y sustracción para la Reserva Forestal Productora Regional Thomas Van Der Hammen” radicada en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. En el texto, el Distrito plantea un nuevo modelo con el cual, según ellos, se logrará que “la Reserva Van Der Hammen sea una realidad, una reserva más grande y mejor conectada, que recupere las quebradas, humedales y bosques para el uso y disfrute de todos los ciudadanos”.

Inicialmente el Tribunal, representado por la Magistrada Nelly Yolanda Villamizar, falló a favor de la Alcaldía el 10 de octubre y ordenó a la CAR expedir el acuerdo que acoge la solicitud. Pero justo cuando la CAR se disponía a presentar su recurso de apelación a la orden judicial, fue la misma jueza Villamizar, el 22 de octubre, quien revocó su propio fallo y a cambio le otorgó 120 días a la Corporación para que analizara a fondo la propuesta presentada por el Distrito.

Segmento del Río Bogotá que delimita la Reserva Thomas Van Der Hammen en su costado occidental.

La auto revocatoria del fallo tuvo que ver con que la Procuraduría General de la Nación indagara a la Magistrada sobre los tiempos que había establecido en su sentencia para que la CAR aprobara la solicitud distrital. Villamizar le había ordenado a la CAR realizar la sustracción de la Reserva en diez días, muy poco tiempo para un proceso que aún se encuentra en etapa de estudios.

Al respecto, la CAR comunicó que seguirá estudiando la propuesta de la alcaldía con el rigor técnico y legal necesario, y que para ello tiene a su disposición, desde el pasado 29 de junio, un equipo de trabajo interdisciplinar e interno compuesto por ingenieros ambientales, geólogos, hidrólogos, expertos en participación ciudadana y abogados. De igual forma, la Corporación ratificó la participación ciudadana en el proceso y convocó a una sesión informal abierta en donde los interesados pudieran hacer sus sugerencias.

En este momento la pelota está al lado de la cancha de la CAR. Inicialmente, la Corporación tiene un poco más de 100 días para decidir  qué hacer en cuanto a la Reserva Forestal Regional Thomas Van Der Hammen, pero todo apunta que la entidad tratará de darle un poco más de largas al asunto con el fin de ganar tiempo de cara a las elecciones regionales de 2019 y, dependiendo de los resultados, tomar una decisión.

Hasta el momento han sido varios los que han coqueteado con la posibilidad de competir por el Palacio de Liévano. Los nombres suenan desde todos los espectros políticos: por la derecha suenan la senadora María Fernanda Cabal, el Senador Diego Molano, ambos del Centro Democrático, y Miguel Uribe Turbay, actual secretario de gobierno de Peñalosa. Por el centro aparecen los nombres de David Luna, exministro de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, y Carlos Fernando Galán, distanciado del Partido Liberal Colombiano. Y por las fuerzas alternativas o de izquierda, se mencionan como posibles candidatos a los exsenadores Antonio Navarro y Claudia López, y a Hollman Morris, concejal bogotano.

Entrada al Vivero El Árbol, uno de los floricultivos ubicados dentro de la Reserva.

La senadora Cabal y el exministro Luna no han tomado partido en la cuestión de la RVDH. En cambio, la hoy candidata a la alcaldía de Bogotá, Claudia López, sí se ha manifestado en contra de las propuestas de la Alcaldía que tienen que ver con la Van Der Hammen, y ha expresado que esta “¡se respeta!”. Por el mismo tono están Navarro y Morris, que han hecho varias veces pública su postura de no urbanizar sino de reforestar la zona. Resultan casos contrarios los de Galán, Molano y Turbay,  que se han mostrado partidarios de una intervención en la zona, argumentando, por ejemplo, en el caso de Molano, que el proyecto del Distrito expande, protege y potencializa la Reserva.

De todas formas, cada uno de los posibles candidatos sabe que la Reserva Thomas Van Der Hammen estará en el centro de discusión durante la campaña electoral, y que lo que digan o no digan al respecto, les puede hacer ganar o perder una cantidad considerable de votos.

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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