Ser pilo

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Lunes 26 de Enero 2015
Tomado de http://palabraenaccion.org/inicio/la-vida-inteligente/

La virtud de la política “Ser pilo paga”, como su lema informa, es que las personas que trabajan duro y son talentosas son recompensadas, en una sociedad donde impera el principio contrario: las ventajas se heredan y los menos capaces manejan las instituciones.

Para las universidades privadas costosas, la política contribuye a que los cupos disponibles sean ocupados por los mejores estudiantes y no sólo por los más ricos, lo cual subirá aun más el nivel académico con el que cuentan. Este surge de contratar profesores por concurso, con habilidades investigativas demostradas y contar con una administración profesional.

Otra ventaja es que es que limita la segregación social que impera en las universidades de élite y que será aprovechado por sus estudiantes más sensibles. De esta manera, sus egresados entenderán mejor la sociedad en la que laboran, serán más abiertos frente al mundo que los rodea y reproducirán el principio de mérito en donde se encuentren. Para los estudiantes de menores recursos es una oportunidad para acceder a la universidad que escojan, pública o privada, con unos fondos mínimos para su manutención durante toda la carrera.

Es evidente que el programa es insuficiente frente a la mayoría de la población en esa edad que sigue sometida a una educación de baja calidad en los colegios a que acceden, y que persiste cuando logran ingresar a malas universidades privadas y públicas.

La crítica de que ese dinero sería mejor empleado si se invierte en las universidades públicas no tiene en cuenta que están bastante politizadas y que no se rigen por rigurosos criterios para contratar a sus profesores y administradores. Incluso en la Universidad Nacional, uno encuentra decanos que tienen hojas de vida mediocres, que son más políticos que académicos, y que conducen las actividades de manera poco racional. Los costos son del orden de $25 millones por estudiante, que no está lejos de la matrícula de la universidad privada más cotizada, mientras que los profesores están empoderados y hagan lo que hagan no pueden ser removidos.

En los casos de universidades públicas de provincia, la situación es más grave pues se trata de la captura de sus presupuestos por los políticos tradicionales, cuando no de los paramilitares, y eso impide que accedan a ella los profesores mejor preparados y que sean administradas a las patadas.

Se trata también de un mensaje claro para las universidades públicas: el 85% de los estudiantes optó por una institución privada. Aunque sus rectores argumentan que ellos no cuentan con presupuestos de publicidad y, por lo tanto, se encuentran en desventaja, lo cierto es que los frecuentes desordenes, el desgreño administrativo, el derrumbe de sus edificaciones y las pobres opciones con que cuentan sus egresados en los mercados de trabajo han contribuido a esa percepción desfavorable. Probablemente, sus administradores no vieron con simpatía el programa ni le hicieron campo a los estudiantes que clasificaban por medio de las pruebas Saber. Por ejemplo, la Nacional tiene su propio examen de admisión por el que cobra una suma no despreciable y no reconoce al del Icfes.

Bien harían las universidades públicas de mirarse autocríticamente y reparar las fallas de incentivos que las hacen menos productivas de lo que podrían ser.

Salomón Kalmanovitz | Elespectador.com

Donde fue publicado: 
El Espectador