“Somos un pueblo lleno de esperanza y necesitamos que el mundo lo sepa”: Alexander Trujillo, fundador de Somos Pacífico

El fundador de Somos Pacífico habla sobre el origen del medio, la necesidad de contar el Chocó desde el territorio, el papel de las redes sociales y los desafíos que enfrenta la región para narrar sus propias historias.

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Durante mucho tiempo, el Pacífico colombiano ha ocupado titulares relacionados con el conflicto, la violencia o el abandono estatal. Sin embargo, también existe una realidad marcada por la cultura, las tradiciones y las historias cotidianas que pocas veces llegan a los medios tradicionales.

Con el propósito de contar esa otra realidad nació Somos Pacífico, un medio digital fundado por Alexander Trujillo. En esta entrevista, Trujillo habla sobre el origen de la iniciativa, las diferencias entre las narrativas construidas desde los medios tradicionales y aquellas que surgen en el territorio, y la importancia de visibilizar la cultura y las historias de las comunidades del Chocó.

¿Quién es Alexander Trujillo y cómo nace Somos Pacífico?

Yo nací en el Tolima, en el año 1980, y crecí en un municipio llamado Armero Guayabal. Estudié parte de mi profesión en la Universidad Antonio Nariño, en Ibagué, como informático. Hice seis semestres de Ingeniería de Sistemas allí. Justamente, cuando estaba en sexto semestre, se dio la oportunidad de venir a realizar un trabajo de instalación de redes aquí en el Chocó, hace ya 25 años. Y me quedé.

Me quedé como un ciudadano más del departamento del Chocó, aplicando lo que sabía de informática y ahora en el área de comunicaciones. Somos Pacífico surge en un diálogo con mi mamá. Ella está muy pendiente de los canales tradicionales y me decía: “Pasó tal cosa, pasó tal otra”. Entonces, nos dimos cuenta de que no había quien informara lo positivo que pasaba en el Chocó, que todas las noticias que salían del territorio hacia el interior eran principalmente negativas. Se iba tejiendo esa narrativa sobre lo malo que pasaba aquí.

Obviamente, sí pasan cosas, pero no es lo predominante en el Chocó ni en el Pacífico y nosotros quisimos tener un medio independiente que contara una realidad de una manera diferente.

 

¿Qué diferencias encuentra usted en la manera en que los medios tradicionales cuentan el Pacífico y cómo lo cuentan las personas que viven allí?

Entendemos que un medio de comunicación nacional trabaja por una pauta publicitaria y, entre más personas conversen sobre lo que está pasando, mayor va a ser su beneficio. El medio tradicional ha identificado una línea de contenido que llama la atención de las personas, pero sí siento que podría ser diferente.

Ahora, gracias a las redes, hay un movimiento emergente de contenido y una narrativa diferente de los territorios. Antes ellos tenían la última palabra sobre lo que pasaba aquí, fuera cierto o no, pero se nos ha permitido contar y creer nuestras propias historias. Hay un antes y un después de las redes sociales, porque ahora las personas tienen una versión desde diferentes criterios y cada uno de los que narramos el Chocó y el Pacífico lo hacemos a nuestra manera.

Siento que al público le falta entender que hay historias diferentes aquí y no seguir sujetos únicamente a lo que digan los medios tradicionales.

Hay una dinámica que ha ido cambiando. Antes los corresponsales llegaban únicamente hasta Quibdó; ahora ya se ha hecho cotidiano que, por ejemplo, en los concursos de peinados afro tengamos acompañamiento de medios tradicionales y se haga una nota desde los conceptos de memoria, conservación y tradición afro. Son espacios que se han ido ganando con mucho esfuerzo, no solamente por los corresponsales, sino también por las administraciones, tanto la Gobernación como las alcaldías, porque invitar a un corresponsal tiene unos costos y no siempre están dispuestas a asumirlos.

Ahora siento que las administraciones han ido teniendo esa conciencia de que los medios independientes requieren esos recursos para moverse en el territorio. Con eventos particulares, como la Jotatón, también se ha llamado mucho a los medios nacionales.

Gracias a las redes se nos ha permitido empezar a hacer eco de las realidades de aquí. También siento que hay una facilidad del chocoano, porque aquí somos muy orales, para contar y reflejar lo que ocurre. Al principio había recelo en cuanto a permitir grabar o hacer registros, pero se ha ido generando confianza y las personas están más abiertas a contar historias. Y si eso ha pasado en 10 años, no me imagino en 5 años; ya cada uno estará quizá creando su propio contenido, como ya está pasando.

 

¿Qué aspectos de la realidad que se vive en el Pacífico nunca se llegan a contar?

Hay una historia de alegría constante del pueblo chocoano. Incluso en medio de la tragedia, el pueblo chocoano logra sacar lo mejor de sí en alegría, actitud y resiliencia. Hay familias en situación de desplazamiento, desnutrición o con dificultades de acceso a medios básicos de vida y las personas no pierden su alegría. Yo siento que ese sentido de amor por la vida y de alegría es uno de los puntos que más destacaría.

En segundo lugar, está la parte cultural, porque la cultura del Chocó y el Pacífico es muy rica en aromas, sonidos, sabores y colores. Nosotros hemos identificado líneas de visibilización de esas cosas positivas: la danza, el canto, los ritos mortuorios, el vestuario y la gastronomía. Son cosas que vale la pena contar porque para quienes habitamos aquí son una constante.

Para comer rico no necesitas una fecha especial, se come rico. En la mayoría de las casas, las mamitas proveen a sus hijos lo mejor que pueden. Cuando se trata del vestuario, tampoco se necesita una fecha especial para que las familias estén presentadas de una manera bella. Todos estos estilos afro que a veces uno ve en televisión, aquí son una realidad constante.

