Hace un mes la junta directiva del Banco de la República aumentó su tasa de interés 0.5% para llevarla al 5.25%, ante una inflación al alza y un déficit externo que se agudiza.
La llamé una ducha fría porque el mercado no se la esperaba. El ministro de Hacienda parece que no estuvo de acuerdo con la medida y por eso la junta se prolongó más de 10 horas.
El ministro fue secundado por el presidente Santos quien declaró lo siguiente el 5 de noviembre: “La administración coordinada de la política monetaria hay que defenderla. Por ejemplo, me pareció exagerado, y así se lo dije al ministro de Hacienda, el aumento de 50 puntos básicos y no de 25, que debió ser pausado para no correr riesgos de pegarle un frenazo a la economía. Pero esa decisión se respeta y por eso hemos alcanzado logros tan importantes como contar con una de las más bajas tasas de inflación de América Latina”.
En países donde se respeta de verdad la independencia del banco central, los ministros no participan en sus directorios ni los presidentes presionan sobre las decisiones que allí se toman. Esta vez Santos criticó públicamente a la junta, lo que dejó en claro que la política invadió el ámbito técnico; eso abre interrogantes muy serios sobre si en un futuro se le exijirá al banco central que haga lo que necesita el Ejecutivo y no lo que demanda la economía.
Para esta junta, el mercado estaba esperando otra elevación de la tasa de referencia del Banco de la República de 50 puntos básicos, pero se encontró con que la amenaza presidencial surtió efecto y sólo se aumentó en 25 a 5.5%, todavía a un nivel inferior a la inflación de 5.9% en octubre. Para decirlo claramente: el presidente decidió socavar la credibilidad de la junta al intervenir en el ámbito de sus decisiones; esa confianza se ha ganado paulatinamente, siendo crucial para que las expectativas de inflación converjan hacia la meta que el Emisor se plantea cumplir.
En la última junta, la coyuntura se presentó similar a la de hace un mes con la inflación aumentando, la economía creciendo de manera aceptable, una mayor certeza de que se normalizará la política monetaria de la Reserva Federal en diciembre, pero con un dato preocupante: el déficit comercial seguía disparado con US$ 11.303 millones entre enero y septiembre de 2015.
La economía debe ajustarse a una capacidad de importar que se ha reducido en más de un 40% y aunque cuenta con un colchón que son las reservas internacionales (US$46.000 millones) y alguna capacidad de endeudamiento externo adicional, lo cierto es que ya debería estar en una senda de reducción fuerte de las importaciones, o sea necesita del “frenazo” que no le gusta a Santos.
El comunicado de la junta dice así: “las expectativas de inflación han aumentado y el riesgo de una desaceleración de la demanda interna, más allá de lo coherente con la caída registrada del ingreso nacional, se ha moderado. Con el fin de asegurar la convergencia de la inflación a la meta de 3% decidió aumentar en 25 puntos básicos la tasa de interés de referencia, continuando así la fase de endurecimiento de la política monetaria iniciado en septiembre pasado”.
Ahora sólo falta que el Gobierno le exija al Banco de la República que contribuya a financiar su déficit fiscal con tanta obra pública que anuncia alegremente por doquier.
Salomón Kalmanovitz | Elespectador.com


