"Entrego una facultad chévere": Alberto Saldarriaga

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"Entrego una facultad chévere": Alberto Saldarriaga
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Lunes, Agosto 5, 2019
Fotografía: Alejandra Zapata - Oficina de Comunicación Utadeo

Alberto Saldarriaga Roa, reconocido arquitecto, fotógrafo y un académico apasionado, le dice adiós a la decanatura de Artes y Diseño de Utadeo, que estuvo a su cargo durante los últimos 13 años. Alejado ya de las labores administrativas se prepara para retomar, muy a su aire, la vida académica. Tiene en su haber un bien ganado reconocimiento profesional, que se ve reflejado en los premios nacionales e internacionales obtenidos por diseños diseños arquitectónicos entre los que se destacan el del Hotel y Centro de Convenciones de Paipa (Boyacá) y el edificio Eucaliptos en Bogotá, que creó junto a Dicken Castro.

En entrevista, el saliente Decano se refiere a su recorrido por la Tadeo, a sus logros, a las cosas que extrañará y a lo que viene para él. "Entrego una facultad chévere -dice-. Ha sido y será así, porque todo lo que se trabaja aquí tiene que ver con lo creativo… Y lo creativo es fantástico".

¿Cómo empezó su historia con Utadeo?

Después de retirarme de la Nacional, el 31 de enero del 2006, anduve feliz y jubilado hasta julio de ese año, cuando recibí una llamada del hoy consejero Evaristo Obregón; él me dijo que José Fernando Isaza, rector de la Tadeo, me ofrecía el cargo de decano de la Facultad de Ciencias Humanas, Artes y Diseño, y me citó a un encuentro con él en la Rectoría. Siempre había querido trabajar con Isaza, que fue candidato a rector de la Nacional y a quien he admirado mucho toda la vida.

Y aceptó por esa admiración a José Fernando Isaza…

… Y por el detalle de Evaristo Obregón. Claro, tuve mis dudas porque nunca había querido ocupar un cargo de decano, pero me convencieron, ‘me persuadieron’. Recibí una facultad con 5.500 estudiantes a la que llamaban la ‘Tractomula’. En agosto del 2006 empezamos a generar una estructura para la facultad, porque eso era una colección. Para diciembre ya teníamos una que se parece mucho a la actual: contábamos con las áreas de Hábitat, Imagen, Objeto en la Cultura Material, Comunicación y Humanidades; con eso comenzamos a trabajar. Con esa estructura empezamos a trabajar en enero del 2007.

¿Qué logros destaca de esta facultad, desde el 2007, y de su recorrido por ella?

Del 2007 al 2012 trabajamos con el doctor Isaza, en ese momento se creó el tecnológico en Cine y TV y la carrera de Cine y TV, se cambió Arquitectura de Interiores por Arquitectura, se dio origen al evento de creación (que es bianual) y a la bienal de Artes y Diseño, comenzó el flujo de profesores extranjeros invitados, hicimos el convenio con el Instituto Europeo de Diseño, gracias a Jorge del Castillo y al doctor Bermúdez, que era el  vicerrector de Relaciones Internacionales. Eso fue lo primero que hicimos.

En enero del 2007 viajamos con Jorge a Milán a establecer las bases del convenio de doble titulación en Diseño Gráfico, en Publicidad y en Diseño Industrial, que últimamente se amplió a Diseño de Modas. Ha sido muy exitoso, porque ha viajado mucha gente.

En el 2012 llegó a la Rectoría Cecilia María Vélez, con la decisión de hacer un cambio estructural en la universidad; se creó la Facultad de Ciencias Sociales, a la que se llevaron nuestros programas de Humanidades y Comunicación, que arrastró a Cine y TV. Se creó el vínculo con Cartagena, gracias al cual tenemos Arquitectura, Diseño Gráfico, Publicidad y Comunicación en esa sede.

Tras reorganizarse la estructura de Artes y Diseño y la de Ciencias Sociales, nosotros quedamos focalizados en Artes y Diseño; a partir de entonces se crearon los programas de Diseño Interactivo, Diseño de Modas y Animación (el más reciente) y todas las maestrías. ¡Se creó un segundo piso! Quedó pendiente un doctorado, pero esa es una tarea para mi sucesor, y seguimos con mucha actividad de investigación-creación y publicaciones.

La Facultad también estrenó edificio

Cuando ingresé sabía que existía la idea de construirlo; cuando llegó la Rectora, eso hay que reconocérselo, dijo ‘vamos a adelantar el edificio de Artes’. El concurso para hacerlo se lo había ganado la firma de Ricardo La Rotta, que desarrolló el concepto, muy interesante, ¡Y ahí tenemos edificio! Mi participación consistió en aprobar el proyecto general.

Compártanos un par de recuerdos bonitos de su paso por la Tadeo

Eso sí es difícil, porque hay muchos. Uno de ellos es, justamente, las inauguraciones del edificio de Artes; la primera fue de noche, pública y asistieron más de mil personas. Divertidísimo. Un momento memorable. Luego vino la inauguración formal con la Ministra de Educación y todo ese sector, con concierto de la Filarmónica; muy bonito. A eso debo sumar los recuerdos que tengo de los Talleres de Verano de Cartagena y el vínculo con esa sede, todos estupendos, y el premio Vida y Obra que me otorgó la Tadeo en el 2014, y que fue el primer galardón de su tipo. Eso fue de lo más emocionante, de lo más lindo del mundo. Dejaría esos tres.
Alberto Saldarriaga también es fotógrafo.