También está la Jotatón, en San José de Tadó, donde vienen grupos de diferentes lugares a bailar jota chocoana. En el último encuentro hubo más de 100 grupos y participan desde niños de 4 o 5 años hasta personas de avanzada edad.

También están las fiestas de San Pacho, en Quibdó, que este año, a causa del terremoto, tuvieron únicamente un enfoque religioso. En Istmina está la fiesta de Mercedes, con el festival de peinados afro, que permite la transferencia de conocimiento y la conservación de la memoria ancestral, y las balsadas, un desfile por el río San Juan donde cada barrio decora una balsa según el tema del año.

Lo que buscamos es mostrar la otra parte, lo que los otros no quieren contar. Son historias que valen la pena contar.

A propósito del terremoto, ¿cómo se está viviendo actualmente esa situación?

Bueno, yo comienzo por decirte que en estos 10 años he tenido la oportunidad de cubrir muchas circunstancias adversas, entre ellas las inundaciones, los derrumbes en las vías y los incendios, que son cosas que uno aprende a manejar. Pero el temblor se percibe de manera diferente porque las repercusiones están latentes en la población.

El temblor causó daños materiales y descontroló todo. Incluso acá en la casa hay unas grietas en las paredes que aparecieron como ocho días después. También están las repercusiones alimentarias, porque llegan las ayudas, pero el hambre nunca se acaba. Las personas que se quedaron sin dónde vivir necesitan recuperar su bienestar.

El temblor tiene más que ver con las secuelas que no nos ha dejado otro desastre ambiental y nadie estaba preparado. En este momento se siente todavía que estamos improvisando: nosotros como medio de comunicación, las administraciones municipales, la Gobernación y las iglesias que tratan de colaborar. Todo el mundo está improvisando porque no hay un plan de acción definitivo.

Las organizaciones han concentrado las ayudas en los cascos urbanos y las zonas rurales quedan más relegadas por las dificultades y los costos de transporte. Cada casa tiene una necesidad diferente: a unas se les cayeron muros, a otras se les agrietaron y a otras se les cayó el tanque elevado. Esta diversidad de afectaciones hace que el campo de acción sea muy complejo.

Ya se terminó la fase de emergencia alimentaria y ahora estamos en la fase de reconstrucción. Las primeras dos o tres semanas hubo mucha ayuda humanitaria y se sintió la solidaridad del país entero. Nosotros entregamos aproximadamente 120 o 150 mercados y también hemos entregado ropa y ladrillos.

La situación de los hospitales y de la atención médica es dramática, porque ya existían dificultades antes del terremoto y ahora todas esas falencias se han multiplicado. La situación de salud mental también requiere atención urgente y las instituciones educativas están estableciendo procesos de acompañamiento para los niños.

También está el problema del suministro de energía. No es solamente por el terremoto, sino que es un problema estructural del Chocó. La energía es pésima, las tarifas siguen aumentando y durante las primeras semanas del terremoto tuvimos cortes de varios días. También el internet es prácticamente un lujo y los costos de comunicación son altos.

En medio de estos recorridos también encontramos otras poblaciones vulnerables, como animales rescatados y mamitas cabeza de familia que tienen niños en situación de discapacidad. Son personas que necesitan acompañamiento y cuya situación no depende de que haya o no una emergencia.

¿Cómo ha cambiado Somos Pacífico a lo largo de esta trayectoria?

Lo primero fue esa transición de ser un pasatiempo para convertirse en un trabajo y en un negocio. Después de iniciar la producción de contenido propio, nos capacitamos y ahora hacemos video y fotografía de una manera más profesional. Los primeros tres años trabajamos prácticamente gratis para la Iglesia y los sacerdotes. Alternábamos el trabajo de informática, como mantenimiento de computadores, con la parte de comunicaciones. Poco a poco empezamos a hacer contenido para las alcaldías y eso fue clave para hacer sostenible nuestro trabajo.

También fue importante entender la misión de Somos Pacífico. Primero no sabíamos exactamente qué hacer como medio de comunicación, si era una página, pero luego se fue convirtiendo en un medio de comunicación alternativo con enfoque étnico, ambiental y de memoria.

Hoy somos fuente de información para otros medios y también somos fuente de imágenes y contenido. Pasamos de hacer videos a generar productos como reportajes.

Otra cosa importante ha sido la formación en manejo del conflicto, derechos humanos, defensa de derechos y manejo de las emociones. Pasamos de un pasatiempo a un medio de comunicación reconocido y una de las capitales más valiosas que tenemos es la credibilidad. Esa confianza se ha convertido también en acciones. Hemos recibido ayudas de personas que confían en nosotros para hacer entregas directamente en el territorio. Para nosotros, ese voto de confianza es quizá lo más valioso que ha logrado Somos Pacífico y también es una gran responsabilidad.

 

¿Qué mensaje le gustaría darle a Colombia sobre el Pacífico?

Yo siempre digo: un pueblo lleno de esperanza. Quisiera que nos ayuden a replicar ese mensaje.

Somos un pueblo lleno de esperanza y necesitamos que el mundo lo sepa. A veces hablamos de resiliencia, pero la resiliencia surge en medio de circunstancias poco favorables y quisiéramos no tener que vivirlas.

Si estamos hablando de una nueva narrativa, hablamos de esperanza. Siento que los rostros de las personas están llenos de esperanza. Es muy raro, en medio de estas circunstancias, pero su esencia es alegría.

Eso sintetiza un poquito lo que hacemos: una simple idea pequeñita se transformó en algo sostenible en el tiempo. Es una esperanza.

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