¿Cómo se enamoró de la fotografía?

De pelado tuve una cámara Kodak de plástico que me regalaron, y a ella le hice un homenaje en un libro que escribí; después tuve una Reflex de negativo cuadrado, que era más poderosa, y luego, ya terminando Arquitectura, entré a la especialización de vivienda y planeamiento administrativo, que duraba un año, y en la mitad del camino conocí a unos gringos muy interesantes y simpáticos con quienes armamos grupo junto a unas amigas brasileñas; uno de los gringos se devolvió a su país y me vendió su cámara Pentax. Cuando la agarré quedé matriculado. En el 70 me fui a estudiar a Estados Unidos con una beca de AID y allá llegué armado con mi Pentax; comencé a hacer diapositivas. Cuando regresé me encarrilé en temas de investigación y trabajo de campo; para entonces ya andaba con dos cámaras a blanco y negro y color. Hoy tengo una colección de más o menos 35.000 diapositivas a color, en un archivo, y no he contados los negativos en blanco y negro: ¡Son un jurgo! Todo está clasificado.

Es decir, tiene su archivo completo…

Pues le cuento que van a reeditar un libro mío que hice con Villegas en la Nacional, que se llama Arquitectura como experiencia. Lo publicaron hacia el 2000 y fue un éxito. Es mi favorito. Pero cuando fueron a organizar la impresión se dieron cuenta de que los archivos de imagen de ese libro no existían, así que me tocó reconstruirlos. Estoy en esas, son como 70 fotografías. Miro la imagen, voy a mi archivo, busco la original y la escaneo. Ha sido un trabajo divertidísimo.

¿Cuántos libros ha editado?

Voy como en 54.

¿Cómo fue ese paso a tomar fotos con cámaras digitales?

En el 2005 o 2006, compré mi primera digital, chiquita. Tenía más control de la fotografía cuando la manejaba análoga. Sabía que tenía que coordinar diafragma, tiempo, sensibilidad, que podía manipular un poco eso, moviendo aquí, sobreexponiendo. Era el dueño del paseo. Con la digital se puede hacer algo parecido, pero ya el automático lo ‘tara’ a uno. Con todo y eso la colección de digital es gigante. Y hay buenas fotos. Precisamente uno de los trabajos que emprendo ahora, cuando me retire, es revisar esos archivos.

¿Cuál es su proyecto de arquitectura más amado?

El hotel de Paipa, el hotel y centro de convenciones El Estelar; ese es el más amado; primero, porque lo trabajamos con Dicken Castro y con Alberto Iván Correa, y creo que es un hotel estupendo. Allá se reunió el Consejo Directivo en el 2008.

¿Qué mensaje les deja a los estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño?

¿Sabe? No soy bueno para dar mensajes. De hecho, soy malísimo… ¡Que estudien, vagos! (risas).

¿Qué espera que suceda con esta facultad?

Bueno, se necesitaría contratar una bola de cristal con póliza de garantía para eso... Pueden suceder cambios interesantes, pero las universidades dependen mucho de las políticas públicas y de factores externos. Las privadas más que las públicas. Las públicas tienen estructuras mucho más estables, las privadas están sujetas a las leyes del mercado y tiene que estar muy atentas a todos esos flujos. Siempre he pensado que si esta facultad hubiera sido una escuela, el modelo de la facultad hubiera sido el de una escuela libre; aquí está Taller 5, LaSalle College, que eran libres y ahora se están formalizando; pues conocí muchas escuelas de este tipo en Estados Unidos, incluso en Europa, que tiene unas dinámicas internas muy ágiles.

Es decir, no formal como las tenemos acá...

Formal, en el contexto general, sí. Pero adentro hay mucha posibilidad de movilidad. En Colombia se ha intentado, pero las estructuras educativas son en general muy rígidas, hay demasiada intervención.

¿Cómo definiría el ser tadeísta? ¿Qué se lleva de todos estos muchachos que han salido de aquí con ese sello?

Entré a esta universidad sin ser tadeísta y aquí me convirtieron en tadeísta. Me bautizaron. No soy muy amigo de esas caracterizaciones, pero la Tadeo, como universidad, destaca en creatividad. Ese sello sí está en todos los egresados de esta facultad.

¿Se va a desvincular de la academia?

¡Nooo! He estado desvinculado de la academia en este cargo, porque la mayor parte del trabajo es administrativo. Ahora es cuando retorno a la academia. Tengo el doctorado en Arquitectura, Arte y Diseño de la Nacional, que fue creación mía cuando salí; allá también tengo un proyecto de doctorado para dirigir. Tengo una invitación a Uruguay de la universidad La República. En fin… voy a volver.

¿Qué le gusta de esta universidad, qué se lleva?

Poco o nada voy a extrañar de la parte administrativa. Lo que me ha parecido buenísimo es la relación con los directores, los eventos que hemos organizado como la exposición de Beatriz González (“Desplazamientos”) en el Museo de Artes Visuales de la Universidad, y que es producto de esta facultad. También los eventos, los invitados internacionales.

En una palabra, ¿qué tipo de facultad entrega?

Entrego una facultad chévere (risas). Ha sido y será así, porque todo lo que se trabaja aquí tiene que ver con lo creativo… Y lo creativo es fantástico.

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 2613 del 14 de agosto de 1959 Minjusticia.

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